Scherzo | Manolo Sanlúcar, conciencia y renovación

Manolo Sanlúcar, conciencia y renovación

Manolo Sanlúcar, conciencia y renovación

El guitarrista y compositor Manolo Sanlúcar (Manuel Muñoz Alcón: Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1943), murió el pasado 27 de agosto de 2022 en un hospital de Jerez de La Frontera donde permanecía ingresado por el agravamiento de su larga enfermedad. Su indiscutible talento y papel como compositor y refinado intérprete de guitarra en el arte flamenco lo convirtieron muy pronto en una figura influyente entre sus compañeros de generación y en otros artistas que, durante décadas, acudieron a él en calidad de maestro y guía. Poseedor de una enorme capacidad didáctica, Sanlúcar supo formar de manera cuidadosa los talentos e individualidades de muchos jóvenes que buscaron su lección y sus consejos, y que él generosamente expandió junto a principios estéticos sobre el flamenco que creía inalienables.

Sus trabajos de composición, sus muy medidos conciertos y sus maneras inveteradamente serias, lo auparon a un podio venerado y escuchado por partes iguales. En estos días de óbito, se han sucedido las necrológicas centradas, podemos decir que justificadamente, en la zona de su obra más ligada a la tradición del flamenco vernáculo, pero el instinto de este artista iba ya, desde siempre, a lo orquestal e innovativo. En un momento de su carrera, Manolo Sanlúcar, descontento con arreglistas y orquestadores, decidió estudiar música hasta poder él mismo asumir todas las fases del trabajo. Esta gesta, que le exigió una entrega total a la cultura musical, lo distinguió claramente de otros artistas.

La toma del nombre artístico Sanlúcar en sustitución de su primer apellido, la decidió Manolo siguiendo la senda de su padre (que fue quien lo inició con el instrumento), el también guitarrista Isidro Sanlúcar (Isidro Muñoz Raposo). Manolo se profesionalizó ya muy joven como segundo acompañante de Pepe Marchena, en giras por toda España, actividad que continuó con La Paquera y con quien hizo sus primeras grabaciones discográficas.

A finales de los años 60 encontramos a Sanlúcar en el madrileño tablao Las Brujas apareciendo junto a Terremoto, Romerito de Jerez y los hermanos Reyes, entre otros. En 1971 hace su primer disco en solitario y en 1972 se embarca en un primer y ambicioso proyecto: una antología de tres discos bajo el título: “Mundo y formas de la guitarra flamenca”, lo que le obliga a una profundización y estudio de formas y estilos en desuso ya por entonces, lo que enriquecerá notablemente su cultura guitarrística y del flamenco histórico.

Es en ese momento cuando Manuel Ríos Ruiz lo presenta en el Club Urbis y en el Ateneo de Madrid como una promesa real, comenzando su larga cadena de éxitos mundiales desde Japón a América y toda Europa. En 1976 da su hoy considerado histórico recital en el Teatro Real de Madrid y se adhiere a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo con una serie de cursos de guitarra flamenca y composición desde la sede sevillana.

Ríos Ruiz lo califica como un espíritu riguroso de superación constante que, además, es capaz de generar su originalidad compositiva y armónica desde las bases de lo tradicional popular. Su pulimento y limpieza ejecutoria se convirtieron en un factor de estilo asentado, como había expresado ya hace años Antonio Villarejo, en una experiencia preciosa al haber acompañado también a Caracol y a La Niña de los Peines.

A una formación en gran parte dada por el accidente profesional, cierto empirismo y un análisis voluntarioso de los materiales ancestrales, Manolo Sanlúcar unió su tremenda y excepcional intuición, lo que quedaría después ampliamente demostrado a la hora sumaria de la orquestación. A medida que su carrea se ampliaba de horizontes y accedía a formatos de más envergadura, esa práctica lo forzaba a soluciones de mayor empaste y volumen sonoro, algo que consiguió muy distintivamente apoyándose en un cromatismo muy personal.

Aunque en su catálogo aparecen solamente tres obras sinfónicas en el apartado de encargos para ballets, mucha de su música ha sido utilizada a través de los años por diversos coreógrafos para redactar sus coreografías. Es Manolo Sanlúcar, en cualquier caso, uno de los compositores de género flamenco sinfonista más prolíficos del siglo XX, en la senda ejemplar de estilizaciones aportada y sentada por Falla, Granados, Pittaluga y Durán. Estas tres piezas se representaron con éxito y más adelante serán aquí mismo analizadas: Medea (encargo de María de Ávila, directora de los Ballets Nacionales de España”, 1984); Soleá (encargo del Ministerio de Cultura para el Ballet Nacional de España, 1988-89) y Mariana Pineda (ballet estrenado por Sara Baras y su compañía de danza en 2002).

