Nagano y Urtasun: buenas vibraciones

En un gesto muy revelador de la importancia del caso, a primeros de marzo se presentaba Kent Nagano en el Auditorio Nacional de Música de Madrid como próximo director titular de la Orquesta y Coros Nacionales de España. Y lo hacía de la mano del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, en lo que resultó un acto, digámoslo sin ambages, tan bien dispuesto en sus intenciones como interesante en las conclusiones que permitió sacar a los asistentes. Lo primero que hay que decir es que, como titular de un ministerio que casi siempre ha tenido la música clásica como una suerte de obligación poco lucida, Urtasun supo estar a la altura de las circunstancias. No somos sospechosos en SCHERZO de dorar la píldora a las instituciones, por eso tampoco nos duelen prendas si decimos que el ministro hizo política razonablemente —lo es el asumir como un asunto de primera importancia el desarrollo de la OCNE— y, en lo que tenía que ver directamente con las razones y el enfoque del nombramiento, articuló un diálogo con el maestro que en algún momento recordó a una buena entrevista.
Que un músico de la trayectoria de Nagano utilizara como uno de los ejes de sus intervenciones lo que él considera innegable prestigio universal de la cultura española supuso, en ese contexto, algo así como una importante inyección de autoestima y, viniendo de alguien con su carrera, la evidencia de que hay una tradición que con frecuencia desestimamos. En el caso concreto de la OCNE esa desafección viene, es innegable, de hechos concretos que tienen que ver con crisis que se diría por fortuna resueltas. En la visión de su nuevo titular los logros de la formación, unidos al patrimonio de la propia cultura española, debieran pesar más que esos malos momentos que a él, en buena lógica y mejor salud mental, debieran importarle bien poco.
Urtasun se refirió al inicio de la conversación a la “grandísima oportunidad para un salto internacional” que representaba el nombramiento del maestro estadounidense, quien, por su parte, incidió en ello sin olvidar que esa variante exportadora pasa por la consolidación de su público propio y la atracción de los jóvenes —con la Sinfónica de Montreal consiguió que la edad media de los asistentes a algunos de sus conciertos fuera de treinta y cuatro años. Esa acción cultural exterior de la Orquesta y el Coro Nacionales debe ser un elemento más de su desarrollo a partir de su propia tradición. Recalcar esa tradición resulta no tanto importante en sí mismo sino hasta casi provocador a la hora de evaluar lo que ha significado la OCNE en el desarrollo de la cultura musical en España, dónde están sus logros y dónde sus carencias. Como comentó el nuevo titular, al fin resulta que lo más importante para una formación sinfónica es que a la hora de comparar con otra, el espectador se sienta orgulloso: “sí, ellos son muy buenos pero esta es mi orquesta”. Expandirse y atraer al mismo tiempo.
A lo largo de la conversación, y sobre todo en el breve turno de preguntas, surgieron temas como el de la consideración hacia la nueva música española. Ahí Nagano, que había hablado antes de lo que le habían impresionado unos cuantos músicos españoles que, además, tienen relevancia mundial —no quiso dar nombres en ningún momento— la calidad habría de ser el medidor de la presencia de nuevas creaciones propias. Tampoco se definió demasiado en lo tocante a la presencia de la OCNE en grabaciones —una idea ya llevada a cabo en su día— y en plataformas, manifestando su preferencia por el directo, por el estar en la sala de conciertos viviendo un momento —manes de Celibidache— que jamás puede repetirse tal y como fue sin la tensión del instante. Tampoco en el asunto de las giras fuera de España concretó nada especial como, por otra parte, no podía ser de otra manera. Recordemos que Nagano no asumirá la titularidad hasta septiembre de 2026 y que tampoco le ha sido posible bajar a la arena de realidades concretas. Todo se andará, aunque no olvidemos que seguro que no viene para resolver problemas administrativos.
La impresión dejada por Nagano en esta primera toma de contacto con el que habrá de ser su entorno ha sido muy positiva. Se trata de un músico excelentemente formado, y no sólo en la solfa, respetuoso con sus colegas —aquellos a los que dirige en la orquesta que es, a su vez “una metáfora de la sociedad”—, a quien le interesa la presencia de nuevas audiencias y la consideración de la clásica —distinguiendo las formas clásicas de lo que deviene al fin clásico— como algo que puede estar perfectamente ligado a la vida de las personas, que sabe distinguir el papel del director musical de una orquesta del que desempeña un director ocasional. Partidario a ultranza de la sociedad abierta, Nagano se refirió también a la importancia del español en Estados Unidos —prometió hablarlo muy pronto él mismo—, de manera muy notoria en su estado natal de California y a lo interesante que sería el correspondiente intercambio bilateral. Hacer alusión a ello cuando corren tan malos tiempos no deja de ser toda una declaración de principios. ¶


