MEMORIA MUSICAL 2019 / Los que nos dejaron

MEMORIA MUSICAL 2019 / Los que nos dejaron

Lamentablemente, han sido muchos y muy significativos los personajes de la música clásica que nos dejaron en 2019, desde el compositor español Joan Guinjoan, fallecido el 1 de Año Nuevo, hasta el tenor alemán Peter Schreider, fallecido el día de Navidad. Vaya desde aquí nuestro más sentido homenaje a todos ellos. Se fueron, pero siempre nos quedará su arte.

 

JOAN GUINJOAN (Ruidoms, 1931 – Barcelona, 2019)

Con el primer día del año nos dejaba el compositor y pianista Joan Guinjoan. Junto a autores como Benguerel, Mestres Quadreny y Soler, representaba lo mejor y más característico de la rama catalana de la Generación del 51, la que implantó en España las corrientes de la vanguardia serial, electrónica y subsiguientes. Siempre se sintió orgulloso de sus orígenes payeses que forjaron su carácter e hicieron de él un infatigable trabajador de la música. Poseedor de una gran obra que evolucionó desde la vanguardia estándar a posiciones variadas e investigativas de brillante originalidad, su ópera Gaudí (2004) o su ballet Trencadis representan su dedicación escénica. Compuso tres importantes sinfonías y el Concierto para piano y orquesta en memoria de Ernest Lluch. Fue Premio Nacional de Música en 1994 y ganó el Tomás Luis de Victoria en 2004.

 

THEO ADAM (Dresde, 1926 – Dresde, 2019)

Bajo-barítono especializado en el repertorio wagneriano, Theo Adam fue niño cantor en el Dresdner Kreuzchor, para estudiar posteriormente canto con Rudolf Dietrich. Su debut profesional tuvo lugar en su ciudad natal en 1949, en el papel de Ermitaño de El cazador furtivo, el mismo papel y el mismo teatro de su última actuación en público, en 2006. Poseía una voz leñosa, de generoso caudal, no muy rica en armónicos, una gran extensión y era muy seguro, aunque de emisión algo inestable. Intervino en el Festival de Bayreuty entre 1952 y 1980, llegando a cantar varios papeles de un mismo título (Amfortas, Gurnemanz y Titurel, de Parsifal; Sachs y Pogner, de Los maestros cantores). Debutó en el Liceu de Barcelona con Titurel en 2005, a la asombrosa edad de 78 años.

 

MICHAEL GIELEN (Dresde, 1927 – Mondsee, 2019)

Gielen tuvo que emigrar a Argentina en 1940, junto a su familia, debido a que su madre era judía. Sobrino del pianista Eduard Steuermann, que había sido alumno de Schoenberg, Gielen maduró muy pronto el interés por la música de vanguardia. Cuando en la década de los 50 regresó a Europa, la ópera y el repertorio contemporáneo se convirtieron en su doble especialidad. Sobre todo, en este último mantuvo un papel muy destacado, asegurando el estreno de obras como el Requiem de Ligeti o Die Soldaten de Zimmermann. El reconocimiento público le llegó, ya en los años 90, con su aclamada grabación de la integral de las sinfonías de Mahler con la Orquesta de la SWR de Baden-Baden y Friburgo, editada por el sello Hänssler.

 

ANDRE PREVIN (Berlín, 1929 – Nueva York, 2019)

Fue uno de los rostros más conocidos de la televisión británica en la década de los 70, gracias a las retransmisiones de sus conciertos con la Orquesta Sinfónica de Londres, a sus apariciones en la comedia Morecambe o en anuncios televisivos para Thorn-Emi. Nadie gozó de un reconocimiento tan masivo como él, ni nadie vendió más discos que él. Sus más feroces enemigos, entre ellos, los grandes popes de la música clásica, no asimilaron su éxito y lo consideraban como un simple compositor de Hollywood que pretendía hacerse pasar por un director serio, pero los músicos respondían con entusiasmo a su enfoque desprejuiciado. Sus once años al frente de la LSO supusieron la cima de carrera como director. Fue también director aclamado al frente de orquestas como las de Houston, Pittsburg, Los Ángeles y Oslo. Sus constantes matrimonios (con Mia Farrow o Anne-Sophie Mutter, entre otros) lo mantuvieron en el centro del cotilleo internacional durante mucho tiempo.

