Nace el sello discográfico AnTaural, con un compacto de João Pedro Oliveira

JOÃO PEDRO OLIVEIRA:
City Walk. Nuno Aroso, percusión. Clamat — colectivo variável. ANTAURAL (1 CD)
Con sede en Aveiro, aunque sus actividades abarquen otras ciudades lusas, como Oporto, Arte no Tempo es una de las asociaciones musicales más activas de Portugal en cuanto a la divulgación y creación de nueva música, tanto a través de sus bienales Reencontros de Música Contemporânea y Aveiro_Síntese como por medio del encargo de nuevas partituras y su posterior edición, sumándose en 2025 a sus múltiples proyectos (que incluyen un potente programa educativo) el lanzamiento de un sello discográfico propio, AnTaural, con el que Arte no Tempo pretende dar a conocer algunos de los proyectos musicales que ha venido produciendo desde su fundación.
Para este primer compacto de su nuevo sello discográfico, Arte no Tempo se ha fijado en uno de los músicos portugueses con los que, desde la bienal Aveiro_Síntese del año 2016, ha establecido una relación artística más sólida y continuada, lo que ha dado lugar a que, entre los más de cien estrenos mundiales que el percusionista portuense Nuno Aroso lleva ya ofrecidos, varios de ellos hayan tenido lugar en la propia Aveiro, incluyendo obras de uno de los compositores portugueses con mayor proyección internacional en el siglo XXI, João Pedro Oliveira (Lisboa, 1959), un creador que, además de su faceta compositiva, es organista, escritor, artista visual y profesor de composición en distintos centros superiores de Portugal y América; entre ellos, la Universidad de California en Santa Bárbara, donde ocupa la cátedra Corwin Endowed.
Bajo el título City Walk, este primer compacto de AnTaural recoge cinco obras de João Pedro Oliveira compuestas para Nuno Aroso entre los años 2011 y 2021, rubricando la larga y fructífera colaboración entre compositor y percusionista, algo que justifica los excelentes resultados que escuchamos en un disco grabado en los años 2022 y 2024 (respectivamente, en la Casa da Música y en el Espaço Limina de Oporto) con el mayor esmero, al igual que su posterior edición. A Nuno Aroso se une, en la interpretación de las tres primeras partituras, Clamat, ensemble igualmente portugués de plantilla variable que aquí integran los percusionistas Bernardo Cruz, Henrique Ramos, João Pedro Lourenço y Vitoria do Bem.
Es la obra más reciente la que, precisamente, abre el disco, In The House of The Glass King (2021), partitura compuesta para la que fue primera edición del festival Dias da Percussão Portimão. En ella, João Pedro Oliveira lleva a cabo una posible síntesis de las influencias que, hace cuatro años, alimentaban de forma principal su aparato estético, uniéndosele otras muchas recibidas anteriormente a lo largo de su carrera como estudiante y compositor. Entre ellas, la música tradicional portuguesa, de cuyo rico acervo Oliveira tomó aquí ritmos de fandango, pauliteiros y corridinho, aunque reconozca, igualmente, que otros paisajes acústicos de su adolescencia, como los del rock, también se acabaron deslizando a su partitura; de ahí, su proteica heterogeneidad.
Como sostiene João Pedro Oliveira, todos estos elementos se sintetizan de una forma que no es, por lo que a un primer plano musical se refiere, explícita, lo que acaba conformando una suerte de nebulosa suspendida en la que, como lo hacen en nuestra memoria, flotan recuerdos que van emergiendo y regresando al magma rítmico que conforma In The House of The Glass King, a modo de estelas de memoria. El componente tímbrico es también huidizo en esta primera partitura del disco, pues la complejidad polifónica con la que trabaja Oliveira y la, en muchos casos, extrema brevedad de cada motivo, hace que éstos se hagan reconocibles, más que individualmente, por las redes y los loops que acaban conformando: amalgamas de memoria a través de las que —parafraseando a Marcel Proust— Oliveira recobra sus tiempos perdidos.
Nuno Aroso, como solista al frente de Clamat, desgrana este concierto para marimba, vibráfono, grupo de percusión y electrónica con una limpidez encomiable, lo que redobla nuestra sensación de evanescencia, de memoria ingrávida en la que crepita todo un pasado que, aún, necesita decirse en el presente.
Divida en cinco partes, Bridges and Gardens (2016) es un ciclo de bagatelas para cuatro percusionistas en las que parecen converger tanto el laconismo weberniano como, por cierta construcción de las resonancias, la estela de Pierre Boulez. Estamos, en todo caso, ante una obra compuesta a partir de otra partitura ya existente, los Eight Gardens (1996-2004) del compositor estadounidense de origen chino Lei Liang, quien, a su vez, es el autor de los movimientos pares de Bridges and Gardens.
Mientras que João Pedro Oliveira firma el impares, redundando en una obra bicéfala en la que cada compositor deja muestras de su estilo, basculando entre lo melódico y lo armónico, siempre con un gusto compartido por la tensión rítmica y la parquedad de sus materiales, más en cuanto a duración que en lo que a su intensificación se refiere, pues de un modo especial en los movimientos compuestos por Oliveira un abigarrado cúmulo de armonías resonantes hace que el espacio implosione sobre sí mismo, fagocitándose.
