Pablo Valetti (Café Zimmermann)

Pablo Valetti (Café Zimmermann)

Café Zimmermann cumple ahora veinte años. Fundado por dos jóvenes que acababan de egresar de la Schola Cantorum Basiliensis, el violinista Pablo Valetti y la clavecinista Céline Frisch, el nombre del ensemble traslada, inmediata e inevitablemente, al Leipzig del siglo XVIII, a la cafetería de Herr Zimmermann donde Bach y Telemann estrenaron un puñado de sus mejores cantatas profanas y obras orquestales. Imbuido en buena medida de aquel espíritu lipsiense, el éxito ha sido compañero inseparable de este otro Café Zimmermann. Y lo ha sido desde el mismo instante de su fundación, pues fue precisamente a raíz de su primer concierto cuando surgió una estrecha colaboración con el sello discográfico Alpha (que también acababa de ser creado), algo que al fin y a la postre resultó fundamental en la trayectoria del grupo. Con Valetti, bonaerense de pura cepa, hemos repasado en esta charla estos dos decenios de andadura de Café Zimmermann.

Como decía en el tango Carlos Gardel, el bonaerense más universal —aunque no naciera en Buenos Aires—, “veinte años no es nada”. ¿Cómo surgió Café Zimmermann?

Tres de los integrantes que aún estamos en el grupo, Céline Frisch, Petr Skalka y yo mismo, éramos estudiantes en la Schola Cantorum Basiliensis, en la que siempre se ha hecho y se sigue haciendo mucha música de cámara. Habíamos dado ya muchos conciertos, dentro de las actividades escolares, y en un momento determinado Céline propuso crear un ensemble para continuar juntos una vez que abandonáramos la Schola. Pronto nos salieron un par de conciertos fuera de allí y así fue como realmente empezó nuestra andadura profesional.

El nombre del grupo ya era un anticipo de sus intenciones: música de cámara y, sobre todo, música de Bach.

En parte sí, pero en parte no. Me explico: Céline siempre ha estado muy ligada a la música de Bach. Ha grabado varios discos con música suya, ha sido un eje en su vida… Al poco tiempo de empezar, fuimos a tocar al Festival de Arques-la-Bataille, en Normadie, cuyo director era Jean-Paul Combet. Justo en ese momento, Jean-Paul estaba creando el sello discográfico Alpha. Nada más acabar el concierto, nos propuso grabar toda la música orquestal de Bach. Y ahí, con Bach, empezó todo.

Ese proyecto fue esencial para el despegue de Café Zimmerman.

Sí, sin duda. Además, todo sucedió muy rápido. Eran también los inicios de Alpha, sello que desde el primer momento causó un gran impacto en los amantes de la música antigua. Confluyeron varias circunstancias: Alpha ayudó al grupo, pero el grupo también ayudó a Alpha. Fue una sinergia muy positiva. (…)

(Comienzo de la entrevista publicada en el nº 354 de SCHERZO, de septiembre de 2019)

[Foto: Petr Skalka]