 

JÖRG DEMUS (Sankt Pölten, 1928 – Viena, 2019)

El pianista austriaco Jörg Demus fue alumno de Josef Krips y Hans Swaroswky, por lo que, en su juventud, parecía predestinado a la dirección orquestal. Se decantó finalmente por el piano tras estudiar en París con Yves Nat. Fue más tarde alumno, entre otros, de Arturo Benedetti-Michelangeli, Edwin Fischer, Wilhelm Kempff y Walter Gieseking. Fue un magnífico intérprete del repertorio clásico y romántico, en especial, de Schumann, del que grabó una integral de su música para piano. También dejó otra integral de la música para piano de Debussy. Junto a su compatriota y colega Paul Badura-Skoda, fue pionero de la interpretación al fortepiano del repertorio del siglo XIX, realizando en 1970 la primera grabación de la sonata Waldstein de Beethoven en un instrumento de época (un Broadwood de 1802).

 

PAUL BADURA-SKODA (Viena, 1927 – Viena, 2019)

Estudió con Edwin Fischer y cultivó con intensa devoción, además de su carrera como pianista, la faceta de investigador, musicólogo, editor y apasionado coleccionista de fortepianos de época. Era una persona abierta, divertida, gran conversador y experto conocedor de muchos compositores, pero sobre todo de Mozart, Beethoven, Haydn y Schubert. Como buen discípulo de Fischer, se preocupaba más por el fraseo expresivo, bien construido y servido por un sonido cuidado que por la perfección mecánica, que nunca fue su fuerte ni su prioridad. Era eso que conocemos como un músico de sólido criterio, siempre elegante y expresivo. Jamás aburrido ni caprichoso. Pero fue además un valioso y expertísimo editor musical. Frecuente compañero de otro Jörg Demus, Badura-Skoda dejó algunas grabaciones preciosas para dúo de pianistas.

 

FRANCO ZEFFIRELLI (Florencia, 1923 – Roma, 2019)

Sus primeros pasos en el mundo del cine los movió como ayudante de Luchino Visconti, con el que compartió el amor por la ópera. A mediados de los 50, empezó a imponerse como director escénico en el ámbito operístico, ligando su nombre a importantes producciones en los más prestigiosos teatros líricos del mundo. Sus montajes destacaban por la aparatosidad de las escenografías, así como por la minuciosa reconstrucción de los ambientes, mientras que su dirección de los cantantes buscaba subrayar los aspectos más exquisitamente sentimentales del argumento. Emblemáticas de estas dos tendencias son sus producciones de Aida y La Bohème. Llevó a la pantalla La traviata y Otello de Verdi (ambas, con Plácido Domingo como protagonista), y fue, asimismo, gran amigo y admirador de Maria Callas, a la que dirigió en Tosca en el Covent Garden de Londres (1964) y a la que dedicó en 2002 la película Callas forever.

 

ANNER BYLSMA (La Haya, 1934 – Ámsterdam, 2019)

