María Zambrano y las sonoridades de tierra y cielo

María Zambrano y las sonoridades de tierra y cielo

En medio del tema único, que es justo y es lógico que se imponga, tal vez sea posible fingir que regresamos a una cierta normalidad de lo cotidiano (no a la vida anterior, no digo eso) y podamos pasar siquiera unos momentos, como sugería Ortega, de la alteración al ensimismamiento; que nada tiene que ver con aislarse, con irse a la isla, a la ínsula de Barataria o a la torre de marfil, sino con darse tiempo para la reflexión. Y también para hacer provisional balance de lo que parece Némesis y que, digan lo que digan, no han terminado con la Hybris; ésta sigue ahí, esperando la oportunidad de rematar faenas pendientes.

Así que permítanme que les invite a esta escucha, la de una entrevista de especial interés, amena y penetrante. No diré profunda (prrrrofunda), palabra que, como fascinante, me parece gastada y, en consecuencia, partícipe de la mentira que se acumula en el glosario de todos los que usamos pluma y teclado. ¿Somos proclives? ¡Ah, qué gremio!

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Digamos que la entrevista que ahora les recomiendo como continuación natural de nuestros dosieres de Música y pensamiento. Ya van cuatro, el último apareció en el número de Scherzo del mes pasado. Así que hay que darle las gracias a Eva Santamaría por permitirnos proclamar este enlace.

La entrevista tiene como protagonista a María Zambrano, su pensamiento, su musicalidad y sus músicas. La lírica como pensamiento es la libertad de ese pensamiento. María Zambrano no tenía un sistema, felizmente (el pensamiento, si no me equivoco, descubrió hace mucho que un sistema es un confinamiento, y perdonen la palabra de tan supuesta actualidad). No era sistema, tal vez ni siquiera método. Era poética, era expresión. Lo que es mejor sugerir que afirmar, insinuar que definir.

Y quien explica y glosa y relata es Jesús Moreno Sanz, el ensayista y filósofo que mejor conoce la figura de María Zambrano. Es autor de obras de auténtica envergadura, como esa maravilla que es Edith Stein en compañía. Vidas filosóficas entrecruzadas de María Zambrano, Hannah Arendt y Simone Weil (Plaza y Valdés, 2014). O esa proeza en cuatro volúmenes El logos oscuro: tragedia, mística y filosofía en María Zambrano (Editorial Verbum, 2008). Pero no solo de libros amplios vive Jesús Moreno. Son recientes dos obras suyas en las que conviven la brevedad y la lucidez: María Zambrano. Mínima biografía y Louis Massignon o la hospitalidad al extranjero (ambos libros en La Isla de Siltolá, Sevilla, 2019). El bello volumen La razón en la sombra. Antología del pensamiento de María Zambrano, también es obra suya, y recoge numerosos textos esenciales. Tengo aquí mismo la primera edición, Siruela, 1993, dos años después de la muerte de María, y Moreno ha editado otras posteriores, con más aportaciones.

La entrevista la hace, con notoria inteligencia, Eva Santamaría, que en su serie Letras y notas ya ha llevado a cabo no solo entrevistas semejantes a ésta, sino también acercamientos a figuras y movimientos de eso que llamamos cultura. Como saben, la cultura es una amante que no admite tibieza. No precisa de exclusividad, te admite otros amores, mas quiere que le seas leal e intenso, y eso es fidelidad para las damas del Parnaso y su hermoso dios, hijo de Letona, que fue niño de todas ellas (Stravinsky y su  Apollo Musagète me sugieren esto). Pero si advierte que la tomas como adorno, como símbolo de status, te abandona a tu suerte en tu esnobismo y puede dejarte en evidencia sin siquiera proponérselo. Eva Santamaría da la impresión de pertenecer a esa “pequeña multitud” de los que pretenden sacar sentido al arte, a la escritura y al pensamiento; esto es, a su choque con los que lo enfrentan con esa pasión que para ello es imprescindible. Como si fuera una Academia en cuyo umbral se anunciara: no se admite a quien no sepa de amores.

Esta entrevista es una despliegue de inteligencia en Eva Santamaría, de conocimiento y erudición en Jesús Moreno; y por parte de ambos de pasión, de amor hacia los escritos de María Zambrano y su relación con lo sonoro, empezando por ella misma y su propia voz.

Y es que, siguiendo esta entrevista, averiguamos que en María Zambrano no solo hay música en su pensamiento; había música en su manera de exponer, en su voz y su acercamiento lírico a la razón de las cosas y la cercanía de lo sagrado. Lo cotidiano y lo ignoto, pero no inexistente. ¿Necesita lo sagrado de Dios?

Averiguaremos también que los ínferos proporcionan inspiración a lo que está destinado al cielo: la música. La esperanza no está en la entraña del filisteo, sino en el ser vulgar visitado por los ángeles, por muchos que uno y otro sean vecinos, quién sabe si hermanos, ambos pequeños, ambos burgueses.

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