OCNE 2026-27: Continuidad y crecimiento en una programación variada e imaginativa

Se presentó en la mañana del lunes 18 de mayo la temporada 2026-27 de la OCNE, primera de Kent Nagano (Berkeley, 1951) como nuevo director titular y artístico de los conjuntos. Ayer mismo Scherzo publicó un pequeño resumen de la esencia de la temporada y en la propia web de la orquesta pueden encontrar tanto una ampliación de ese resumen como el libro completo con todos los detalles de la programación, que incluye además una enjundiosa entrevista realizada por Inge Kloepfer, que puede verse también en el canal de Youtube de la orquesta, con subtítulos en español. Lo que sigue es, en mayor medida, la reflexión que la programación despierta a quien firma estas líneas, que ha seguido buena parte de las temporadas de los conjuntos nacionales desde hace ya algunos años.

La temporada, densa en eventos (nada menos que 119) y encuadrada en los cinco hilos temáticos (algo que viene siendo ya tradicional en la programación de la OCNE), comprende veintidós programas sinfónicos, un concierto sinfónico extraordinario (que dirigirá Juanjo Mena en diciembre de este año) y cuatro más en el Festival Schubert (febrero de 2027, que incluye además cinco sesiones de música vocal y de cámara en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional y el Museo del Prado). Se mantienen los tradicionales ciclos Descubre (3 conciertos), Focus Festival (Ante todo canto un común pensamiento: Resonancias de la Generación del 27, con dos conciertos) y Satélites (22 conciertos) más el concierto En Familia (en colaboración con el Ballet Nacional de España). Las giras anunciadas tendrán como destinos Alicante (ADDA), Valencia (Palau de la Música), Barcelona (L’Auditori), Oviedo (Auditorio Príncipe Felipe), Cáceres (Festival Atrio) y Granada (Festival Internacional de Música y Danza).
Dice Nagano, con su proverbial sabiduría, que la nueva temporada pretende “renovar sin romper”, sustentada en los muchos logros artísticos del periodo que concluirá en un par de meses (el cierre con el esperado debut de la orquesta en los Proms londinenses, con Akham en el podio, un evento para el que, según se comunicó ayer, ya están agotadas las localidades). Y es oportuna la afirmación porque, en efecto, esta etapa de David Afkham, junto a la anterior de Josep Pons, hay que considerarla como decisiva en haber conseguido llevar a la OCNE al mejor momento de su historia reciente.

El Festival Schubert, una fantástica idea
Una de las grandes novedades que trae esta nueva temporada se basa en una idea nuclear de Nagano que quien suscribe considera absolutamente acertada, oportuna y necesaria. Sostiene el maestro de Berkeley que “cada vez que se escucha una obra maestra, ya sea contemporánea o parte consolidada del repertorio, se escucha el pasado”. No puedo estar más de acuerdo. En lógica consecuencia con lo anterior, expande esta reflexión: “Hay otros compositores esenciales que todo conjunto debe tener en su repertorio activo: Johann Sebastian Bach, Haydn, Mozart, Beethoven y Schubert. Estos son, para mí, cinco de los pilares fundamentales del repertorio de cualquier conjunto, y en particular de cualquier orquesta sinfónica. Si no forman parte activa de vuestro lenguaje expresivo y técnico, esto se notará cuando se interprete repertorio del siglo XX o del siglo XXI.” Amén, cabría decir. Los compositores mencionados son una suerte de alimento cotidiano cuya ausencia en la programación sería tan incomprensible como lesiva. Como el propio maestro comentaba con el firmante de este comentario en breve charla informal tras la presentación de la temporada, uno “no puede imaginar que se toque bien una sinfonía de Mahler sin cultivar a Haydn, o concebir una buena interpretación de una sinfonía de Shostakovich sin tocar con regularidad a Bach”. Más Amén.
En esta línea de pensamiento, señala Nagano que, para él “Schubert forma parte de los cimientos de la interpretación en conjunto.” Y, aunque 230 no es un número especialmente dado a la efeméride, hay que recordar que el 31 de enero de 2027 se cumplirán 230 años del nacimiento del genio vienés. Nada más oportuno, pues, que ofrecer un pequeño festival schubertiano en el que escucharemos todas sus Sinfonías (una estupenda ocasión de ir más allá de la Incompleta o la Grande en do mayor), dirigidas por el propio Nagano, y completadas con obras schubertianas imprescindibles como el Quinteto la Trucha o esas dos maravillas que son los Trios D. 898 y D. 929. Este festival es una delicia en sí mismo, pero promete ser, además, el primero de una serie de recorridos por esos otros nombres clave del repertorio antes citados. Como le comenté al nuevo titular de la OCNE, estamos ante una fantástica idea.