Fue uno de los pioneros del historicismo musical y uno de los más destacados violonchelistas barrocos de los tiempos modernos. Formó parte, junto a Gustav Leonhardt, Jaap Schröder y Frans Brüggen del Concerto Amstedam, primer grupo que interpretó y grabó música tal y como se tocaba en el Barroco, aunque utilizando al principio instrumentos modernos. En realidad, ni se llamaba Anner ni se apellidaba Bylsma: su nombre de pila era Anne y la grafía de su apellido era Bijlsma, pero se la cambiaron, por motivos comerciales, los británicos. Había estudiado en el Conservatorio de La Haya con Carel van Leeuwen Boomkamp, entre 1950 y 1955. En 1958, ganó el Concurso Pablo Casal de México. Fue primer violonchelista de la Orquesta del Concertgebouw en los años 60. Entre sus innumerables grabaciones, destacan dos (Seon, 1979 y Sony, 1992) de las Seis suites para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach, la segunda, con el único violonchelo Stradivarius, propiedad de la Smithsonian Instritution, que permanece tal y como en su día. Aquejado de una lesión irreversible en el brazo, llevaba años inactivo, aunque seguía dando consejos, de manera desinteresada, a quienes se acercaban a su casa de La Haya.

 

HANS ZENDER (Wiesbaden, 1936 – Meersburg, 2019)

Zender desarrolló una notable carrera como director orquestal, especialmente vinculada a la Orquesta Sinfónica de la SWR de Baden-Baden y Friburgo, de la que se convirtió en miembro honorario en 2011. En 1964 fue nombrado director principal de la Ópera de Bonn. Posteriormente estuvo vinculado como director musical a la ópera de Kiel, antes de asumir en 1971 el puesto de director principal de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Saarbrücken. Entre 1984 y 1987 fue director musical de la Ópera Estatal de Hamburgo y, más tarde, de la Orquesta de la Radio Holandesa en Hilversum. Además de su trabajo como director de orquesta, Zender desarrolló una importante actividad en el terreno de la composición, impulsada a partir de sus estudios con Stockhausen en Colonia. Su catálogo está integrado fundamentalmente por obras orquestales y de cámara, con una importante presencia de la voz. Escribió también dos óperas, Stephen Climax (1979/84) y Don Quijote de la Mancha (1989/91), así como diversas obras de teatro musical. Sin embargo, la obra que le proporcionó mayor fama fue su magnífica reinterpretación para orquesta de cámara del ciclo vocal Winterreise de Franz Schubert. Muchas de sus composiciones fueron estrenadas en los míticos Donaueschinger Musiktage.

 

WERNER ANDREAS ALBERT (Weinheim, 1935 – Brisbane, 2019)

Alemán de nacimiento, pero nacionalizado australiano en la década de los años 90, la figura de Albert es posible que no diga demasiado a muchos aficionados de a pie. Sin embargo, cualquier melómano discófilo que eche un vistazo al catálogo del sello discográfico CPO se dará cuenta enseguida de la enorme importancia de esta infatigable figura de la dirección orquestal, pues se trata de uno de los más prolíficos y conspicuos exhumadores de repertorios ocultos de las tres últimas décadas. Nacido en Weinheim (Baden-Württemberg) en 1935, Albert estudió con Herbert von Karajan y Hans Rosbaud. Fue titular de la Nordwestdeutsche Philarmonie y más tarde de la Orquesta Gulbenkian de Lisboa y de la Sinfónica de Núremberg, desarrollando una amplia actividad como director invitado. A partir de los años 90, tuvo una importante presencia en la vida musical australiana (fue titular, desde 1995, de la Orquesta Sinfónica de Queensland).

 

ROLANDO PANERAI (Campi Bisenzio, 1924 – Florencia, 2019)

El barítono Rolando Panerai fue una de las más relevantes figuras de la ópera durante la segunda mitad del siglo XX. A lo largo de una importantísima y dilatada carrera que se extendió desde mediados del siglo XX hasta bien entrado el siglo XXI, Panerai cantó prácticamente todos los grandes papeles para barítono del repertorio italiano junto a compañeros como Maria Callas, Renata Tebaldi, Giuseppe Di Stefano, Alfredo Kraus, Giacomo Lauri-Volpi, Luciano Pavarotti, Carlo Bergonzi, Mirella Freni, Sena Jurinac, Renata Scotto, Teresa Berganza, Dietrich Fischer-Dieskau, Fedora Barbieri, Leyla Gencer o Boris Christoff. Fue un eximio mozartiano y hasta un magnífico —aunque ocasional— straussiano. Trabajó a las órdenes de los más importantes directores de la segunda mitad del XX, de Karajan a Bernstein, de Giulini a Barbirolli, de Cantelli a Muti… Se puso a las órdenes de titanes del teatro como Strehler, Visconti o Zeffirelli. A pocas figuras del canto les encajaba tan bien el trillado apelativo de “leyenda viva de la ópera”.

