PAMPLONA / Orquesta Sinfónica de Navarra: la luz en la oscuridad

Pamplona. Auditorio Baluarte. 08-V-2025. Temporada 2024/25, Concierto 10: “Tiempos de guerra”. Camille Thomas, violonchelo. Orquesta Sinfónica de Navarra. Directora: Debora Waldman. Obras de Beethoven, Elgar y Sohy.
Beethoven, oscila en una intermitencia entre la luz y la sombra, la esperanza y el desaliento. Coriolano, obertura para una obra teatral de 1807, emana de una tragedia escrita 5 años antes por Heinrich Joseph von Collin. 200 años antes, fue Shakespeare quien recreó la misma historia, como lo hizo Plutarco en sus Vidas paralelas (en contraposición al ateniense Alcibíades), más de 1.400 años antes que el escritor inglés. 100 años antes que Plutarco, Dionisio de Halicarnaso o Tito Livio escribieron también sobre esta historia que formaba parte del imaginario. Quizás por sugestión, la interpretación que Debora Waldman defendió junto a la OSN tiene algo de Shakespeare, dando el protagonismo, mediante la música, al conflicto y al drama interno que explora la psicología del poder. Arrancó casi sin dar tiempo a que cesaran los aplausos iniciales. Entró, saludó brevemente, subió al podio y dio la entrada. La trágica heroicidad del orgulloso general Cayo Marcio Coriolano se transfiere a la composición: tonalidad de Do menor que incluye momentos mayores que inculcan cierta esperanza, puro Beethoven. Hay lucha interna, pero no entre los timbres de la orquesta, sino entre cada una, cada uno. Los medios con los que cuenta la OSN son escasos, pero eficientes. La cuerda, sólida, destacó en sus pasajes más técnicos, en la genialidad del compositor de convertir lo que podrían ser ejercicios y escalas de mero acompañamiento, en expresivas líneas principales.
Del modo menor de la Obertura al menor del Concierto para violonchelo de Elgar. Inevitablemente, Jacqueline du Pré, asociación inmediata. En Camille Thomas, destacó, por encima de la técnica, la melancolía, tomando de este término su acepción etimológica de bilis negra, dentro de la teoría de la medicina griega de los cuatro humores. La violonchelista franco-belga optó por un Elgar triste y contenido que invitaba a la reflexión profunda, a una introspección como a la que tuvo que enfrentarse el general romano. La especial devoción que confiesa por Chopin se deja notar en el tercer movimiento, ahí es donde es fuerte, donde mejor se desenvuelve. Thomas proyectó un sonido siempre medido y no excepcionalmente grande, bien arropada por una OSN que supo que no era una cuestión de volumen, sino de fragilidad y contemplación. De bis, El cant del ocells con Thomas bajo un foco y la OSN en penumbra: nada más idóneo para tiempos de guerra que Casals.

En la segunda parte, la Sinfonía en Do sostenido menor, op. 10 “Gran guerra” de Charlotte Sohy, transmitió a la audiencia su angustia y dolor, destrucción y desesperada frustración. Quizás se trate de su obra sinfónica más conocida, con profundidad emocional, y también tonalidad menor. El primer movimiento es un sufrimiento continuo, por parecer que llega a algún lugar sin hacerlo, ya que las líneas se dejan perder deliberadamente. Cuando una melodía alcanza el protagonismo, se ve superada por otra. El estilo corrobora algo ya sabido, y es que Shostakovich no surgió por generación espontánea. Hay más de romanticismo tardío que del impresionismo del contexto de su época. El espíritu de cambio que los compositores franceses emprendieron, es más palpable en el juego de timbres del segundo movimiento. En el tercero, se estira la cuerda de la tonalidad sin ruptura, no hay arcadia bélica.
Desde la tragedia romana hasta la angustia bélica del siglo XX, temas de triste vigencia. En todo el concierto, Waldman se reivindicó como una gran comunicadora, mostrándose clara en su gesto articulado. Ante el apagón social que supone la guerra, la interpretación orquestal, para la que, por cierto, no es necesaria la electricidad, se erige en expresión artística a proteger. Al final, es lo que queda cuando todo se apaga: emociones sin filtros, dudas sin respuestas, y una humanidad buscando, tal vez, su propia luz en la oscuridad.
Igor Saenz Abarzuza
(fotos: Miguel Oses)


