No-Star Wars

No-Star Wars

He aquí, por primera vez y sin que sirva de precedente, un registro que se resiste a la categorización. Darle una estrella sería un insulto, dos estrellas una burda sobreestimación. No hay estrellas para describir la incómoda sensación que me produce escuchar a John Williams dirigir a la Orquesta Filarmónica de Viena las partituras de sus películas.

No se trata de desacreditar a Williams, un director competente con años de experiencia a sus espaldas como director de los Boston Pops. No hay crédito alguno, sin embargo, para la Filarmónica de Viena, una orquesta que ha conservado su pedigrí durante casi 180 años, sólo para desperdiciarlo en páginas de música que fueron escritas para el realce de imágenes en movimiento y que, con muy pocas excepciones, no aguantan una existencia independiente. El disco se venderá como schnitzels, por supuesto, y cualquier juicio que uno emita no tendrá más impacto sobre él que el de una rodaja de limón extra.

Interpretada por una orquesta de Hollywood, la partitura de Encuentros en la tercera fase suena espeluznante. Interpretada por la Filarmónica de Viena es como celebrar Halloween en la catedral de San Esteban: demasiado empalagoso, demasiado falso-dramático, demasiado acoplado a la película como para ser creíble independientemente. Por su parte, la música de Star Wars se presenta como una cascada de asteroides extraviados.

Anne-Sophie Mutter interpreta la danza del diablo de Las brujas de Eastwick con un toque à la Bartók y otra danza de Indiana Jones con barnizada solidez. He renunciado a calcular el número de horas que debieron emplear los cien selectos músicos en la creación de semejante vacuidad instrumental. Algún día espero incluso olvidar lo que he oído aquí. Algún día reeditarán el disco como el No-Star Wars de Lebrecht.