Scherzo | CRÍTICAS / OVIEDO / Vázquez del Fresno estrena su ‘Dama del alba’, por Nuria Blanco Álvarez

OVIEDO / Vázquez del Fresno estrena su ‘Dama del alba’

OVIEDO / Vázquez del Fresno estrena su ‘Dama del alba’

Oviedo. Teatro Campoamor. 11-IX-2022. Vázquez del Fresno: La dama del alba. Mikel Uskola, David Lagares, Marina Pinchuk, Sandra Ferrández, Beatriz Díaz, Santiago Vidal, Carmen Solís, Juan Noval-Moro, Ruth González, Irene Gutiérrez y Gabriel Orrego. Coro Intermezzo. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Director musical: Rubén Díez. Director de escena: Emilio Sagi.

La temporada de ópera de Oviedo ha comenzado su 75ª edición con el estreno absoluto de la primera ópera de uno de los más prestigiosos compositores asturianos del presente, Luis Vázquez del Fresno, que cuenta en su haber con casi un centenar de obras, entre las que destacamos su magnífica Suite concertante para guitarra y orquesta op. 39. Se trata de una producción de la casa que incluye un buen ramillete de artistas del principado, incluidos el director de escena —el siempre exquisito Emilio Sagi— y el talentoso director musical Rubén Díez, que al frente de la OSPA desgranó una compleja partitura dejando momentos realmente admirables.

La dama del alba es una ópera que comenzó al escribir el propio Vázquez del Fresno el libreto, entre 1988 y 1990, basándose en la obra homónima del también asturiano Alejandro Casona, y que finalizó en 2007, pero que no ha dejado de revisar e ir puliendo desde entonces. La dificultad de la partitura no radica en afrontar alardes vocales ni instrumentales, sino en entretejer una suerte de línea melódica en una maraña pantonal, de tonalidades superpuestas, con momentos cercanos al Romanticismo, al Impresionismo e incluso a la música de Messiaen, donde pueden oírse además reminiscencias del folclore asturiano, sonidos grabados y momentos que recuerdan a una banda sonora de cine clásico estadounidense, como el precioso Interludio que ilustra el cambio del invierno al verano; no incomodaremos al maestro calificando a esta obra de ecléctica, término que detesta.

El trasfondo psicológico de la trama es, en realidad, el protagonista de esta obra ambientada en una aldea asturiana, donde todo es verde, aunque desde que la joven Angélica se ahogó en el río, nada ha vuelto a ser como antes. La muerte, personificada en una peregrina con un bordón —que no guadaña—, acecha constantemente advirtiendo que pronto se llevará con ella otra alma, la de Adela, que ha llegado a ocupar el corazón del joven viudo Martín.

Interesante la elección de las tesituras, siendo un contratenor el que da vida a la parca, una voz también fuera de este mundo, si bien la de Mikel Uskola resultó demasiado fina y nada homogénea al cambiar a su registro más grave. Beatriz Díaz, como Adela, brilló como siempre, mientras que se echó en falta un mayor volumen en Marina Pinchuk y Sandra Ferrández, como Telva y Madre, respectivamente. Extraordinaria la participación de los niños Irene Gutiérrez y Gabriel Orrego que, junto a la siempre acertada Ruth González, mostraron una voz cristalina, afinada, segura y de impecable dicción y empaste, deleitándonos en sus no pocas intervenciones. El Coro Intermezzo actuó a un gran nivel y solventes el resto del reparto.

Nuria Blanco Álvarez