Nueve de cuarenta

Cuando a uno lo que le preocupa es la noticia de hoy, la crítica de ayer o el dosier de mañana, sentarse a contemplar los cuarenta años que a su vez nos contemplan se antoja un contrasentido, o al menos un dispendio innecesario de un tiempo siempre valioso. SCHERZO tiene tiempo, cuarenta años, ahí es nada, pero a la vez muy poco tiempo, porque el tiempo vuela y en periodismo, como en la música, el tiempo es la materia prima con la que se construye todo. No hay tiempo que perder, por lo que diré aquello que escribió mi llorado Gian Castelli para titular su obituario de nuestro llorado Ángel Mayo: seré breve.
Mis predecesores en el cargo que tengo el honor de ocupar ya se han encargado de glosar con la pericia que caracteriza a cada uno lo que han supuesto estas cuatro décadas de lo que creemos, sin atisbo de falsa modestia, que es la revista musical de referencia en España. Ya lo era cuando asumí su dirección hace ahora nueve años, recogiendo el testigo del maestro -en todos los sentidos- Luis Suñén, quien supo mantenerla contra viento y marea durante un periodo en que el viento se tornó en huracán y la marea en tifón. Quiero creer que lo sigue siendo, con la diferencia de que ahora, en el momento de entrar en su primera madurez (eso son los cuarenta ¿no?) SCHERZO ha pasado de ser la revista musical de referencia en España a serlo ‘en español’.
Porque lo que SCHERZO ha acometido de forma fundamental en estos nueve años ha sido su puesta al día digital. Hubo, es cierto, una renovación de su imagen física, reafirmando nuestro convencimiento de que el papel —lo físico— mantiene su valor, incluso su erótica, una vez más contra viento y marea. Pero se imponía una actualización a los nuevos lenguajes que, para bien o para mal, nos hablan —a menudo a gritos— desde esa incorpórea torre de babel que ha levantado el siglo XXI.
Con la creación en 2019 de su nueva página web, SCHERZO se sumergía de lleno en el proceloso océano de lo digital, con la voluntad firme de expandir su radio de acción sin renunciar a las señas de identidad que han guiado su trayectoria desde el número cero: periodismo musical de calidad, es decir, aquel que combina con rigor la información, la divulgación, la crítica y la academia. El número cada vez mayor de melómanos que nos leen o consultan nuestras páginas desde los cuatro puntos cardinales del planeta nos hace pensar que vamos por el buen camino.
El mayor privilegio que uno tiene al dirigir una revista como SCHERZO es contar con la fabulosa comunidad de colaboradores que mes a mes y día a día contribuyen con sus textos a enriquecer los contenidos de la publicación. Entre fijos, mediopensionistas y ocasionales, suman centenares y entre ellos se cuentan las mejores firmas nacionales y muchas de las mejores del panorama internacional. A todos ellos se dirige mi primer y profundo agradecimiento.
El segundo va para el reducido pero fantástico núcleo duro de SCHERZO, el que a diario suda la camiseta desde la sala de máquinas del número 10 de la calle Cartagena para que la revista llegue a los lectores: Stefano Russomanno, Arantza Quintanilla, Choni Herrera, Mise Rubio, Nines Méndez, sin olvidar a ese lujo de diseñador que responde al nombre de Valentín Iglesias. El tercero es para Antonio Moral y Santiago Martín Bermúdez, quienes en 2016 me llamaron para que asumiera el apasionante pero temible reto de sustituir a Luis Suñén.
Mi último recuerdo, sin duda el más sentido, es para Eduardo Torrico, que desembarcó conmigo en SCHERZO y nos dejó, ay, demasiado pronto. Ha sido difícil seguir sin ti, Eduardo, pero aquí estamos, en la brecha, como a ti te habría gustado.
Juan Lucas
Director de SCHERZO desde 2016
Concierto 40 aniversario de la Revista SCHERZO
1 de diciembre de 2025. Auditorio Nacional. Madrid.


