OVIEDO / Un gran ‘Verbena de la Paloma’ triunfa en un Campoamor que colgó el cartel ‘no hay entradas’

Oviedo. Teatro Campoamor. 14-V-2026.César San Martín, Carmen Romeu, Amparo Navarro, Antonio Comas, María Zapata, Gurutze Beitia, Gerardo López, Rafa Castejón, Ana Goya, Críspulo Cabezas, Mutxel Santanmarina, Ricardo Reguera, Adrián Quiñones, Carlos Mesa, Albert Díaz. Dirección musical: Víctor Pablo Pérez. Dirección escénica: Nuria Castejón. Escenografía: Nicolás Boni. Iluminación: Albert Faura. Vestuario: Gabriela Salaverri. Bretón: La verbena de la Paloma.
La XXXIII temporada de esta Edición del Festival de Teatro Lírico español de Oviedo ha tenido una enorme respuesta de público, pero para La verbena de la Paloma la aplicación de venta de entradas del Ayuntamiento hacía semanas que no permitía comprar ¡ni una!, ni siquiera en la parte más alta o en el lateral con menos visibilidad, tal ha sido su éxito de convocatoria. El triunfo rotundo de la Verbena ya desde su nacimiento en febrero de 1894 continúa en la actualidad. Esta magnífica obra popular, en la que hay una perfecta unión del texto de Ricardo de la Vega y música del entonces reconocido músico Tomás Bretón—quien escribió esta zarzuela como obra menor, él, que se dedicaba a componer grandes obras y ópera nacional—, está llena de números deliciosos reconocibles aún por gran parte del público actual. Esperamos que las nuevas generaciones se vayan incorporando a esta memoria cultural colectiva que incluye las seguidillas de la “Virgen de la Paloma”, la habanera “¿Dónde vas con mantón de Manila?” o las coplas de Don Hilarión, un auténtico sugar daddy, como señala simpáticamente la instagramer @delfosoalfoco, en “Una morena y una rubia”.
Este famoso sainete lírico incorpora una introducción teatral cómica firmada por el premiado dramaturgo Álvaro Tato en que se homenajea al Teatro Apolo, considerado catedral del género chico, y que fue lugar de estreno de la propia Verbena. A través de unos diálogos chispeantes en un reparto coral en que se narra el cierre del teatro, este prólogo titulado Adiós, Apolo va homenajeando algunos números de zarzuelas que se interpretaron y estrenaron en ese templo del teatro lírico español, o bien son ejemplo imprescindible de este género. El Apolo tuvo que cerrar en 1929 y la acción se sitúa en ese año, con temas de aquella actualidad —y de la de hoy— como el feminismo. Al mismo tiempo, incorpora el debate sobre la necesidad —o no— de actualizar las obras para hacerlas “digeribles” al público “actual” (es decir, al de 1929 y al de hoy, en este juego metateatral planteado por Tato), precisamente a propósito de la representación de La verbena. En esta propuesta se partirá de la idea de que el público sabrá distinguir las peculiaridades culturales que le separan de tiempos pasados, y con esta justificación, la segunda parte, dedicada a la Verbena, permitirá que escuchemos los diálogos completos de una obra que suele siempre sufrir cortes en las partes habladas.
El Adiós, Apolo incorpora temas que abordan, como era común en el género, las novedades de la vida moderna, como el corte de pelo a lo garçon de El sobre verde (1927) de Jacinto Guerrero, o el tango-habanera sobre el cine para coro de José Serrano La gente seria (1907). También se incorporó la maravillosa “Polca japonesa” de una de las obras de mayor éxito de Quinito Valverde y Torregrosa, El pobre Valbuena (1904), además de otros números de Chueca y Valderde. Se interpretaron los primeros con acompañamiento de piano interpretados por la magnífica repertorista de la temporada María Cuevas, quien también tocó la soleá en la Verbena sobre el escenario.
Aunque se mantiene fiel al libreto original, la acción de la Verbena se traslada a un Madrid de los años veinte, recreado mediante la preciosa escenografía de un realismo idealizado diseñada por Nicolás Boni. Destacó especialmente el segundo cuadro, durante la interpretación de la soleá en el café, donde resultó especialmente logrado el efecto visual con el que el escenario “entra” en el propio café. Contribuyó a este efecto la estupenda interpretación de la cantaora Sara Salado y el cuerpo de baile.
La dirección escénica de actores, cantantes, bailarines y coro a lo largo del escenario fue magnífica, con una cuidada coordinación conseguida por el movimiento de todos los elementos y la agilidad del tempo escénico, que subrayaba la comicidad de ambas obras. La danza vertebra de principio a fin toda la propuesta, como no podía ser de otra forma dada la profesión originaria de la directora de escena Nuria Castejón. Su visión engrandeció la obra. Su dirección de escena y coreografías fueron espléndidas, y su concepción coreográfica evocó por momentos el dinamismo y la elegancia de los musicales estadounidenses del siglo pasado. En esta misma línea, resultó especialmente logrado el trabajo de movimientos de personajes como don Hilarión, perfectamente integrado en ese lenguaje escénico.
Fue un placer volver a contar en Oviedo con el director musical Víctor Pablo Pérez, quien, en contraste con la agilidad de la dramaturgia, optó por una Verbena de tempi reposados que funcionaron muy bien a lo largo de la representación. Tan solo al inicio se percibió un ligero desajuste que no volvió a repetirse en el resto de la obra. La OFIL respondió con gran solvencia, destacando el solo de flauta de la habanera en el prólogo mientras se bailaba bellamente en escena.
Esta versión, estrenada en 2024 en el Teatro de la Zarzuela con gran éxito, llegó a Oviedo con un magnífico elenco de cantantes, actores y actores-cantantes, varios de ellos ya presentes en la producción madrileña. Carmen Romeu repitió como Susana y tiple primera, firmando una actuación fantástica tanto en lo vocal como en lo actoral y coreográfico. Muy destacable estuvo también César San Martín como un Julián convincente y de voz bien proyectada. La Señá Rita de Amparo Navarro resultó estupenda, y Antonio Comas compuso un magnífico don Hilarión. El resto del reparto estuvo igualmente a gran nivel, con una desternillante tía Antonia de Gurutze Beitia, un sólido Gerardo López como don Sebastián y un excelente Rafa Castejón, muy eficaz en sus intervenciones como director de escena en Adiós, Apolo y tabernero en La verbena. Notables también los integrantes del coro de la Capilla Polifónica Eugenia Ugarte y Pelayo Alonso. El coro estuvo muy bien en lo vocal y en lo escénico, completando un espectáculo exitoso que hizo las delicias del público. Este sábado tiene lugar la segunda función.
Miriam Perandones
(fotos: Alfonso Suárez)