 

ALICIA ALONSO (La Habana, 1920 – La Habana, 2019)

El mundo de la danza se vistió de luto el 17 de octubre para despedir a la bailarina cubana Alicia Alonso, fallecida a los 98 años. Alonso fue una de las grandes figuras del ballet internacional. Solista del American Ballet entre 1939 y 1940, fue uno de los miembros fundadores del American Ballet Theatre, con el que se impuso en uno de sus papeles fetiche, el de Giselle. Colaboradora de los más importantes coreógrafos del siglo XX, fue también estrella invitada de los Ballets Rusos de Montecarlo, siendo la primera bailarina occidental en actuar en la Unión Soviética. Paralelamente, fundó y dirigió desde 1948 el Ballet Alicia Alonso, que posteriormente se convertiría en el Ballet Nacional de Cuba, con el que dio un impulso decisivo al desarrollo y a la proyección del ballet en todo Hispanoamérica. Pese a que llevaba fuera de los escenarios desde 1995, su vida en el mundo de la danza la acompañó hasta el último momento, pues seguía al frente del Ballet Nacional de Cuba, labor que pudo desempeñar pese a su ceguera.

 

MARCELLO GIORDANI (Agusta, Sicilia, 1963 – Agusta, Sicilia, 2019)

El tenor italiano Marcello Giordani falleció un ataque cardíaco cuando se encontraba junto a su familia en su casa de Monte Tauro, en la ciudad de Augusta (Sicilia). Giordani tenía 56 años y se encontraba en la cúspide de una importante carrera que le había llevado a cantar en los principales teatros de ópera del mundo. Pocas semanas antes de su fallecimiento había cantado el papel de Calaf en la pucciniana Turandot en el antiguo teatro de Taormina y en el teatro griego de Siracusa, ambos en Sicilia, de donde era nativo. Giordani era bien conocido por el público español, al haber actuado en diversas ocasiones en el Teatro Real, en el Liceu de Barcelona, en la temporada de la ABAO y en la temporada lírica de La Coruña. Su cálida voz se había paseado por todos los principales escenarios líricos del planeta, como el Teatro alla Scala de Milán, el Metropolitan de Nueva York, la Staatsoper de Viena, la Ópera de París y la de Zúrich. Tenía en su repertorio unos cincuenta títulos operísticos, aunque fue Calaf el que más queda asociado a su figura.

 

UMBERTO GRILLI (Pavía, 1934 – San Genesio ed Uniti, 2019)

Fue la década de los años setenta del siglo XX la que conoció el mayor impulso profesional del tenor Umberto Grilli, quien falleció el 4 de octubre a los 85 años. Grilli llevaba varios años enfermo, y tres décadas retirado. Disfrutó de un gran impulso profesional a nivel internacional al protagonizar Riccardo en la recuperación de la primeriza partitura verdiana Oberto, al lado de Angeles Gulín en 1977. A lo largo de su carrera, se exhibió al lado de insignes colegas sopraniles (Leyla Gencer, Mirella Freni, Adelaida Negri, pero sobre todo Renata Scotto), sin por ello quedar ninguneado por semejantes personalidades. Cantante de bastante versatilidad por estéticas y por exigencias vocales, facilitadas por un timbre de moderada potencia, pero nunca sordo, inequívocamente mediterráneo, de agudos fáciles y emitidos buscando a menudo el favor del loggione. Su canto era en alguna medida cuidado y sobre todo seguro, asimismo de características italianas, su expresividad sobria.

