MURCIA / Cautivador Quinteto de la Filarmónica de Berlín

MURCIA / Cautivador Quinteto de la Filarmónica de Berlín

Murcia. Auditorio Víctor Villegas. 11-XII-2019. Quinteto de Cuerdas de la Filarmónica de Berlín. Solista: Miguel Ángel Tamarit (clarinete). Obras de Lanner, Mozart, Sarasate, Tartini, Chaikovski y Weber.

Inaugurando el Ciclo Grandes Conciertos del auditorio, se presentó este prestigioso quinteto de cuerdas que, desde hace doce años, ha significado una referencia en el panorama internacional de la música de cámara, al implementar con el contrabajo la formación de cuarteto de cuerdas con lo que supone de expansionar el sonido a un parámetro expresivo de curioso efecto orquestal. Sus fundadores, el violinista Romano Tommasini y el violista Wolfgang Talirz, pertenecientes a la plantilla de la Berliner Philharmoniker desde los últimos años de la titularidad de Karajan, mantienen el espíritu que les llevó crear esta prestigiosa formación contando en todo momento con brillantes compañeros en sus instrumentos como actualmente lo son el brasileño Luiz Felipe Coelho de primer violín, el violonchelista alemán de ascendencia sudamericana Claudio Bohorquez y el contrabajista polaco Janusz Widzyk. Actuaron acompañando al  valenciano Miguel Ángel Tamarit, uno de los más destacados clarinetistas españoles por su dilata experiencia y reconocido prestigio internacional.

Iniciaron el concierto con el famoso Quinteto para clarinete y cuerdas en La mayor, K 581 de Wolfgang Amadeus Mozart, obra singular del repertorio camerístico del gran compositor por la gran predilección que siempre tuvo por la sonoridad de este instrumento y el particular destino que le dio para acompañar musicalmente las ceremonias de la masonería a cuya hermandad pertenecía, intención que se percibe en la inspiración de esta obra. El quinteto berlinés acentuó este carácter en el allegro que la inicia permitiendo que el solista hiciera una hermosa exhibición lírica, efecto que se incrementó en el Larghetto contrastado por el asordinado sonido de la cuerda, convirtiéndose en el momento culminante de su interpretación. Un particular sentido idílico dieron al segundo trío del minueto, con el que Tamarit imitaba sonoridades pastoriles, llegando a las variaciones del Allegretto final con unos músicos pletóricos de emoción como se pudo confirmar en el estallido de alborozo expresado en la coda. Ante la muy positiva respuesta del público, el solista ofreció un bis con una adaptación de la brillante Fantasía de concierto sobre motivos de Rigoletto de Verdi que, desde que la compusiera el famoso clarinetista Luigi Bassi en el siglo XIX, se ha convertido en una de las piezas favoritas para clarinete, con la que este instrumento alcanza una especial relevancia lírica, que brillantemente expuso el solista para levantar nuevamente un redoblado aplauso.

La segunda parte fue dedicada a dar una especie de carrusel solístico de cada uno de los componentes del quinteto después de tres piezas del vienés Josef Lanner, dos galopes y un vals pegadizos de gran efecto para el oyente por su bailable factura. El mayor lucimiento se produjo con el bullicioso Tarantel-Galop, Op. 125 compuesto para las fiestas de carnaval de 1838, con el que se pudo apreciar el conjuntado virtuosismo del quinteto.

El viola Wolfgang Talirz no terminó de brillar como solista en el Andante y Rondó Húngaro, Op. 35  de Carlos María von Weber, lo que si logró el primer violín en el Trino del diablo de Giuseppe Tartini como, de forma aún más lucida, interpretó el violonchelista el Andante cantabile del Primer Cuarteto de Chaikovski enfatizando su cadencia final. Se cerró el programa con Navarra, un dúo concertante para dos violines y cuerdas que compuso Pablo Sarasate en homenaje a su tierra de origen. Dialogaron en esta pieza, estructurada en forma sonata, para deleite de público, mostrando todo el virtuosismo de su contenido y haciendo gala de una perfecta comprensión del carácter español de sus sones, lo que terminó de entusiasmar al auditorio.

Para terminar y fuera de programa, Janusz Widzyk  se adelantó en la disposición de la formación para adquirir máximo protagonismo presencial con una obra muy valorada por los admiradores de la posibilidades sonoras del contrabajo; Fantasía sobre un tema de ‘La Sonámbula’ de Bellini compuesta por Giovanni Bottesini, obra que produjo un impacto en los oyentes por los contrastes tímbricos y expresivos a los que se veía sometido el instrumento. Fue la guinda de una actuación de música de cámara de máxima excelencia.