MORELLA / Del amor sacro al amor profano

MORELLA / Del amor sacro al amor profano

Morella. 16-VII-2021. Iglesia Arciprestal de Santa María la Mayor. Èlia Casanova, soprano. Cor de la Generalitat Valenciana. Capella de Ministrers. Director: Carles Magraner. Cantigas de Santa María y extactos del Llibre Vermell de Montserrat, del Misteri d’Elx y del Cant de la Sibil.la. • Iglesia de San Juan. Delia Agúndez, soprano. Pablo Márquez, clave. Obras de Monteverdi, Frescobaldi, B. Strozzi, Dowland, Purcell y Marín.

Desafiando a la pandemia y a su retahíla de infaustas consecuencias (sin ir más lejos, Patrizia Bovi, la gran especialista italiana en música medieval ha tenido que cancelar a ultimísima hora su actuación esta noche), la décima edición de Early Music Morella echó a andar ayer con un fastuoso concierto de Capella de Ministrers en la imponente Iglesia Arciprestal de Santa María la Mayor, una de las grandes joyas góticas de la región valenciana. A los pies del grandioso retablo del altar mayor (que no es gótico, sino churrigueresco), el conjunto que dirige Carles Magraner conjugó el tema recurrente de este año —el amor a Santa María— con el objetivo de rendir homenaje a Alfonso X, el rey sabio, en el 800º aniversario de su nacimiento.

Junto a la soprano Èlia Casanova y a doce voces (seis femeninas y otras seis masculinas, todas ellas embozadas) del Cor de la Generalitat Valenciana, Magraner y los suyos recurrieron a una inacabable panoplia de instrumentos (violas, laúdes, vihuela de péñola, arpa gótica, flautas, aulos, chirimía, cornamusas…) para afrontar un popurrí elaborado a base de esos grandes títulos de la música medieval española: Cantigas de Santa María, Llibre Vermell de Montserrat, Misteri d’Elx y Cant de la Sibil.la, además de algún texto, convenientemente musicado, del Libro de horas del rey Martín I de Aragón.

Todo es sorprendente en Morella, que desde 2012 pertenece a la Federación Internacional de los Pueblos más Bonitos del Mundo. Hasta el sonido de la Arciprestal de Santa María lo es. Se dice que los grandes templos góticos y barrocos poseen una acústica tan reverberante que resulta inadecuada para cualquier tipo de música. Pero la de este templo es una acústica cálida y cercana. Tanto, que uno tiene la sensación de estar asistiendo a un concierto en el salón de su casa antes que en una edificación de proporciones tan mastodónticas.

La voz de Èlia Casanova es un tesoro. Lo es en cualquier tipo de repertorio, pero especialmente en este. Su forma de entender y de sentir esta música la convierte en una artista difícilmente parangonable. En galaicoportugués, en catalán, el latín… la cantante valenciana aureoló con su bellísima voz tan sobrecogedora música, que es parte nuclear de la historia de Europa y de lo que hoy es, nos guste o no, la sociedad occidental. Los miembros del Cor de la Generalitat Valenciana estuvieron espléndidos, atentamente dirigidos por un Magraner que evidenciaba estar disfrutando más que nadie en la velada.

Con el tiempo justo para un refrigerio, llegó el turno, en la Iglesia de San Juan, de la soprano Delia Agúndez y del clavecinista Pablo Márquez, con un programa titulado Voces amantes que proponía un recorrido por el primer Barroco de Italia, Inglaterra y España de la mano de Monteverdi, Barbara Strozzi, Frescobaldi, Dowland, Purcell, Byrd, Marín o Cabanilles. En el lienzo encontrábamos algunos de los grandes éxitos vocales de este periodo musical: Se dolce e il tormento, Che si può fare, Se l’aura spira, Come again sweet love, Flow my tears, Can she excuse my wrongs, Vuestra belleza señora, No piense Menguilla, Ojos pues me desdeñáis…

De nuevo, la sensación de estar en el salón de tu casa mientras una tenue voz de terciopelo te va susurrando al oído estas delicatessen que cantan al amor profano y que ponen sobre el tapete ese inacabable arsenal de afectos y de efectos de que eran capaces aquellos impenitentes experimentadores del Barroco temprano. Pocos como Monteverdi o como Dowland han sido capaces de tocar con tanta hondura la fibra más sensible del corazón humano.