Pablo Heras-Casado: Consagración

Pablo Heras-Casado: Consagración

Da vértigo Pablo Heras-Casado. No por su modo de hablar, sereno y reflexivo, incluso entrañable, sino por la multitud de detalles, proyectos e ilusiones que fluyen por su testa rápida y al parecer inagotable. Habla de Stravinsky —cuya grabación de La consagración de la primavera con la Orquesta de París apareció hace poco en el mercado— con la misma pasión que al instante te cuenta su proyecto Monteverdi en la Ópera de Viena, su Ring wagneriano en el Teatro Real o las atrevidas grabaciones beethovenianas con la Orquesta Barroca de Friburgo. De todo ello conversa en esta entrevista distendida y trepidante a un tiempo, realizada entre vuelos, conciertos y ensayos en Friburgo, Stuttgart y Viena. También de sus sueños e ilusiones. A sus 43 años, es un director en plenitud y universal. “Estoy donde jamás soñé”, dice satisfecho.

 

Monteverdi en la Ópera de Viena, Wagner en el Teatro Real, Shostakovich en Valencia, Beethoven y Mendelssohn en Friburgo… Y su actividad discográfica y concertística es igual de activa y variada. Ahora, en una nueva vuelta de tuerca a su repertorio sin lindes, Stravinsky, nada menos que La consagración de la primavera, con la Orquesta de París, en un disco que incluye, además, la primera grabación mundial de Alhambra, el concierto para violín y orquesta que usted mismo, desde la dirección del Festival de Granada, comisionó a Péter Eötvös, y para cuya grabación ha contado con el concurso solista de Isabelle Faust… ¿Hay algo que no haría nunca?

Nunca haré un repertorio, una obra o un proyecto con el que no me sienta absolutamente identificado. Tampoco con un equipo humano o artístico con el que no esté plenamente a gusto. Si falla algún elemento, alguna de las patas que sustentan cualquier iniciativa, prefiero esperar hasta que todo confluya positivamente. Pero, en realidad, cualquier proyecto que tenga solidez, sea de la etapa histórica que sea, me interesa. Así lo he hecho desde el inicio de mi carrera. Aunque tengo que decirle que, a priori, no hay nada que no haría nunca. Pero sí es cierto que hay algunos repertorios en los que he tenido cierta experiencia y que para mí hoy no son ya prioritarios.

¿Puede concretar a qué se refiere, citar algunas de estas obras ‘aparcadas’? ¿L’elisir d’amore, por ejemplo, que hizo y grabó en el Festival de Baden-Baden en 2014?

Por ejemplo… Sí, obras sinfónicas y óperas que en su día hice a gusto, pero a las que ahora no volvería; algún cierto tipo de ópera belcantista, ciertas vertientes estéticas del siglo XX, que sí he dirigido en mi carrera, pero que ahora dejaría de lado, guardadas en un cajón, para volcar mi energía y mi tiempo en otros repertorios que me interesan mucho más. Lamentablemente, el tiempo es limitado y no se puede hacer todo. Hay que seleccionar. Tampoco alguna música minimalista que hice en su día, y con la que ahora no me aventuraría, y de la que excluyo a John Adams, un compositor que siempre me ha interesado y cuya música sigo haciendo con gran placer. Pero todo es relativo y si, dado el caso, se produjera una constelación de circunstancias favorables, ya sea por la orquesta, el reparto vocal o una producción escénica fantástica, en absoluto me importaría revisitar esos repertorios. Rossini, por ejemplo, que no he hecho nunca, me apetece mucho, como también la zarzuela, género que aún no he tenido ocasión de abordar, y lo estoy deseando. (…)

Justo Romero

 

[Foto: Jiyang Chen]

(Comienzo de la entrevista publicada en el nº 374 de SCHERZO, de junio de 2021)