PLASENCIA / Esplendor barroco con Miriam Hontana y Daniel Oyarzabal

Plasencia. Catedral de Santa María. 2-II-2026. IV Festival Atrium Musicae. Miriam Hontana (violín), Daniel Oyarzabal (órgano). Obras de Bach y Vivaldi.
Si el inicio del IV Festival Atrium Musicae tuvo lugar en Coria con el concierto de órgano a cargo de Benjamin Alard, la clausura de este intenso festival nos devolvió al Camino de La Plata con parada final en Plasencia, también con órgano (el que se instaló en 1919 y fue restaurado por José Antonio Azpeitia en 2023) y con el añadido del violín para unir dos generaciones de maestros: el consagrado Daniel Oyarzabal y la joven Miriam Hontana en un programa con música de dos de los grandes de la primera mitad del siglo XVIII: Bach y Vivaldi. Este dúo ya actuó en Madrid en el Bach Vermut allá por noviembre de 2023, además de formar el conjunto OBNI (Objeto Barroco No Identificado) que participó en el FIAS de 2022.
La amplia reverberación catedralicia no ayudó demasiado a disfrutar en todo su esplendor de un órgano algo desafinado y con “gemidos”, en parte por la climatología y el poco uso de un instrumento que necesita respirar para vivir y mantenerse en forma, pero la calidad y buen oficio del dúo nos hicieron disfrutar de un repertorio que se organizó a pares entre el “Kantor” y el “Prete Rosso”, emparentando obras de cámara y piezas solistas, alternando transcripciones y conciertos que muestran la fecunda relación entre ambos compositores.
Se abrió la fría tarde invernal con el Preludio BWV 568 impetuoso y potente, aunque necesitado de más presencia en el pedalero, para proseguir con el arreglo, hecho por el propio Bach, sobre el Concierto para dos violines RV 522 del italiano, tres movimientos variados en registros, graves en el Allegro inicial, agudos para el Adagio central y plenos para el Allegro final.

Después, el órgano paso a convertirse en el continuo de la Sonata BWV 1023 para que Miriam Hontana arrancase con una cadenza que cortó la respiración antes del Adagio ma non tanto, la Allemande y la Gigue, siempre en primer plano gracias a una sabia elección de registros en el órgano de balances bien equilibrados. En cambio, con la vivaldiana Sonata en Re menor, RV 12, tras un Adagio inicial preciso y sentido, la reverberación empañó los tres movimientos siguientes, con sonidos algo confusos que mezclaban los registros del órgano y la sonoridad propia de un violín que en el Presto voló sin poder desplegar toda la belleza de esta sonata.
El siguiente bloque emparejaba la Fuga en Sol menor para violín y continuo BWV 1026, que padeció la mala acústica pese a la tímbrica de un violín de graves redondos y agudos limpios, bien arropados por los registros del órgano, con el célebre “Invierno” de Las Cuatro Estaciones, más equilibrado, con tiempos más ligeros (obviando el Molto). Virtuosa Miriam Hontana y certero Daniel Oyarzabal con unos excelentes registros orquestales, oportunos silencios y una articulación que esta vez sí ayudaron a extraer una mayor limpieza tímbrica para poder apreciar mucho mejor la personal ejecución de la violinista, con frescura e ímpetu.
No hay mejor forma de finalizar un concierto de órgano que incluir alguna obra de J.S. Bach. Oyarzabal, primero en solitario, bordó el coral In dir int Freude, BWV 615, del “Libro de órgano”, nuevamente pletórico de sonoridades gracias a una mayor presencia del pedalero. Inmediatamente después, Miriam Montana bajó hasta el crucero catedralicio para interpretar en solitario la monumental Ciaccona para violín solo de la Partita nº 2 en re menor, BWV 1004, plena de intensidad emocional, sensibilidad y fraseos muy personales, gracias a un dominio técnico asombroso y un sonido que, esta vez, sí funcionó, repartiéndose acústicamente por todo el templo. Fue un regalo para el público que abarrotó la Catedral de Santa María.
Aún quedaba una propina vivaldiana, el Largo del Concierto para violín en Si menor, RV 389; con Oyarzabal arriba en el órgano y Hontana abajo en el crucero en esta clausura esplendorosa de esta cuarta edición de Atrium Musicae, que se ha saldado con un gran éxito de público en todas sus citas, incluso en las que han tenido lugar fuera de la capital. Esperamos ya con impaciencia la nueva edición de 2027 (del 27 de enero al 1 de febrero), que a buen seguro seguirá creciendo como la propia Fundación Atrio de Cáceres, fiel a su eslogan “Sonidos que construyen legados, donaciones que transforman”.
Pablo Siana
(fotos: Sandra Polo)


