MÚNICH / Siete vidas

MÚNICH / Siete vidas

Múnich. Bayerische Staatsoper. 5-IX-2020. 7 Deaths of Maria Callas. Música de Marko Nikodijević y escenas de Vincenzo Bellini, Georges Bizet, Gaetano Donizetti, Giacomo Puccini y Giuseppe Verdi. Hera Hyesang Park, Selene Zanetti, Leah Hawkins, Kiandra Howarth, Nadezhda Karyazina, Adela Zaharia, Lauren Fagan. Director musical: Yoel Gamzou. Director de escena: Marina Abramović.

Cuando Marina Abramović fue a Madrid para participar en el proyecto de Bob Wilson, ya barruntaba la idea de crear una ópera en torno a María Callas y las siete muertes de sus heroínas. Han pasado ocho años y la artista serbia ha podido estrenar este proyecto en Múnich. Muy probablemente quiso hacerlo con Gerard Mortier y su desaparición retrasó el proyecto. Mientras, en febrero de 2018, debutó como directora de escena en el Pelleas et Mélisande de la Ópera de Flandes. En su último año al frente de la Ópera de Baviera, Nikolaus Bachler ha asumido el proyecto. Debería haberse estrenado en la primavera pasada, pero la pandemia lo impidió, así que Seven Deaths of Maria Callas ha sido la propuesta que ha abierto una temporada atípica.

«Uno de mis proyectos futuros para la ópera versa sobre siete muertes de mujeres —¡porque en la ópera las mujeres siempre mueren!— y lo hacen por diferentes motivos: por el país, por los celos, por el sacrificio, por la enfermedad. Y también de diferentes maneras: estrangulamiento, en el fuego, enterrada viva, de tuberculosis…es algo asombroso pero en nuestra percepción de esas muertes, siempre nos ha gustado la muerte estética. Nos gusta la muerte que vemos en el teatro, en el cine, porque es tan hermosa de cerca, y cómo mueren… pero cuando vemos la muerte real en televisión, cuando realmente vemos las terribles historias del mundo de hoy, cambiamos de canal porque no la queremos ver. Para mí es algo interesante de explorar y quiero hacerlo con la música de María Callas, soy muy fan». Así es como se dirigía a un grupo de periodistas Marina Abramović durante aquellos ensayos que le trajeron al Teatro Real de Madrid. En la distancia, las palabras poseen ese misterio que rodea a los sincronismos. Partió de las siete arias de María Callas como si fueran una extensión de la propia vida para luego fundirlas en el escenario en el último sueño de María-Marina, ante un patio de butacas semivacío, con la misma muerte, la real, moviéndose entre el espacio dejado por las medidas de seguridad por la pandemia del coronavirus.

En una estancia que recuerda al dormitorio de María Callas, Marina duerme plácidamente y sobre ella surgen los recuerdos de siete de sus heroínas: l Entre cada una, un pequeño ensayo fílmico, obra del videoartista Nabil Elderkin, reflexiona sobre las palabras, las circunstancias de cada una de las muertes. Así se va desgranando cada aria, interpretada por una cantante diferente, vestida como una limpiadora. Destacó la escena de la locura de Adela Zaharía, brillante en las agilidades y con un fraseo soberbio. También la Norma de Lauren Fagan y la Cio-Cio-San de Kiandra Howarth. La mezzo Nadezha Karyazina nos mostró una Carmen distinta, más íntima y recogida, que sorprendió bastante por sus buenas maneras. Tras las siete arias, el protagonismo lo vuelve a cobrar el escenario. Marina-María se levanta de la cama, pasea por sus recuerdos y alguno de los pensamientos que acabamos de ver en las piezas fílmicas. Enciende un viejo tocadiscos. De él sale la voz de la Divina. Por un momento creemos adivinarla en los gestos de Marina, enfundada en un cegador vestido dorado. Y de repente, todo se interrumpe. Negro. Aplausos.