MURCIA / Elogio de la percusión

MURCIA / Elogio de la percusión

Murcia. Auditorio y Centro de Congresos ‘Víctor Villegas’. 25-X-2019. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Miguel Ángel Alemán, percusión. Directora: Virginia Martínez. Obras de Avner Dorman, María Rodrigo y Joaquín Turina.

La acertada y frecuente práctica de las orquestas por destacar a sus primeros atriles en las programaciones ha resultado muy positiva en el caso de este segundo concierto de la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, con la participación de su percusionista Miguel Ángel Alemán. El solista dejó constancia de esto mediante la interpretación de la obra Forzen in time del compositor israelí Avner Dorman, obra que se ha convertido en uno de los referentes del género concertante para percusión. Esto se debe al rigor de su composición, basada en un sucesivo puro detalle técnico-musical y una enorme carga emotiva. Sin lugar a duda, su puesta en acción ha significado un gran reto para solista, directora y orquesta del que han salido más que airosos logrando una de las ovaciones más intensas, prolongadas y unánimes que se recuerdan en el auditorio de Murcia.

El primer movimiento, Indoáfrica, se inició con pequeños desajustes métricos que resintieron el turbulento (a la vez que muy propio) sentido rítmico africano que anima su discurso y que llega a sobrepasar el mayor virtuosismo imaginable en un percusionista. Pronto, tales discordancias fueron subsanadas a partir de un lírico episodio situado hacia la mitad de este tiempo, que sirvió para que la variada recapitulación se manifestara encajada y en todo su esplendor rítmico. Para reafirmar tal conjunción, la serenidad de los sones del segundo, Eurasia, propició uno de los momentos más destacados de la interpretación. Resaltó el detalle con el que Miguel Ángel Alemán trató los instrumentos de metal, con los que dejó constancia de su alta musicalidad, especialmente en ese pasaje con el concertino invitado. En este caso fue el polaco Krzysztof Wisniewski, que puso ese delicado contrapunto con el que el compositor quiere producir una vez más la sensación de congelación temporal, intención sustancial que anima la inspiración de esta obra.

Con Las Américas, movimiento final de este magistral concierto, llegó el paroxismo. Orquesta y solista entraron en una especie de creciente coordinación y conjunción rítmicas con un asombroso efecto musical, convirtiéndose Virginia Martínez en centro catalizador de las variadas tensiones concertantes que se producen al pasar por los diversos estilos rockeros que contiene lo esencial de su carácter grunge music. El público, absorto y tensionado, se emocionaba al escuchar un pequeño recorrido por los distintos géneros propiamente americanos como el tango -en el que el concertino puso una vez más su gran sentido “diafónico”-, el jazz, el swing y hasta esos pasajes minimalistas, tratados con suma claridad en su identificación, antes de precipitarse a la recapitulación final. En esta última sección, el silencio dejó de producirse para que el solista, que activó con brillantez la casi totalidad de los elementos que integraban su batería de más de una veintena larga de instrumentos, llegara a la máxima espectacularidad de su interpretación. La programación de este concierto demuestra una vez más la inquietud de Virginia Martínez por conectar su orquesta con la música contemporánea, sopesando la aceptación del público con indudable acierto y calculada previsión; algo que ya ocurrió cuando incluyó, en la pasada temporada, el espectacular Concierto para clarinete de John Corigliano.

La segunda parte de la velada estuvo ocupada por dos autores españoles que fueron coetáneos: la madrileña María Rodrigo y Joaquín Turina.

De la primera se interpretó una pequeña obra de marcado carácter nacionalista: La copla intrusa, con la que Virginia Martínez se lució en los aires populares andaluces y maños que en esta obra se alternan y fusionan.

Acentuando el aspecto de música de programa, la directora hizo una versión de la Sinfonía Sevillana de Turina que diferenciaba claramente el doble carácter panorámico e idílico del primer tiempo, el cual trató con envolvente sonoridad. En el segundo, volvió a destacar el primer violín en la doble exposición temática y en el contrapunto subsiguiente al canto del corno inglés, predisponiendo a una acertada solución de las esencias camerísticas de este tiempo. Virginia Martínez leyó con gracia y desparpajo expresivo el bullicioso aire de la Fiesta en San Juan de Aznalfareche al resaltar el sentido nacionalista de esta pintoresca música. Esta termina siempre enganchando al público por su tratamiento melódico y el equilibrio de su estructura armónica.

Se cerraba así un concierto de manifiesto atractivo para el oyente por la espectacularidad de su primera parte, todo un elogio de la percusión, y el culto tratamiento folclórico español ofrecido en la segunda.