Otra obra que debe figurar en este apartado es La Gallarda, con texto original de Rafael Alberti, estrenada en Sevilla en 1992 durante los fastos de apertura de la Expo Universal y donde participaban, entre otros, Montserrat Caballé, Ana Belén y Manuela Vargas. La Gallarda, una tragedia en verso firmada por Alberti entre 1944 y 1945 se mantenía inédita para el escenario, aunque fue publicada en forma de libro en 1952 (había sido escrita a petición y para Margarita Xirgu), y sería luego musicalizada por Sanlúcar. Algo contó en su día Olga Moliterno, que estuvo en la gestación y avatares del producto.

La Gallarda se estrenó en el Teatro Central de Sevilla con coreografía de José Antonio, dirección escénica de Miguel Narros y el baile de Vargas guarnecida por Antonio Canales y Diego Llori; entre otros actores figuraban José Sacristán y Helio Pedregal. “La Gallarda” había sido propuesta antes por Caballé a Leonard Bernstein para que compusiera una ópera, pero después de un año de dubitaciones, Bernstein, ya muy enfermo (falleció al año siguiente) no aceptó el encargo. Fue el momento en que la pieza inédita entró en los planes de la Expo92, y se sugirió a Manolo Sanlúcar, que tiempo antes había triunfado en el Metropolitan de Nueva York con Medea y el Ballet Nacional de España, donde fue seleccionado como “Mejor espectáculo del año”.

Por otra parte, Sanlúcar acababa de tener una buena experiencia con José Antonio en el BNE tras el estreno en diciembre de 1988 de Soleá. La solvencia del gran equipo reunido para La Gallarda era una garantía, y el guitarrista y compositor se enfrentó a un triple reto: la música de danza para un narrativo dramático, la musicalización de los versos de Alberti y los tratamientos para la voz de Caballé, quien finalmente tuvo regladas más de diez intervenciones en las dos horas de duración de la partitura, en la cual Sanlúcar demostró una especial sensibilidad para los usos vocales líricos.

Medea ha padecido al final los efectos de la mala administración cultural y los desatinos de las últimas direcciones artísticas del BNE. Varios advenedizos tratan de colgarse la medalla de que fueron ellos quienes encargaron a Sanlúcar la partitura, pero se impone la verdad sobre la espuria práctica de la posverdad: fue María de Ávila quien personalmente encargó al gaditano la música, y eso quedó reflejado en el original de la obra, que el propio Manolo autografió de puño y letra y regaló a la gran maestra catalana. La música de Medea ha sido grabada por orquestas sinfónicas dos veces, una de ellas comercializada en disco vinilo y CD (Universal Music).

Soleá (en algunas publicaciones aparece como La Soleá, con lo que se distingue de las otras seis composiciones homónimas que hay en el repertorio histórico del BNE) se estrenó en diciembre de 1988 por el BNE en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, ballet de larga duración que coreografió y protagonizó José Antonio Ruiz junto a Merche Esmeralda (al tiempo se ocupó del diseño de luces), que también era en ese momento el director artístico de la compañía titular española. Los decorados y vestuario los diseñó Pedro Moreno. La obra viajó al Palacio de los Deportes de París del 24 de enero al 12 de febrero del año siguiente, y Sanlúcar en su música supo diseñar los ambientes que exigía un libreto donde se hablaba de agudos contrastes sociales, duelo y rivalidades.

Mariana Pineda, última partitura de ballet de Sanlúcar, fue estrenado por el Ballet Flamenco Sara Baras con dirección escénica y libreto de Lluís Pascual, y colaboraciones especiales de José Serrano, Luís Ortega y Miguel Cañas. Se estrenó en Sevilla en 2002 con un vestuario de la diseñadora argentina Renata Schussheim. En 2003 Baras grabó un DVD comercial de la obra en el Teatro Calderón de Valladolid. Fue otra ocasión en que el compositor puso en juego su inventiva, desarrollando algunos momentos de gran belleza y originalidad, con los tres diferentes pas de deux que exigía el guion de Pascual.

Roger Salas