PARMA / Comprender la dramaturgia vocal para saber cantar Verdi

Parma. Teatro Regio. 21-X-2026. Verdi Festival 2026. Concierto de gala de la Academia Verdiana. Obras de Verdi y Rossini. Alumnos de la Academia Verdiana. Pianistas: Francesco Izzo y Claudia Zucconi.
Proyecto ya consolidado, de alta formación, alejado de los concursos que proliferan por todo el mundo. Esto crea además comunidad entre los participantes, un entorno de crecimiento y creación tan necesario para el arte, lejos de un mundo competitivo donde prime la rivalidad. Y en el centro Verdi, que no deja de ser el centro en el que se me mira la dramaturgia operística.
No se trata tanto de desarrollar las voces, obsesión lógica de los cantantes jóvenes, sino de comprender y construir dramaturgia con las voces. Saber cómo cantar para interpretar. De hecho, los resultados son muy interesantes, buscando en cada voz –de características muy diferentes– maneras de cantar expresando el texto (las palabras) y el contexto (la situación dramática). Se descubre que el estilo verdiano no está dentro de la tradición de las grandes voces, sino en la propia dramaturgia de las obras, partiendo del texto y de las numerosas indicaciones en la partitura.
Un Verdi que no solo mira a sí mismo, sino a la tradición anterior, que parte de Rossini. Como bien señala Francesco Izzo, director de la Accademia, “para comprender realmente a fondo el canto verdiano y afrontarlo con competencia técnica y estilística se necesita partir de sus raíces, es decir del belcanto de la primera mitad del Ochocientos”. De ahí que, entre las piezas interpretadas, se incluyeran algunas de Rossini, como la cavatina ‘Cruda sorte’ de L’italiana in Algeri, que defendió con brillantez Weiyi Lu, la única mezzo de la noche, una voz de color oscuro y excelente registro grave, más cercana al contralto como cada vez se encuentra menos entre su cuerda.
Trece han sido los alumnos que han participado en este año y que tenían la oportunidad de ofrecer sus resultados en esta gala final, tras casi mil horas de formación de práctica supervisada y clases magistrales en el Teatro Regio de Parma. Como es habitual predominan las sopranos, seis en total, entre las que se vio lo mejor de la noche. Voces jóvenes con volumen, color y personalidad estilística, dentro de lo que genéricamente llamamos lírico-spinto. Excelente Fabiola Amatore que ofreció una gran lectura de ‘Pace, pace mio Dio’ de La forza, con intensidad, carácter y hermosos cambios de color.
Otra página de excepción fue ‘Toi qui sus le néant’ de Don Carlos (el aria de la reina al inicio del último acto, más conocida en su versión italiana ‘Tu che le vanità’) que Sara Volpato interpretó con poderío, manejando con madurez los contrastes desde la media voz a las violentas invocaciones de rabia. Igualmente, sorprendió el resultado de la escena final del primer acto de La traviata (‘È strano!… Ah forse è lui… Sempre libera’), una de las grandes páginas del repertorio, que cantó Irina Bogdanova afrontando los cambios de situación dramática con enorme calidad y expresividad. Son páginas de enorme dificultad, referentes en el repertorio, que lógicamente madurarán con el tiempo, pero que han sido construidas con esmero y dedicación a lo largo del curso.
Otro momento de gran interés fue la presencia de la española María Vidal, una soprano alicantina formada en la Escuela de Canto de Madrid y el Conservatorio de Florencia, que ofreció una magnífica lectura de ‘D’amor sull’ali rosee’ del acto final de Il trovatore. Con una gran presencia escénica, su voz llena de colores afrontó este aria, una de las más difíciles del repertorio verdiano, expresando el dolor del personaje con flexibilidad en el fraseo y un color oscuro. Supo trasmitirlo a un público que la aplaudió con ganas.
Entre las voces masculinas había tres tenores de características muy diferentes: desde el estilo a la antigua, afectado y exagerado, sobre una buena voz de potentes agudos del tenor Tommaso Nicolosi, hasta el cuidado canto lírico de Wang Yang, que supo manejar su voz corta apoyándose en el texto y el control del fraseo. Buen ejemplo, de la búsqueda del canto verdiano en las características de cada voz.
Uno de los mejores fue el barítono costarricense Alejandro Cardona, magnífica voz grande y redonda, de gran control lírico, que afrontó con solvencia la lectura de ‘Eri tu che macchiavi’, una aria del Verdi maduro llena de sutilezas. Los merecidos aplausos se repitieron con el dúo del acto final de Il trovatore, con Alejandro Cardona junto a la soprano María Vidal, donde ya no solo vimos canto y expresión vocal sino presencia dramática, llena de detalles como el tétrico registro grave de la soprano en el momento que bebe el veneno sobre las palabras ‘m’avrai ma fredda esanime spoglia’. Con tal excelencia interpretativa, nos quedamos con las ganas de escucharles la ópera completa, ya que cualquier teatro podría afrontar con solvencia cualquier representación de Il trovatore con cantantes como estos.
La gala estuvo amadrinada por la soprano Elenora Buratto, presente en Parma para participar en el Réquiem de Verdi que cerrará el festival, que apoyó a los jóvenes cantantes recordándoles sus inicios. Cantó la plegaria ‘Ave Maria’ de Desdémona, un aperitivo de lo que se podrá escuchar en la próxima inauguración de la temporada de la Scala. Suya fue la anécdota de la noche, al perderse y tener que reiniciar de nuevo la pieza. Una enseñanza para los cantantes de la Academia de que el canto operístico es siempre un camino de continuo aprendizaje y concentración. Al final, por encimas de las voces, que es la materia sobre la que se construye, está la interpretación.
Todos parecen haber asimilado bien la idea del fraseo flexible que es el que produce la expresión, evitando la práctica cada vez más asentada en la práctica teatral de controlar de forma regular la pulsación, algo que contradice las indicaciones de las partituras verdianas. Un Verdi que se comprende desde sus partituras en el escenario y no desde la mítica tradición vocal de las grabaciones.
Víctor Sánchez Sánchez
Foto: Roberto Ricci