Nagano, al frente de siete programas
El nuevo titular se hará cargo de siete programas, que reflejan lo polifacético y creativo de su planteamiento, siempre imaginativo. “Lo verdaderamente estimulante es escuchar el pasado mientras miramos hacia delante para construir el futuro”. Dicho y hecho. Su primer programa se centra en la Segunda Sinfonía “Resurrección” de Mahler (la presencia, de entrada, del Coro en el primer concierto es, en sus palabras, toda una declaración de intenciones) pero está precedida por un estreno absoluto: Deseo tomó Delicia, de Mikel Urquiza (encargo de la OCNE, concebida expresamente para acompañar la sinfonía de Mahler). Línea que se mantiene en su segundo concierto (Concierto para violín de Sibelius, con la gran Veronika Eberle, y Séptima Sinfonía de Beethoven, junto a Nostalgia of light, Yearning for… de Núria Giménez-Comas).
El tercer programa de Nagano tiene como obra central la selección de La Atlántida, de Falla-Halffter, que se ofrece aún en el año del 150 aniversario del nacimiento del gaditano, junto a obras de Debussy (El Mar y la versión orquestal de José Luis Turina del preludio pianístico La catedral sumergida). Nueva y curiosa combinación en su cuarto concierto: Oberturas “Egmont” y “Fidelio” de Beethoven junto a los Siete pecados capitales de Kurt Weill y Las VII tentaciones actuales del compositor francés Rodolphe Bruneau-Boulmier y el poeta colombiano Juan Diego Bustos Moreno (estreno absoluto, encargo de la OCNE), centradas en las tentaciones de nuestro presente, como el acoso sexual, la corrupción o nuevas formas de violencia.
En esta línea de pasado y presente, y dentro de la línea temática “el alma de los animales”, no podía faltar Messiaen, especialidad de la casa. De él escucharemos el «Abismo de los pájaros», del Cuarteto para el fin de los tiempos, junto a obras de Saint-Saëns (Carnaval de los animales, nada menos que con las hermanas Labecque), Debussy (Syrinx, con el gran Álvaro Octavio como solista) y dos autores de los que Nagano considera (con razón) esenciales: Haydn (Sinfonía nº 83 “La gallina”) y Mozart (Sinfonía nº 41 “Júpiter”).
El sexto nos trae un guiño a Ligeti (Molto vivace-Presto de su Concierto rumano) con más Mozart (el exquisito Concierto para piano nº 17 con ese gran pianista que es Emmanuel Ax) y otro de los compositores favoritos de Nagano: Johannes Brahms (Cuarta Sinfonía). Y para el séptimo y último, cierre brillante de la temporada, en el año del bicentenario de la muerte de Beethoven, con su gran Misa Solemnis.
Directores y solistas invitados
Hay que destacar la presencia del anterior titular, David Afkham, que vuelve con dos programas retadores. El primero, con el concurso de ese enorme violinista que es Frank Peter Zimmermann, ofrece el Concierto para violín de Walton y la Segunda Sinfonía de Rachmaninov. El segundo, una partitura poco habitual de Schumann: El paraíso y la peri op 50, con un elenco distinguido en el que destacan los nombres de Christiane Karg, Werner Güra y Konstanin Krimmel.
El director honorario de la OCNE, Josep Pons, propone un programa precioso con obras de Wagner (Preludio del Acto I de “Lohengrin”, Preludio del Acto III y Encantamientos del viernes Santo de “Parsifal”) y Mahler (La Canción de la tierra). No es menos atractivo el que llega de la mano de otra batuta de fuste, Vasily Petrenko, que junto a la Canción del lamento de Mahler nos ofrecerá el hermoso Concierto nº 2 para trompa de Richard Strauss, con el concurso del solista de la OCNE, Pedro Jorge.
Nueva presencia del finlandés Santu-Mattias Rouvali (titular de la Philharmonia londinense, que tan buena impresión ha causado en actuaciones anteriores), con un programa que incluye el Concierto nº 1 para piano de Chaikowski (Bruce Liu será el solista) y una partitura que a priori va como anillo al dedo al fino sentido rítmico del finlandés: La consagración de la primavera de Stravinski. Otra presencia destacada es la del italiano Giovanni Antonini, que cuenta además con la estupenda Julia Lezhneva como estrella destacada de un elenco encargado de un precioso programa con obras de Mozart (Misa de la Coronación, Obertura “Idomeneo” y el aria «Parto, ma tu ben mio» de La clemenza di Tito) y Haydn (Sinfonía nº 104 de Haydn; aplauso incondicional para tanta música de estos dos autores esta temporada).
