Muere a los 79 años el compositor valenciano José Evangelista

El pasado 10 de enero fallecía en Montreal el compositor español José Evangelista, uno de los creadores más brillantes de su generación, que había desarrollado casi toda su carrera en Canadá, que incluso había adquirido aquella nacionalidad aunque nunca renunció a su españolidad y a sus raíces valencianas.
Evangelista había nacido en Valencia el 5 de agosto de 1943 y sus primeros estudios fueron de física, tema en el que se licenció en la universidad, aunque luego se formó compositivamente en el Conservatorio de su ciudad natal, principalmente con un ilustre maestro como era Vicente Asencio, a su vez casado con una importante compositora como era Matilde Salvador. Precisamente Evangelista se casaría con una hija de estos dos creadores musicales que constituían así una interesante dinastía musical.
En 1970 tuvo la ocasión de trasladarse a Canadá, donde estudiaría también con dos de los más eminentes músicos de aquel país: André Prévost y Bruce Mather, y a partir de 1979 fue docente en la Universidad de Montreal hasta su jubilación en 2009. Obtuvo un Doctorado en 1983. Su integración en la escena musical canadiense fue completa y llegó a ser compositor residente de la Orquesta de Montreal de 1993 a 1995.
Aunque en su lenguaje musical tenían influencia las corrientes más avanzadas de su tiempo, tanto europeas como americanas, y no era ajeno a investigar en la música antigua y tradicional de España, Evangelista sintió una fascinación por la música de Oriente, especialmente por la indonesia, y así pasó varias temporadas estudiando el gamelán balinés en Denpasar y el javanés en Yogyakarta donde también fue compositor residente. Estas experiencias, así como otras con la música birmana, se reflejaron a menudo en sus composiciones, tanto desde el punto de vista del timbre como de la métrica.
Tengo la impresión de que en España no se le conoció en la medida que merecía, aunque en 1974 fue brillante ganador del Concurso Arpa de Oro, por entonces el más prestigioso que existía, y en 1983 fue premiado por el Ministerio de Cultura por su obra Visión en torno a la figura de Santa Teresa de Jesús. También fue jurado en algunos certámenes de importancia, como los de composición de la Fundación BBVA, pero en general su obra ha sido tocada entre nosotros menos de lo que su calidad requeriría. La obra con la que ganó el arpa de oro ,En guise de tête, tuvo un importante éxito en su momento cuando fue estrenada por José María Franco Gil y también llevada por él al disco pero es una obra que, al menos que me conste, no se ha vuelto a programar por estos lares. También se cantó bastante en su momento la obra coral Coros tejiendo, voces alternando .
En Canadá tuvo eco su ballet de 1983 Rudolph y muy especialmente O Bali de 1983, que recogía sus experiencias con la música indonesia. Pero nunca olvidó unas raíces hispánicas que aparecen como motivo inspirador en muchas obras de su amplia etapa canadiense. Así, Monodías españolas, una obra de 1988 que constituye su máxima aportación al piano y que ha sido frecuentemente interpretada en América y en algunos centros europeos. En la misma línea están Airs d’Espagne de 1992 y Cancionero de 2001.
En el último tramo de su carrera se interesó con éxito en la ópera. En 2000 compone en este género Exercises de conversation et de diction française pour Étudiants Américains (Ejercicio de conversación y dicción francesa para estudiantes americanos) sobre un texto de Ionesco, que se estrenó en Lyon, y en 2001 Manuscrit trouvé à Saragosse (Manuscrito encontrado en Zaragoza) sobre la célebre novela de Jan Potocki, estrenada con éxito en Montreal.
José Evangelista recibió en 2019 el Premio de la Fundación Serge Garant, uno de los mayores galardones que puede obtener un compositor en Canadá. Su obra es muy conocida en el que era su país de residencia y también en diversos círculos musicales de América y Europa, singularmente de Francia. Para España, el país al que nunca renunció y cuya música glosó varias veces, sigue siendo un tema pendiente el conocerla mejor. Quizá su fallecimiento pueda mover a que su obra se conozca aunque sea póstumamente, pues se trata de un autor con mucha personalidad y con música muy atractiva.
Tomás Marco