 

GIYA KANCHELI (Tiflis, 1935 – Tiflis, 2019)

El compositor georgiano Giya Kancheli, uno de los más destacados y personales exponentes de la música tardosoviética y postsoviética, falleció en un hospital de Tiflis a los 85 años. Autor de un amplio catálogo dominado por la escritura orquestal, Kancheli cultivó un estilo poderosamente tonal caracterizado por extensos arcos melódicos de angustiado lirismo que suelen culminar en lacerantes estallidos de gran violencia sonora. Kancheli se dio a conocer a mediados de los años setenta, fundamentalmente gracias a su Tercera sinfonía que incorporaba una voz de tenor sin palabras. Su despegue definitivo no se produciría hasta el colapso del bloque soviético. A partir de los años noventa, su obra empezó a ser difundida por Europa y los Estados Unidos, recibiendo numerosos encargos. Su música (que incluye piezas de cámara y corales, así como un nutrido corpus para el cine) ha contado con defensores del empaque de Kurt Masur, Yuri Temirkanov, Dennis Russell Davies, Gidon Kremer, Yuri Bashmet, Kim Kashkashian, Mstislav Rostropovich y el Kronos Quartet.

 

JESSYE NORMAN (Agusta, Georgia, 1945 – Nueva York, 2019)

La soprano Jessye Norman, una de las grandes voces femeninas de las últimas décadas del siglo XX, falleció en un hospital de Nueva York por complicaciones derivadas de una lesión de médula espinal que arrastraba desde hacía cuatro años. Un fallo multiorgánico y un shock séptico fueron los causantes de su muerte, a los 74 años. Nacida en Augusta (Georgia, 1945), la carrera de Norman arrancó a finales de los sesenta como Elisabeth en el Tannhäuser de Wagner en la Ópera Estatal de Berlín. En los 80 se convirtió en una de las sopranos más destacadas y una de las voces más emblemáticas y reconocibles del panorama lírico internacional. Fue una presencia asidua en el Metropolitan de Nueva York, donde debutó en 1983. Con un repertorio amplísimo, que abarcaba desde el barroco (Dido y Eneas de Purcell) hasta el siglo XX (Diálogos de carmelitas de Poulenc, Erwartung de Schoenberg, Ariadna en Naxos de Strauss…), su voz potente y a la vez cálida y aterciopelada ofreció sus mejores pruebas en Wagner, Strauss y Berlioz.

 

MÁRTA KURTÁG (Esztergom, 1927 – Budapest, 2019)

La pianista húngara Márta Kurtág, esposa del compositor György Kurtág, con quien contrajo matrimonio en 1947, falleció en Budapest a los 91 años. Alumna en la Academia Franz Liszt de Budapest de István Antal, Lajos Hernádi y Pál Kadosa, la carrera y la vida de Márta estuvieron profundamente ligadas a la obra musical de su esposo, considerado desde hace décadas como uno de los grandes clásicos vivos. Muchas de las obras para piano de Kurtág fueron escritas para ser interpretadas a cuatro manos junto a Márta. Quedan numerosos testimonios tanto visuales como fonográficos de los conciertos protagonizados por el matrimonio Kurtág, aunque ello no agota el desempeño interpretativo de Márta, que queda recogido también en su registro de las Variaciones Diabelli de Beethoven

 

HELGA SCHMIDT (Viena, 1941 – Piamonte, 2019)

Helga Schmidt falleció a los 78 años como consecuencia de una larga enfermedad. Fue una de las personalidades más influyentes del mundo de la lírica de los últimos cincuenta años. Su carrera profesional comenzó como asistente del director general del Festival de Viena, cuando apenas contaba 21 años. Dos años después, fue contratada por la Ópera de Viena, donde trabajó diez años codo con codo con Karajan. A mediados de los años 70, dejó Viena para ocupar en Londres el puesto de directora artística del Covent Garden, primera mujer en desempeñar un puesto que entonces parecía reservado al género masculino. Asesora artística de un innumerables instituciones y orquestas de primer rango (entre ellas, la del Concertgebouw de Ámsterdam y la Sinfónica de Londres), desde el año 2000 se sumergió en el proyecto del Palau de les Arts de Valencia, del que fue intendente desde su inauguración, en 2005, hasta 2015. Aglutinando a figuras como Lorin Maazel, Zubin Mehta o Plácido Domingo, Schmidt consiguió emplazar este nuevo centro lírico entre los mejores y más reputados de la escena internacional.

