OVIEDO / Sobresaliente Gala Lírica del Festival de Teatro Lírico Español

Oviedo. Teatro Campoamor. 30-IV-2026. Gala Lírica de la XXXIII Edición del Festival de Teatro Lírico Español. Ruth Iniesta, soprano. Jorge de León, tenor. Orquesta Oviedo Filarmonía. Director: Óliver Díaz. Obras de Giménez, Millán, Luna, Serrano, Sorozábal, Prats, Lecuona y Roig.
En el marco de la XXXIII Edición del Festival de Teatro Lírico Español del Oviedo, la Gala Lírica de este año ha ofrecido un repertorio poco habitual. Más allá de las arias, romanzas y dúos de zarzuela que se suelen escuchar en este tipo de conciertos, aquí se presentó una propuesta íntegramente dedicada al género hispano, y señalo hispano y no español porque la segunda parte del concierto estuvo formada por piezas de zarzuela de ultramar con obras de los tres compositores más representativos de la lírica cubana: Rodrigo Prats (1909-1980), Ernesto Lecuona (1890-1963) y Gonzalo Roig (1890-1970). El adecuado título de esta gala fue “Las dos orillas”, haciendo alusión a una tradición lírica compartida que, durante el concierto, mostró también las características musicales intrínsecas de cada país. Para el público mayoritariamente español que llenaba la sala del Campoamor, los instrumentos caribeños (bongós o congas, rascador y claves), aunque conocidos, pudieron resultar exóticos dentro del contexto de una zarzuela.
Si bien se ha interpretado parte de este repertorio en alguna ocasión en recitales en España —como ya ha hecho el propio Jorge de León en el Teatro de la Zarzuela—, y la estadounidense de ascendencia cubana Lisette Oropesa ha grabado en 2024 un disco de zarzuela en que incluye números que escuchamos el jueves aquí, hay que subrayar el acierto de continuar este camino en que se muestra al público general la belleza de este patrimonio de raíz común. De Prats se interpretó “Lamento esclavo” de la zarzuela La perla del Caribe, estrenada en 1931 cuando el autor tenía apenas 21 años en el Teatro Martí de la Habana, y de la zarzuela Soledad (1932) Jorge de León cantó “Qué negra y qué triste mi vida de ayer”; de Lecuona se interpretaron dos números de María la O (1930) y de Roig, Cecilia Valdés (1932); ambas son, posiblemente, las obras líricas más conocidas y que tuvieron más éxito de los dos compositores. El repertorio de esta segunda parte muestra la ascendencia de música popular que se interpretaba en las orquestas de baile con que los tres compositores Prats, Lecuona y Roig estaban familiarizados, además de la inclusión de ritmos afrocubanos que estaban muy de moda en los salones de EE.UU. durante los años 30.
En este contexto de divulgación de nuestro patrimonio, resulta también destacable la selección del programa “ibérico” de la primera parte, puesto que se incluye al compositor gaditano Rafael Millán (1893-1957), autor que se programa raramente y es menos conocido para el público actual, con tres bellos números de su opereta de temática exótica La Dogaresa (el título hace referencia a la esposa del Dux, máximo dirigente en la antigua república de Venecia, donde se desarrolla la acción) estrenada en 1920 en Barcelona, y que es una de sus zarzuelas de más importantes. La interpretación completa más cercana de que tenemos conocimiento ocurrió en 2015 en una versión de concierto dramatizada en el Teatro de la Zarzuela, y en la actualidad su nombre está vinculado esporádicamente a conciertos sobre zarzuela. Los otros compositores interpretados en esta primera parte son más frecuentes en los recitales y representaciones actuales, con José Serrano (1873-1941) y su aria “La roca fría del calvario” de la zarzuela La Dolorosa (1930), Gerónimo Giménez (1852-1923) y Manuel Nieto (1844-1915) con la famosa Polaca “Me llaman la primorosa” de El barbero de Sevilla (1901), de Giménez el preludio de La Torre del Oro (1902), el intermedio de Pablo Luna (1879-1942) de La pícara molinera (1928) y el dúo de La tabernera del puerto (1936) de Sorozábal (1897-1988) “Todos lo saben”.
Como podemos observar, la mayor parte del repertorio se estrenó en los años 20 y 30 del siglo pasado, y las obras estuvieron muy bien escogidas para lucir la voz lírica de los dos cantantes, ambos de trayectoria internacional, Ruth Iniesta y Jorge de León, que mostraron una gran química musical en los dúos. Jorge de León es un cantante frecuente en nuestras tablas y tenemos la oportunidad de escucharlo con relativa frecuencia. Es muy querido por el público de Oviedo, que ovacionó cada una de sus intervenciones solistas. El tenor canario desplegó sus grandes cualidades, con un centro robusto y unos agudos potentes y brillantes que se mostraron muy eficaces en este repertorio. Ruth Iniesta ha estado poco en el Teatro Campoamor —aquí se le concedió el premio a la cantante revelación en 2015—, y lamentamos que esta enorme cantante no venga más a menudo. Se presentó exhibiendo una voz plena maravillosa, unos agudos redondos y proyectados, un gran virtuosismo técnico y una gran expresividad, desde las simpáticas y difíciles “Me llaman la primorosa” y “Sí, yo soy Cecilia Valdés” hasta la triste “Mulata infeliz” de María la O.
En el apartado instrumental, el maestro Óliver Díaz, gran director ovetense que es profeta en su tierra, demostró su solvencia en este repertorio y la Oviedo Filarmonía consiguió una interpretación a gran altura, tanto en las obras puramente orquestales como en las arias y dúos. Díaz destacó los contrastes entre las partes rítmicas y melódicas y subrayó el colorido tímbrico, de lo que fue perfecto ejemplo el intermedio de La pícara molinera de Pablo Luna. Como acostumbra, el director acompañó muy bien a los dos grandes cantantes de la gala.
El concierto se cerró con dos propinas, el dúo “Cuando se quiere de veras”, de El servicio militar obligatorio de Gonzalo Roig, y la conocida “Ay, Mamá Inés” de la zarzuela Niña Rita o La Habana en 1830 de Eliseo Grenet y Ernesto Lecuona. Esta última se repitió con el público acompañando a los cantantes y al director musical, que bailaban sobre el escenario.
Ha sido una gala entrañable y, también, ejemplar por la inclusión de obras infrecuentes que enriquecen y diversifican el canon. Es justo felicitar a quienes han concebido y seleccionado el programa.
Miriam Perandones


