OVIEDO / Sin contemplaciones

OVIEDO / Sin contemplaciones

Oviedo. Auditorio Príncipe Felipe. 12-II-2021. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias. Director: Christian Vásquez. Denis Kozhukhin, piano. Obras de Grieg y Brahms.

El tercer Concierto de Invierno de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias tuvo como protagonistas al director Christian Vásquez, que ha fraguado su carrera en el Sistema venezolano de José Antonio Abreu, y al pianista Denis Kozhukhin, quien a última hora vino a sustituir al previsto Vadym Kholodenko que había cancelado por motivos personales. No obstante, se mantuvo el programa inicial con el Concierto para piano en la menor op. 16 de Grieg en una contundente versión del ruso que, lejos de sutilezas que pudieran dotar a la interpretación de un interés más sofisticado, prefirió lucir sus habilidades técnicas más que expresivas, en una obra harto conocida por el público.

Estamos, sin duda, ante una aproximación de virtuoso, por eso esperábamos una lectura más personal y pendiente del detalle, más allá del ímpetu sonoro, pues se trata de una obra de no tanta dificultad técnica que permite un lucimiento más profundo de la visión musical del pianista que la interprete, algo no tan sencillo en esta pieza. La orquesta ofreció un acompañamiento adecuado, sin demasiados alardes y sin lograr una gran compenetración entre la visión del director y del pianista. En su búsqueda de concertino, la OSPA invitó en esta ocasión a Pierre Frapier, quien estuvo a la altura de lo esperado, un músico brillante y serio candidato para el puesto.

No se puede decir lo mismo de la propina ofrecida por Kozhukhin, la primera de las Piezas líricas op.12 de Grieg, tan absolutamente breve -apenas sobrepasa el minuto de duración- e interpretada como un mero trámite, que casi pareció ridícula. A continuación, se ofreció la Sinfonía nº3 de Brahms, una obra de gran dificultad que el maestro Vásquez conoce bien, tal y como demostró al dirigirla de memoria. No obstante, pareció conformarse con ensamblar adecuadamente a la orquesta marcando las correspondientes inflexiones de la partitura pero sin profundizar en algo más trascedente, ni siquiera recreándose en la belleza de algunos pasajes como el mítico tercer movimiento, realizado con excesiva premura -con una orquesta reducida- y de forma superficial, convirtiendo en intrascendente uno de los momentos más sublimes de la música sinfónica. En definitiva, fue una versión de paso, en la que faltó un cierto nivel de exigencia en cuanto al concepto de la obra, si bien los integrantes de la OSPA estuvieron a la altura en su participación, especialmente los vientos.