 

RAYMOND LEPPARD (Londres, 1927 – Indianápolis, 2019)

El clavecinista, compositor y director de orquesta británico Raymond Leppard fue uno de los grandes impulsores en la década de los 70 del pasado siglo del renacimiento de la música barroca, siendo uno de los primeros directores de orquesta en dirigir sistemáticamente óperas del primer barroco, en especial las de Claudio Monteverdi y Francesco Cavalli. Tras cursar estudios de clave y de viola en el Trinity College de Cambridge (del que sería director), en 1952 realizó su debut en Londres al frente de su propio Leppard Ensemble. En 1973, fue nombrado director principal de la Orquesta Sinfónica de la BBC en Mánchester, puesto en el que permanecería hasta 1980. A partir de los años 80, Leppard inició una intensa colaboración con orquestas norteamericanas, entre ellas la Filarmónica de Nueva York y la Orquesta de Indianápolis, con la que mantuvo una estrecha relación hasta el final de su carrera. Leppard dejó una abundante discografía (en su mayoría para los sellos Philips y Decca), entre la que se encuentran grabaciones pioneras de óperas de Purcell (Dido and Aeneas, con Jessye Norman), Haendel (Ariodante, con Janet Baker) Cavalli (La Calisto, también con Baker), Rameau (Dardanus, con Frederica von Stade), o Mozart (Bastien und Bastienne, con Edita Gruberova), muchas de ellas al frente de la English Chamber Orchestra, formación con la que mantuvo, asimismo, una larga y fructífera relación.

 

STEPHEN CLEOBURY (Bromley, 1948 – Nueva York, 2019)

El organista y director británico Stephen Cleobury falleció el 22 de noviembre pasado, día de Santa Cecilia, patrona de la música. Fue mundialmente famoso por haber sido durante casi cuarenta años director el celebérrimo coro del King’s College de Cambridge, así como de los no menos famosos BBC Singers entre 1995 y 2007. La salud de Cleobury había experimentado un dramático declive desde que en 2018 sufriera un accidente de bicicleta en Cambridge que le produjo serias lesiones en la cabeza. Cleobury era inmensamente popular en Gran Bretaña, en especial gracias a las retransmisiones televisivas navideñas del Festival of Nine Lessons and Carols, que cada Nochebuena acercaba su figura (y la de sus coristas) a millones de hogares británicos.

 

MARISS JANSONS (Riga, 1943 – San Petersburgo, 2019)

