NANTES / Un luminoso regreso para la Orquesta Nacional des Pays de la Loire, bajo la batuta de Roberto Forés Veses

Nantes. Auditorio Debusssy. 18-IX-2026. Concierto sinfónico 1 de la temporada 2026-27 de la Orquestra nacional des Pays de la Loire. Amaury Coeytaux (violinista); Orquestra Nacional des Pays de la Loire; Roberto Forès Veses (dirección musical). Obras de Schubert, Beethoven y Haydn.
Para la apertura de su temporada 2026-2027, la Orquesta Nacional de los Países del Loira ocupó el Auditorio Debussy del Conservatorio de Nantes, una sala de 850 localidades, de acústica excepcional y butacas cómodas, donde la cercanía con los músicos es total. Esta mudanza temporal, impuesta por la renovación de la Ciudad de Congresos hasta 2028, se transformó en una verdadera bendición: el público redescubrió un lugar cargado de historia, el mismo donde la orquesta daba sus conciertos antes de la construcción de la Ciudad de Congresos. El joven e impetuoso director español Roberto Forés Veses, gran habitual de la formación del Loira, insufló a este programa titulado «Los grandes clásicos» una energía comunicativa. El director valenciano supo hacer resaltar todos los matices de un repertorio vienés entre clasicismo y romanticismo. Su gestualidad, entusiasta y precisa a la vez, arrastró a la orquesta hacia una lectura a la vez fogosa y refinada.
En sustitución de Sarah Nemtanu, violín solista de la Orquesta de París, Amaury Coeytaux, primer violín del célebre Cuarteto Modigliani, ofreció una interpretación muy conmovedora de las dos Romanzas para violín y orquesta de Beethoven. Su sonoridad cálida y su técnica irreprochable revelaron el aspecto más tierno y femenino del genio beethoveniano, lejos de la imagen combativa del compositor revolucionario. Las melodías luminosas y líricas de las Romanzas flotaron con una gracia infinita por encima de la orquesta, en perfecta complicidad con la dirección de Forés Veses.
La Obertura de Fierrabras, de Franz Schubert, había abierto el concierto con brío, desplegando desde los primeros compases una imaginación orquestal resplandeciente. Luego, la tercera pieza de este concierto ofrecido sin entreacto puso en primer plano la Sinfonía nº 104 de Josef Haydn, última obra maestra del compositor austríaco, que llevó el estilo clásico a su punto de no retorno. Última de las «sinfonías londinenses», estrenada en 1795 durante la despedida de Haydn de Londres, la Sinfonía nº 104 es la culminación absoluta del género sinfónico clásico. Desde el Adagio introductorio en Re menor, Haydn impone un clima grave y una célula musical —el intervalo de quinta— que irrigará secretamente toda la obra. El Allegro estalla después en Re mayor, con un tema cantable, un desarrollo de una densidad dramática poco común y una reexposición de una evidencia soberana. El Andante en sol mayor mezcla serenidad y contrastes violentos, en particular esos pasajes en tonalidades lejanas que dan al movimiento un color tan particular. El Minueto no tiene nada de simple divertimento: su rigor arquitectónico anuncia ya la música cíclica. En cuanto al Finale Spiritoso, construido sobre un tema popular y un bajo de musette obsesivo, conjuga vigor, humor y libertad de tono —una audacia asombrosa para la época.
Bajo la batuta de Roberto Forés Veses, la ONPL demostró una transparencia notable, con cada línea destacándose con nitidez. El Adagio inicial impuso un silencio habitado antes de que brotara el Allegro, cuyas escapadas de flauta flotaron con ligereza. El Andante desplegó un legato de una dulzura infinita, con los contrastes resueltos con una nitidez sobrecogedora. El Minueto fue trabajado en profundidad con finura, con timbales discretos pero autoritarios y cuerdas cantarinas. Por último, el Finale fue la apoteosis: tema popular lanzado con una energía comunicativa, bajo de musette implacable, segundo tema acariciado con ternura, antes de una stretta de una embriaguez contagiosa.
Metales brillantes, cuerdas encendidas, sala suspendida y luego conquistada: la ONPL demostró que podía rivalizar con las mejores formaciones en este repertorio. Este concierto de apertura quedará así como un paréntesis de belleza y ternura, una pequeña burbuja de virtuosismo. La ONPL, al ocupar este lugar emblemático del Conservatorio, ofreció a sus oyentes un inicio musical de excepción, entre herencia vienesa y emoción pura.
Emmanuel Andrieu
(foto: Jean-Baptiste Millot)


