NERVA / Perianes, profeta en su tierra

NERVA / Perianes, profeta en su tierra

Nerva. Teatro Javier Perianes Granero. 18-VII-2021. Orquesta Joven de Andalucía. Javier Perianes, piano. Director: Manuel Hernández Silva. Obras de Saint-Saëns y Brahms.

Sin duda, este está siendo un gran verano para Javier Perianes. A su residencia artística en el Festival de Granada, recibiendo del mismo la medalla que reconoce su aportación durante años a dicho certamen; a la aparición de su nueva grabación con obras de Chopin; a todo ello se ha sumado el acto por el cual se le otorga al teatro de Nerva (Huelva), su localidad natal, el nombre de Javier Perianes Granero. Fue un breve, pero muy emotivo, acto en el que el pianista estuvo arropado por los suyos, sus familiares, paisanos, amigos y admiradores, y que fue el colofón de un concierto que recordaba a aquél de hace once años con el que el pianista y el director Manuel Hernández Silva inauguraron dicho teatro.

En esta ocasión fue con la complicidad de la Orquesta Joven de Andalucía que cerraba con este concierto el encuentro de este verano. Hernández Silva, que fuera director de dicho proyecto formativo, pronunció unas breves pero intensas palabras en las que rogó a las autoridades culturales andaluzas que no dejasen morir una realidad musical tan brillante, justo en unos momentos en los que las reducciones presupuestarias han dejado en el vacío informativo a la OJA, han limitado enormemente sus posibilidades de visibilidad dentro y fuera de Andalucía e incluso amenazan con darle la puntilla de seguir por esta senda. Y sería, además de un gravísimo error, una enorme pena, porque el nivel alcanzado en este concierto nos habla de la inagotable cantera musical que existe en la comunidad y de los altísimos estándares de excelencia que ha alcanzado hasta el momento.

El evento se abrió con el Concierto para piano y orquesta nº 5 en Fa mayor op. 103, “Egipcio”, de Saint-Saëns, una obra que parece escrita para las condiciones actuales de Javier Perianes. El pianista nervense ha ido con los años aumentando el volumen y la corporeidad de su sonido, ampliando la gama de colores y dotando a sus interpretaciones de una fuerza y una carga expresiva apabullante. Y ello sin perder su proverbial sutilidad en los juegos con las dinámicas más sutiles en una infinita paleta de sonoridades por debajo del piano.

De todo ello hubo en un concierto que arranca con una sección de gran lirismo que Perianes abordó con delicadeza y sutilidad en la pulsación, con una envidiable técnica de pedal y un sensible uso del rubato, para progresivamente ir engrosando el sonido y desplegando toda la energía expansiva y el virtuosismo sin aspavientos de cara a la galería. Como momento especialmente reseñable cabe señalar la manera tan delicada y ensoñadora con la que dejó emerger un tema pentatónico en la mano izquierda en el centro del Andante. Perianes contó aquí con un acompañamiento a la medida, en el que el director venezolano mostró la solidez de su técnica y su capacidad de controlar todo el entramado orquestal. La calidad del empaste y el sonido preciso y cálido de las cuerdas se puso de relieve en las sutiles y rápidas regulaciones dinámicas de los primeros compases del primer tiempo, creando una sensación de vaivén sonoro muy apropiada.

En la segunda parte, la OJA mostró el máximo de sus capacidades técnicas en la Sinfonía nº 4 en Mi menor op. 98 de Brahms. En el Allegro non troppo inicial Hernández Silva optó por una visión expansiva y luminosa, más feliz que agónica, lo que le hizo llevar a la orquesta por la senda expresiva a base de abundante sforzandi y un tempo más bien animado, con un color global más brillante del que se suele asociar a esta composición. Con brillantes intervenciones de clarinetes, fagotes, flautas y trompas en la exposición inicial del Andante moderato se abrió un ejercicio magistral de técnica orquestal en un crescendo lenta pero minuciosamente regulado, manteniendo siempre un sonido transparente. Quizá el Allegro giocoso arrancó con demasiada energía en los ataques y algo de exceso decibélico, pero en la asombrosa passacaglia con la que Brahms cierra su postrera sinfonía la batuta supo hacer presente siempre la contundencia del ostinato y construir una sucesión de momentos de emotividad creciente, culminando con un arrebatado final.

(Foto: María Marí)