MALTA / Bach y el ‘hooligan’ infiltrado

La Valeta. Teatru Manoel. 13-I-2023. XI Valletta Baroque Festival. Bach: Suites orquestas nº 1-4. Les Passions de l’Âme. Directora y violín: Meret Lüthi.
El de La Valeta ha conseguido consolidarse como uno de los festivales más importantes de música barroca de cuantos se celebran en Europa anualmente. En su undécima edición, que arrancó el pasado miércoles 11 de enero, se esperaba este viernes con expectación la actuación de la formación helvética Les Passions de l’Âme, con las cuatro suites orquestales de Johann Sebastian Bach y en el Teatru Manoel, el tercero más antiguo del mundo de cuantos se mantienen en funcionamiento (fue encargado por António Manoel de Vilhena, gran maestro portugués de los Caballeros de Malta, e inaugurado en 1731). Les Passions de l’Âme, siempre bajo la dirección de la violinista Meret Lüthi (Berna, 1977), ha logrado una merecida reputación gracias a sus interesantes grabaciones en el sello Deutsche Harmonia Mundi, siempre con originales propuestas en sus programas. Suiza es, en el actual panorama de la música europea, una bendición: sus orquestas y sus músicos suelen contar con importantes patrocinios filantrópicos. Eso se notaba en esta visita a Malta, donde buena parte del público que casi llenaba el teatro procedía, a tenor de su acento, de Suiza.
Lüthi optó por comenzar el concierto con la Tercera suite, con tempi demasiado premiosos y con un sonido algo enteco (consecuencia, tal vez, de la acústica seca del teatro). No hizo más que acabar la Ouverture, cuando un espectador empezó a abuchear estruendosamente a la orquesta, ante el asombro de todos (estas cosas no suelen pasar; no, al menos, en el ámbito de la música antigua). Reproches al abucheador y discusiones con los fans de Les Passions de l’Âme. Ni siquiera el movimiento siguiente, la célebre Air, sirvió para aplacar los ánimos del airado señor. Los abucheos y los gritos fueron subiendo en intensidad al término de la suite. La verdad es que el nivel de la orquesta estaba siendo más bajo de lo que cabría pensar, pero tampoco era como para ponerse como un basilisco. Más discusiones y mucho más subidas de tono, ante el asombro y el sonrojo de los asistentes.
Vino después la Segunda suite, con Anne Parisot como solista a la flauta travesera. Estamos ante una reputada intérprete, colaboradora frecuente de algunas de las más importantes orquestas historicistas, pero, no sé si influida por el incidente del melómano hooligan, su labor no fue en ningún momento la deseable: sonido débil, algunas desafinaciones y varios desajustes con la orquesta. Terminó la suite y llegó el entreacto… Y más reproches al colérico espectador: “Si no le gusta, váyase, pero, si se queda, cállese”. Respuesta: “Soy violinista y es horrible cómo están tocando, es horrible”. Al final, optó por irse, no sin lanzar unos cuantos improperios a quienes la recriminaban su comportamiento.
La segunda parte del concierto, con las Primera suite y la Cuarta, resultó mejor, con la orquesta más entonada y con espléndidas intervenciones de trompetas y oboes (mención especialísima para el siempre convincente Benoît Laurent). La propia Lüthi destacó en sus intervenciones solísticas con el violín. Pero el ambiente estaba ya tan enrarecido que ni el público pidió propina al término del programa ni los músicos se hicieron demasiado de rogar para que la hubiera. Una pena, pero a veces estas cosas pasan en la música antigua, no sólo en la ópera.
Eduardo Torrico


