MÁLAGA / “Fidelio” de ponderado clasicismo

MÁLAGA / “Fidelio” de ponderado clasicismo

Málaga. Teatro Cervantes. 3-XI-2019. Bernal Perles, César Gutiérrez, Tijl Faveyts, Beatriz Díaz, Pablo García López, José Antonio López, Luis López y Jesús Gómez. Director de escena: José Carlos Plaza. Coro de Ópera de Málaga. Director: Salvador Vázquez. Orquesta Filarmónica de Málaga. Director: Manuel Hernández-Silva.

A Beethoven no le interesaban los postulados operísticos al uso en los que la belleza melódica era tenida como fin en sí misma, la fijación y elección de los cantantes como elementos sustanciales destinatarios de la música y los libretos con argumentos meramente entretenidos. Prefería los ideales elevados para proyectar su inspiración como el contenido en su única ópera, Fidelio, que Wagner calificó como el punto de partida del drama musical romántico-alemán. Asumiendo esta realidad, el maestro Manuel Hernández-Silva ha querido interpretar esta ópera desde un planteamiento estético más propio de la Primera Escuela de Viena, particularmente referido a un estilo mozartiano, entendiendo que es ahí donde mejor tiene cabida su naturaleza de singspiel en la que canto y recitado se alternan en el desarrollo de su dramatismo.

Con este trazado, el primer aspecto a destacar de esta producción, traída del Teatro de La Maestranza y que fue representada en su escenario en otoño de 2017, ha sido el adelgazamiento de la orquesta. Esto responde a un claro deseo de lograr ese sonido camerístico que requiere el espíritu de particular género lírico vienés que lo anima, sin que por ello se resintiera la fuerza dramática de su argumento donde, como arquetipo femenino, frente a la primacía masculina contenida en Don Giovanni, Leonora, travestida de Fidelio, representa el papel de la mujer valiente y revolucionaria que se enfrenta a la injusticia cometida contra su esposo, Florestán, por el inicuo Don Pizarro.

En tales circunstancias, las voces adquirieron una presencia notable con un resultado general que llevó a que el espectador disfrutara de una representación poco usual de esta ópera dada esta particular orientación musical. Así, la soprano Berna Perles, sacó su vena lírico-dramática con ese gran acierto imaginativo y fuerza vocal que va consiguiendo en su carrera, y que alcanzará mayor grado de expresión cuando adquiera más soltura en la acción escénica. Se nota cómo ésta se resiente al centrarse casi exclusivamente en el canto, que tuvo siempre ya de por sí muy controlado. César Gutiérrez encajó en el papel de Florestán atendiendo a las características de heldentenor (heroico); desenvuelto con firmeza, limpieza y facilidad en la zona aguda de su registro, cuidando en todo momento su fraseo.

El resto del elenco funcionó con eficacia canora y sentido dramático, auspiciados por el equilibrio alcanzado entre la dirección musical y el acertado planteamiento escénico de José Carlos Plaza. El director teatral supo orientar las juveniles ansias de amor de Jaquino y Marzelline en la primera escena, papeles muy adecuadamente interpretados por el tenor Pablo García López, al que se le ha ensanchado su expresividad vocal, y la soprano Beatriz Díaz, siguiendo por generar los ambientes y actitudes tales como la desdicha de la cárcel, la opresión del calabozo, la desesperación de la protagonista, la resignada función del carcelero y la iniquidad del gobernador. Supo reflejar con maestría estos estados emocionales, dejando patente la gran experiencia profesional del escenógrafo.

José Antonio López hizo un Don Pizarro efectivo en el canto, con la seguridad que en él es habitual y creíble en su malévola función dentro de la historia. El bajo belga Tijl Faveyts dominó su personaje, Rocco, el guardián de la prisión, con desenvoltura escénica y la profunda expresividad vocal que le permitían sus particulares acampanados resonadores vocales. También fue el caso de su compañero de cuerda Luis López en el papel de don Fernando, ministro del rey, con un timbre más homogéneo y uniforme en las distintas alturas.

Mención especial merece el Coro de Ópera de Málaga en su intervención ‘Oh welche lust!‘ del primer acto, que le sirvió como carta de presentación de una actuación muy seria y trabajada por su director, Salvador Vázquez. Tuvo su momento culminante en la apoteósica escena final con la que termina esta ópera, donde el maestro Hernández-Silva alcanzó, después de una admirable dirección del interludio del segundo acto, el culmen de su bien pensado concepto interpretativo de ponderado clasicismo. Esto hizo olvidar algunos contados problemas de ataque y afinación de la orquesta que se produjeron en el primer acto.

Con este exitoso espectáculo operístico, la XXXI Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga tendrá continuidad con un recital del tenor Javier Camarena, dos producciones propias, La Favorita de Donizetti y La casa de Bernarda Alba de Miquel Ortega, concluyendo con una reposición de El barbero de Sevilla de Rossini coproducida con Amigos Canarios de la Ópera.