MILÁN / Salsi y Netrebko, poco adecuados para el ‘Macbeth’ verdiano

MILÁN / Salsi y Netrebko, poco adecuados para el ‘Macbeth’ verdiano

Milán. Teatro alla Scala. 7-XII-2021. Verdi, Macbeth. Luca Salsi, Anna Netrebko, Ildar Abdrazakov, Francesco Meli. Director musical: Riccardo Chailly. Director de escena: Davide Livermore.

En las críticas aparecidas del estreno del Macbeth que abría la temporada de la Scala, fueron unánimes los elogios a la dirección de Chailly, que me pareció también el principal protagonista de esta nueva producción por la densidad y la pertinencia dramática de los colores de la orquesta, por la riqueza de los matices y por la tensión mantenida a lo largo de todo el espectáculo, incluso con tempi más bien lentos. Sin embargo, en la segunda representación, la que escuché yo en directo, la orquesta siempre se excedió algo con las voces. En cualquier caso, fue la suya una actuación de relieve.

Los dos protagonistas, Luca Salsi y Anna Netrebko, se encuentran entre los cantantes más reconocidos de la actualidad y han tenido actuaciones notables en los últimos tiempos, pero carecen de las cualidades ideales para Macbeth y Lady. A Salsi se le atribuye una gran búsqueda de la sutileza y de los colores oscuros o asfixiados. Netrebko, por su parte, tuvo aquí evidentes dificultades en la escena y cavatina del Acto I, aunque luego prosiguió bien en líneas generales. Quizás la escena del sonambulismo requiera colores más apagados o tenues, tal vez la absurdidad del director de hacer cantar esta escena a seis metros de altura y con gestos irrelevantes resultara perjudicial. Sin embargo, fue verdadero lujo contar con Ildar Abdrazakov como Banco y Francesco Meli como Macduff. Ambos estuvieron excelentes, al igual que lo estuvieron todos los comprimarios.

En el espectáculo de Livermore y sus colaboradores habituales (decorados de Giò Forma, vestuario de G. Falaschi, iluminación de A. Castro y vídeo de D-Wok) resulta sugerente la idea de un escenario contemporáneo entre proyecciones de paisajes metropolitanos de pesadilla, imágenes que evocan un mundo “distópico” (como le gusta decir a Livermore). Pero uno tiene la impresión de que las nuevas tecnologías y tanta sucesión de trucos, a veces eficaces pero más a menudo cuestionables, enmascaran los límites de una verdadera dirección escénica.