Mariss Jansons murió en su casa de San Petersburgo, como consecuencia de una enfermedad cardíaca de larga data. Tenía 76 años. A lo largo de los últimos meses, su salud se había deteriorado dramáticamente, desvaneciéndose en el podio de la Filarmónica de Viena y cancelando un concierto de la Radio Bávara en el Carnegie Hall. Mariss era un director sensacional, un hombre sensible y un maravilloso amigo además del maestro con la sonrisa más dulce. Hijo del director de orquesta letón Arvid Jansons y de su esposa judía, Araida, Mariss permaneció escondido durante su primera infancia en la Riga ocupada por los nazis. Durante los años en que Arvid era subdirector de la Filarmónica de Leningrado, Mariss memorizó su biblioteca musical y dirigió una bandeja llena de cerillas. Jamás nadie igualaría su precisión a la hora de situar la colocación de los músicos de orquesta. Retenido por las autoridades soviéticas por sus antecedentes étnicos, se le permitió finalmente salir a Gales en la década de 1970, donde un impresionante ciclo Chaikovski fue emitido por la televisión nacional, y a Oslo, donde se convirtió en director titular de su orquesta en 1979. Su padre Arvid murió cinco años más tarde en el norte de Inglaterra de un ataque al corazón después de dirigir la Halle Orchestra. En 1996 Mariss sufrió un ataque cardíaco casi mortal mientras dirigía Bohème en Oslo. Sólo la presencia de un médico de mente ágil y la proximidad de un hospital le salvaron la vida. Al año siguiente se convirtió en director musical en Pittsburgh, revitalizando la orquesta durante más de media década hasta que se cansó de los vuelos transatlánticos. A partir de 2002 dirigió la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, manteniendo su estatus como la mejor centuria de Alemania, detrás de Berlín. Paralelamente, ocupó la titularidad de la Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam entre 2004 y 2014. Entre sus aclamadas y épicas grabaciones se incluyen lecturas absolutamente magistrales de las sinfonías de Mahler y Shostakovich.

 

DALTON BALDWIN (Nueva Jersey, 1931 – Kunming, China, 2019)

El pianista norteamericano Dalton Baldwin falleció el 12 de diciembre a los 87 años. Los aficionados al Lied tendrán su nombre bien grabado en la memoria y en los oídos, pues Baldwin acompañó a algunas de las mejores voces de la segunda mitad del siglo XX. Su asociación con cantantes de la talla del barítono Gérard Souzay o la soprano Elly Ameling forman parte de la historia del género y sus grabaciones, más de un centenar, son referencias inexcusables para los melómanos. Baldwin acompañó también a Jessye Norman, José van Dam, Teresa Berganza y Mady Mesplé, entre muchos otros. También cultivó el género de cámara, al lado de distinguidos instrumentistas como el chelista Pierre Fournier o el violinista Henryk Szeryng, y mostró un sincero interés por la creación contemporánea. En los últimos años, se dedicaba con especial intensidad a impartir clases magistrales en todo el mundo.

 

PETER SCHREIER (Gauernitz, 1935 – Dresde, 2019)

El tenor alemán Peter Schreier falleció el día de Navidad en Dresde a los 84 años. Nacido en 1935 en la localidad sajona de Gauernitz, cerca de Meissen, Schreier se formó en la Alemania Democrática, y su carrera se extendió por un periodo de casi cincuenta años, desde su debut en 1959 (cantando un papel secundario en Fidelio) hasta su retirada en 2005 a causa de una enfermedad renal. Hasta la caída del muro de Berlín, el tenor trabajó indistintamente en las dos Alemanias, realizando numerosas grabaciones para el sello Eterna, la discográfica oficial de la DDR, así como para los principales sellos occidentales, en especial para Deutsche Grammophon. Destacado liederista y eximio mozartiano, Schreier cultivó fundamentalmente el repertorio germánico, de Bach a Pfitzner, incluyendo las óperas italianas de Mozart, que cantaba con un pronunciado acento alemán, aunque con un impecable estilo. Su voz no era especialmente bella (de hecho, se criticó con frecuencia su marcada nasalidad), pero lo compensaba con una depurada técnica y una genuina intensidad expresiva. Se prodigó en los principales escenarios del mundo, aunque mantuvo un vínculo especial con Salzburgo, festival del que fue asiduo durante más de tres décadas. Su despedida de los escenarios se produjo en el año 2000 con el personaje de Tamino, de la mozartiana Flauta mágica, quizá el papel más emblemático de su carrera. En paralelo a sus trabajos escénicos, Schreier desarrolló una notable carrera como liederista, convirtiéndose en uno de los más destacados especialistas del género durante la segunda mitad del siglo XX. En el último tramo de su carrera se dedicó también a la dirección orquestal, con especial inclinación por las pasiones de Bach, que dirigía previsiblemente a la vieja usanza.