“Nochebuena” de Rimski: Belleza y alegría

RIMSKI-KORSAKOV:
Nochebuena. Georgy Vasiliev, Julia Muzychenko, Ankelejda Shkoza, Aleksei Tikhomirov, Andre Popov, Bianca Andrew, Ayelet Polne. Coro y Orquesta de la Ópera de Fráncfort. Director musical: Sebastian Weigle. Director de escena: Christof Loy. NAXOS (1 DVD)
La aldea de Dikanka, Ucrania. La bruja Soloja, madre de Vakula, se entiende con el diablo. Vakula ama a Oxana, que se las hace pasar negras; le pide como regalo unos zapatitos, pero no cualquiera, sino los zapatitos de la zarina, ay. A todo esto, el padre de Oxana pretende a la bruja, lo mismo que el alcalde y el diácono. Qué lío. Y la aldea entera se junta con cantos y burlas. Es una ópera con importancia del coro y del canto y el baile folk.
Los cuentos ucranianos de Nikolai Gogol han dado de sí. Nochebuena, humorístico y fantástico, inspiró Vakula el herrero, de Chaikovski (1876), que no tuvo éxito y que el compositor reescribió como Cherevishki (1887, Bolshoi de Moscú). Es su única ópera con humor, ya saben cómo era Piotr Ilich. Rimski-Korsakov compuso su Nochebuena después de la muerte de Chaikovski y en un intento de superación de sus graves quebrantos familiares y personales. En Testimonio, el falso Dimitri Shostakovich aún acusa a Rimski de emprender el vuelo tras la muerte del rival. Ambas son obras con bellezas innegables, aunque los dos las tengan superiores; a Rimski le vino muy bien para acometer sus futuras óperas populares y fantásticas. Nochebuena continúa la vena mítica de Snegurochka, su tercera ópera, tan querida por él, tantas veces revisada y corregida. Sigue la mitología tradicional pagana y a ello Rimski le añade cosas propias, como recuerda en sus Memorias; no oculta que la muerte de Chaikovski liberó su recato para ponerse a trabajar en su propia Nochebuena. Los temas de carácter popular completan el lado folk (desde el aria de Vakula, importunada por Chub, en el acto I, cuadro I, por poner un ejemplo claro y temprano, siguiendo por el canto de Roxana al comenzar el cuadro II, el que contiene la danza —los koliadki— de las amigas, pasando por el bullicio del acto II).
Una maravilla que los solistas llevan a gran altura, a partir de la excitante puesta de Loy y la ágil dirección de Weigle. Belleza y energía, una insuperable producción de la Ópera de Fráncfort.
El III es el acto mítico, de los demonios maléficos y los espíritas protectores. Vakula y el diablo, como antes Soloja, vuelan. Loy convierte la suite de danzas en un auténtico ballet (Klevis Elmazaj). Para concluir con un espléndido baile de cortesanos, contraste con el pueblo de Dikanka, pero todos, incluso los cosacos zaropogos que acuden ante la zarina, muestran el idilio de los pueblos del imperio con su soberana; es uno de los ‘mensajes’ de la ópera. Allí, entre cosacos y cortesanos, se cuela el herrero con su súplica: los cherevichki. Al concederlos, llega a su punto culminante el idilio social y político.
Poco espacio queda para la excelencia del reparto, el coro y la orquesta, que sirven a este cuento espectacular con voces y actuaciones de altísimo nivel. La voz lírica y exaltada, poderosa, de Vasiliev; la dulce y también taimada línea de Muzychenko (¡bello lamento de ella hacia el final y hermoso dúo de amor!); la grave y esmaltada de Shkoza; la profunda y bufa de Tikhomirov; la línea de tenor poco menos que de altino de Popov. Esto cinco no agotan la altura del reparto, solo la encabezan. El coro pasa de pueblo a corte con total naturalidad, en escenas de grupo a las que se dota de velada y eficaz coreografía. Y en danza hay que resaltar a la exquisita ballerina israelí Ayelet Polne.
En una puesta como la de Loy y con estos músicos quedan de manifiesto las virtudes de una ópera. Un espectáculo de fantasía, de canto folk, de lirismo y, de manera especial, de humor. Porque los protagonistas son: el humor, que todo lo matiza (el amor, el complot, la hazaña), la orquesta y en especial el hermoso timbre, las voces celestes de unos personajes y un coro. Una maravilla que los solistas llevan a gran altura, a partir de la excitante puesta de Loy y la ágil dirección de Weigle. Belleza y energía, una insuperable producción de la Ópera de Fráncfort.
Santiago Martín Bermúdez