Vuelve también la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC), con su titular, Ludovic Morlot, al frente, para un programa con obras de Ginastera, Arturo Márquez (con la violinista Anne Akiko Meyers) y la archiconocida Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák. Curioso que el griego Leonidas Kavakos deje esta vez el violín para actuar solo como director, y nada menos que con la Cuarta de Bruckner en los atriles. El delicioso Concierto para dos pianos K 365 de Mozart (los hermanos Jussen como solistas) completa el programa. Otro violinista-director, el francés Pierre Bleuse, se centra en Debussy (Nocturnos y El Martirio de San Sebastián) junto a una obra de Charles Ives (Central Park en la oscuridad).
Cuatro batutas femeninas actúan en el ciclo sinfónico. Debuta la rusa Anna Rakitina (Moscú, 1987), en un programa de aire anglosajón (Entr’acte, para orquesta de cuerda, de Caroline Shaw, Concierto para piano de Britten, con el estupendo Josu de Solaun como solista, y Variaciones Enigma de Elgar). La estonia Kristiina Poska (Türi, 1978) propone un programa interesante con obras de Hindemith (Der Schwanendreher, para viola y pequeña orquesta, con la fantástica Tabea Zimmermann como solista), Helga Arias (Absolute demolition, otro estreno absoluto, también encargo de la OCNE) y Mendelssohn (Sinfonía nº 3 “Escocesa”). La surcoreana Eun Sun Kim (Seúl, 1980) tendrá como solista al excelente violonchelista noruego Truls Mork para el precioso Concierto para violonchelo de Dvorák, en un programa que se completa con la orquestación que realizó Arnold Schoenberg del primer Cuarteto con piano de Brahms. Repite Anja Bihlmaier, directora que parece gustar a la orquesta, con obras de Gubaidulina (Offertorium, concierto para violín y orquesta con Sergej Krylov como solista) y Sibelius (la hermosa Quinta sinfonía).
Otras dos directoras, Hannah Eisendle (que dirigirá además el estreno absoluto de una composición suya) y Julia Cruz, se encargarán de los dos conciertos del Focus Festival, y otra más, Irene Delgado-Jiménez, presidirá el primero de los conciertos del ciclo Descubre.
Entre las batutas españolas, además del citado Pons, encontramos a Lucas Macías (Concierto para guitarra de Castelnuovo-Tedesco, con Pablo Sáinz Villegas, y Rosamunda de Schubert) y Antonio Méndez (un interesante programa, con Ciudad sin sueño, fantasía para piano y orquesta de Francisco Coll, Concierto en sol mayor de Ravel, ambas con Javier Perianes al piano, más Las travesuras de Till Eulenspiegel de Strauss y la Suite de “El mandarín maravilloso” de Bartók). Hay que añadir, además, el precitado concierto extraordinario dirigido por Juanjo Mena, con obras (aún no especificadas) de Arriaga, Bach, Mozart, Vaughan Williams, Guiridi, Chaikovski y Händel. La nómina, como se ve, es extensa y distinguida.
Lo que echaremos de menos
En esta ocasión, al menos de momento (cabe esperar que en temporadas siguientes se vuelva a esa sana costumbre), quien esto firma echará de menos la ópera en versión de concierto que solía ofrecerse cada temporada. Y con excelente nivel, por cierto. Recordemos Tristán e Isolda, Salomé, Fidelio o el soberbio Wozzeck que abrió la temporada que está a punto de concluir, por no hablar del magnífico sabor de boca que nos dejó el primer acto de La Valquiria escuchado este último fin de semana. Esperemos que este hábito, también muy saludable para una orquesta sinfónica (como lo es, para las de foso, asomarse al repertorio sinfónico), vuelva pronto.
El resumen
Esta primera temporada de Nagano, muy interesante y atractiva, rezuma lo que cabe esperar de un maestro inteligente, sensible, reflexivo, creativo e inquieto como el californiano. Hay en ella de todo, pasado y presente, talento establecido y emergente, obras habituales y otras que, incluso firmadas por autores bien conocidos, aparecen poco o nada en los programas habituales. Hay que confiar, además, aunque eso aún apenas asomó tímidamente en la presentación, en que la presencia internacional de la OCNE, incluyendo también más presencia discográfica, se vaya haciendo realidad. Vaya desde estas líneas la felicitación de quien esto firma para una programación imaginativa y bien armada, sin duda fruto de un trabajo concienzudo y muy riguroso. A disfrutarla.
Rafael Ortega Basagoiti