Escrita para dos percusionistas, Broken Loops (2013) anticipaba ya, tres años antes que Bridges and Gardens, la querencia de João Pedro Oliveira por las texturas resonantes, alquitaradas aquí a partir del cuerpo de un set instrumental integrado por timbales, toms, bongós e instrumentos de cerámica y metal. Estrenada en Brasil por Nuno Aroso y Rui Sul Gomes, hay en esta partitura —como reconoce el propio Oliveira— una búsqueda de una sonoridad de apariencia electrónica a partir de la continua exploración de la fisicidad de dichos instrumentos y sus contraposiciones, algo que resulta más evidente en la percusión metálica (con un timbre cuya elongación nos recordará a las ondas sinusoidales) que en las membranas, que convocan un eco más xenakiano y ancestral.
Por la expansión de dichas resonancias, la estela de Karlheinz Stockhausen se asoma también aquí como influencia: tanto el Stockhausen de las piezas más experimentales e interesantes de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo como el compositor fascinado, en sus últimos años de vida, por los motivos circulares (trasunto musical de la espiritualidad oriental), algo que se evidencia en un uso masivo de loops para exponer y desarrollar esos materiales resonantes, siendo tan sólo en los compases finales que dichos loops aparecen en todo su trazo circular, como una danza chamánica, delirante y obsesiva que, tras un último golpeo, gira hasta su progresiva extinción en el silencio.
Como Central Park in the Dark (1906), de Charles Ives, o Graffiti (2012-13), de Unsuk Chin —por citar tan sólo dos ejemplos de paisajismo musical de los Estados Unidos compuestos en diferentes momentos históricos—, en City Walk (2020) João Pedro Oliveira también nos deja el retrato musical de un paseo por la ciudad; en su caso, imaginaria, pero en la que se intuyen ecos, como en Ives y Chin, de su vida en Norteamérica, con una especial predilección para los ecos percusivos de sonoridades orientales que bien podría haber escuchado en sus paseos por California o Nueva York, donde el compositor lisboeta completó su doctorado en música.
En el caso de City Walk, la atención de este flâneur-percusionista se centra tanto en la urbe que lo rodea como, de un modo especial, en su propio caminar, con sus ritmos entrecortados, pausas, tropezones y desplazamientos de objetos a su alrededor: convertidos, en el set de metales que utiliza el solista, en sonidos que van de lo aceradamente incisivo y concreto a lo expansivo y resonante: dos formas de mostrar las relaciones del yo con los contextos en los que nos movemos. Tanto en su manejo de estos timbres metálicos como en la explicitación de los distintos ritmos que pautan su paseo, Nuno Aroso está soberbio, en unas piezas finales del disco tocadas en solitario.
También a la experiencia de los espacios acústicos citadinos nos remite Vox Sum Vitae (2011); en este caso, a través de la memoria auditiva que João Pedro Oliveira guarda de una mañana de domingo en Alemania (país al que había viajado para tocar el órgano) en la que fue súbitamente despertado por decenas de campanas cuyos tañidos convocaban a los fieles al culto matinal. Ello despertó en Oliveira el recuerdo de otra campana que había visto con anterioridad en Estrasburgo, en la que leyó la inscripción que, finalmente, dio título a esta partitura: Soy la voz de la vida.
Por tanto, si Luigi Nono vio en su día una inscripción en el muro de un monasterio de Toledo que le comunicó ese concepto poético del caminar sin caminos que habría de marcar su última década de creación musical, en el caso de João Pedro Oliveira también una inscripción en la campana de un recinto religioso marcó el tono de una partitura de orgánico netamente noniano, pues al vibráfono solista lo acompaña aquí una electrónica predeterminada, si bien, en el caso del compositor lisboeta, la eclosión de campanadas que escuchamos —ésas que, hechas piano y cinta magnética como recuerdo de su reverberación sobre las aguas de Venecia, tan importantes fueron para Nono en la elegiaca …..sofferte onde serene… (1975-77)— adquieren un tono más festivo que fúnebre, más vital, en línea con el título de la obra y su llamada al despertar, al encuentro con la comunidad.
Al igual que en las partituras precedentes, Nuno Aroso nos vuelve a contagiar, en su interpretación de Vox Sum Vitae, de esa vitalidad que la propia partitura nos comunica y requiere, rubricando un disco primorosamente tocado; como primorosas son las grabaciones, efectuadas en estudio, lo que redunda en la transparencia de cada toma, en su fidelidad tímbrica y en la tan lograda definición de los espacios acústicos, tanto en las piezas para ensemble de percusión como en las partituras para solista.
Por lo que a la edición de este primer disco de AnTaural se refiere, ésta cuenta con una completa información de cada obra y registro fonográfico, así como con las biografías de Nuno Aroso y João Pedro Oliveira, incluyendo fotografías y unas escuetas notas en las que el compositor lisboeta nos suministra unos datos básicos sobre sus cinco partituras aquí reunidas. Así que, larga vida le deseamos al nuevo sello discográfico de Arte no Tempo.


