‘Mathis der Maler’, un adelanto

‘Mathis der Maler’, un adelanto

En el próximo número de SCHERZO incluimos una reseña de la ópera Mathis el pintor, de Paul Hindemith (1895-1963), estrenada en 1938. Se trata de la única versión audiovisual comercializada hasta el momento de esta ópera cuya importancia es superior a su presencia en los escenarios.

Les avanzo la ficha, resumida:

HINDEMITH: Mathis der Maler. Wolfgang Koch, Manuela Uhl, Kurt Sreit.  Coro de la Filarmónica Eslovaca. Orquesta Sinfónica de Viena. Director: Bertrand de Bily. Director de escena: Keith Warner. Theater an der Wien, 2011. NAXOS 2.110692-92. 2 DVD.

Estas líneas tratan algunos aspectos que no se han podido desarrollar en el artículo que se publicará en noviembre.

Matthias Grünewald, pintor que en realidad se llamaba Mathias Gothardt Neithartdt, vivió a finales del siglo XV y falleció hacia 1528. Sus obras se atribuyeron a otros pintores durante unos cuatro siglos, pero en la década de 1920 se descubrió este importante artista. Es muy probable que el descubrimiento llevara a Hindemith a interesarse por esta figura casi desconocida, a quien más tarde dedicó su obra maestra, Mathis der Maler, estrenada en 1938 en Suiza, cuando Hindemith ya había emigrado, ya había abandonado la Alemania nazi que no quería saber nada de él. La obra más conocida del pintor es el políptico o Retablo de Isenheim (reproducimos el retablo central). Vivió en los tiempos revueltos de las guerras religiosas provocadas por la Reforma luterana y, sobre todo, durante la guerra de los campesinos. Precisamente, la guerra de los campesinos y el nuevo credo son los referentes de esta ópera, además de lo más destacado de ella: qué hace un artista (mentalidad del siglo XX) en medio de unos conflictos tan sangrientos y unos cambios políticos tan acelerados.

A esto nos referimos en el artículo. De momento, y en relación con el artista, su inspiración, su trabajo, su postura en tiempos revueltos, hay que llamar la atención sobre uno de los siete cuadros en que se divide la acción.

El cuadro sexto, el más amplio, es una obra maestra dramática y lírica. No es en rigor una situación dramática, sino onírica, y no tanto de sueño como de pesadilla que acarrea una epifanía; carece de lirismo, y tiene mucho de discusión política y teológica. La verdadera vocación de Mathis (aquello a lo que ha sido llamado) es su arte, y se ha desviado de él por la lucha, la guerra, la creencia. Y esto se lo acaba diciendo San Pablo eremita: “Allí donde solo hay lugar para la lucha y la sangre, el arte no puede florecer”. Es el cuadro de las tentaciones de San Antonio, y Mathis se transforma en el santo acosado por visiones e impulsos; es el cuadro que prefigura el Retablo, ya desde el comienzo, con el concierto de los ángeles, y más tarde con el desfile de visiones, como la Lujuria, la Pobreza, el Comerciante, el Señor de la guerra, papeles todos asumidos por los que cantaron cometidos en escenas anteriores. Hasta que San Pablo ermitaño viene a aliviarlo y liberarlo: “Hermano, líbrate de ese tormento infernal”. Este San Pablo lo interpreta el mismo cantante que hizo el papel de Albrecht, el cardenal arrastrado por la turbulencia del momento histórico.

En las óperas de Hindemith suelen llamar la atención los conjuntos, aunque hay una evolución o radical transformación ética y estética entre Asesino, esperanza de las mujeres y La larga cena de Navidad, esto es, entre 1921 y 1961, cuarenta años en los que ha pasado de todo. En Mathis, cuartetos, quintetos, con o sin coro, cierran con brillantez varios cuadros. Mathis es mejor ópera que Cardillac, pero los conjuntos de esta son insuperables. El cantábile de Hindemith suele ser áspero, y aquí en ocasiones es muy crispado. Así, a voces tan bellas como la de Manuel Uhl se les exige a menudo una convulsión que lleva al grito, en especial en el segundo cuadro. Su personaje, Ursula, es la que dice (canta) una importante frase en el cuadro V, en el que la acción dramática se desenvuelve a través de una discusión política entre los personajes principales: “Sabes bien cómo de la fe surge la intransigencia”, dice (canta) Ursula.

Como ya escribí en Scherzo hace tiempo (me permito algún añadido): Mathis der Maler es una ópera que solo podría haberse compuesto en el siglo XX que había conocido la gran guerra y el periodo de entreguerras. En ella se retrata una vida de artista dentro de una circunstancia histórica que lo determina, lo influye, lo estimula o, por el contrario, lo anula. En Cardillac, Hindemith todavía no dibujaba al artista, sino a un artesano enamorado de sus creaciones hasta el crimen. Era una de las variantes de la leyenda del llibreter assassí de Barcelona. Kepler, su mundo, su ciencia, su conflicto con las vigencias de su tiempo, serán el tema de una ópera posterior de Hindemith, aún menos conocida, La armonía del mundo (1957).