‘Pelléas et Mélisande’, tradiciones

‘Pelléas et Mélisande’, tradiciones

Decíamos que hace mucho tiempo, tal vez más de tres décadas, que no se graban nuevas lecturas de Pelléas et Mélisande en formato audio.

En los últimos treinta años han aparecido algunas ‘novedades’ en audio, sí, pero eran archivos ocultos o solo bien conservados, como las tomas de los conciertos, creo que anuales de Inghelbrecht, interpretadas sin puesta en escena. Claro, eran registros antiguos que los años 50 del siglo XX, debidos a uno de los sacerdotes de la causa de Debussy, que estaba allí cuando se empezó a crear el canon, el mito y el misterio. El misterio es el de Mélisande, se ha repetido a menudo. Recordemos las observaciones (prefiero llamarlas así, tan solo) sobre los registros de Karajan, Dutoit, Abbado. Solo que parecía incontestable que la lectura por excelencia era aquella que registró Dersormière (uno de los últimos hallazgos de Diaghilev, años antes) durante la Ocupación. Hasta que, entre ambas, llegó Boulez y cambió el icono de la bruma misteriosa por el de (digamos, y pedimos disculpas) un enigma del que no renegaría la esfinge, pero que marearía al adivino Tiresias, porque el enigma es lo contrario del misterio; en el misterio cabe iniciarse, mientras que el enigma plantea una elección que no solo lleva al acierto o al error, sino al conocerse del sujeto, y el sujeto eres tú.

Ahora bien, Materlinck trató de reventar muy pronto al misterio mediante su obra Ariadne et Barbe Bleue, texto ‘con mensaje (el mensaje es lo contrario del misterio, al menos en arte, en cualquier arte), con tesis sobre la libertad y esas cosas que más vale tratar sin arrière-pensées, esos que atormentaban a Materlinck cuando compuso aquel libreto para Dukas. Mas, ay, la excelente música de Dukas y el texto lleno de obviedades y disfraces líricos no han conseguido imponerse; se le recuerda a veces, porque los franceses tenemos esa obligación, pero qué quieres…

Así que ahí quedan: el misterio, de Desormières en adelante; el enigma, pongamos que desde Boulez. Hasta que se amontonan los audiovisuales y nos explican tanto el enigma como el misterio… pero eso lo dejamos para ahora mismo, un párrafo más abajo.

En medio, esto es, antes de Abbado y los otros tenemos a Cluytens, a Ansermet (varias veces), a Vittorio Gui, a Baudo, qué sé yo. Y nos atenemos solo a la batuta: acepto mi culpa por no evocar aquí nombres como el de Camille Maurane, que aparece en al menos diez referencias de los tiempos de oro. Y como él, otros muchos, en especial para los tres papeles que son presa del misterio.

Hasta aquí, el canon. Aunque se creara antes: de Désormières en adelante, hasta esos tres registros excelentes –Karajan, Dutoit, Abbado–, que compitieron entre sí, a veces por tal o cual solista, esas cosas- que, según creíamos en tiempos del soporte CD como fórmula imbatible, antes o después tendrían respuestas y desafíos también en audio. Pero, no. Lo que sucedió fue otra cosa.