‘Maestros cantores’ para un karaoke

‘Maestros cantores’ para un karaoke

Wagner, Richard: Los maestros cantores de Núremberg. Georg Zeppenfeld (Sachs), Vitalij Kowaljow (Pogner), Adrian Eröd (Beckmesser), Klaus Florian Vogt (Walther), Jacquelyn Wagner (Eva), Sebastian Kohlhepp (David), Christa Mayer (Magdalene). Staatskapelle Dresden, Coro de la Ópera de Dresde. Dirección: Christian Thielemann. Grabado en vivo en el Festival de Salzburgo el 13 y el 22 de abril de 2019.

El 1 de agosto de 2000, un joven Christian Thielemann (41 años) debutó en el Festival de Bayreuth con Maestros cantores. Sustituía en el foso nada menos que a Daniel Barenboim, fijo en la casa desde 1981, quien se había despedido el año anterior de la Colina Verde (no ha regresado desde entonces). La anodina producción de Wolfgang Wagner, estrenada en 1996, estaba pasando sin pena ni gloria. Con idéntico reparto –no precisamente ideal– y producción, Thielemann hizo historia en el Festival y dio nuevo impulso a su fama de gran director wagneriano. La larga pausa no escrita entre “Wacht” y “auf!” en el coral del tercer acto con el que el Pueblo saluda a Hans Sachs en la escena de la pradera aún se recuerda en el Festival. Fue la tarjeta de presentación de Thielemann, que ya no volvió a repartir. Joachim Kaiser, entonces decano de la crítica musical alemana, sentenció que eran los mejores Maestros que se habían oído en Bayreuth en cuarenta años. O sea, desde los de Knappertsbusch en 1960 (hay grabación en Orfeo d’Or). Testimonio de aquellas memorables representaciones fueron los moratones que le quedaron en un brazo a Juan Lucas, actual director de Scherzo, debido a los codazos que le propinó durante una de las funciones un impresionado Ángel-Fernando Mayo. Desde entonces Thielemann ha hecho suya la ópera cómica de Richard Wagner (ya el Preludio de su disco DG de 1997 con la Orquesta de Philadelphia era extraordinario). Si en tiempos recientes –y en opinión del firmante– Tristán e Isolda “pertenece” a Barenboim, pues la entiende y dirige como nadie, Maestros cantores “pertenece” a Thielemann.

El pasado año Thielemann estrenó producción de Maestros cantores en el Festival de Pascua de Salzburgo, del que el director berlinés ha sido director artístico desde 2013, y su Staatskapelle Dresden orquesta “residente” (situación que terminará en 2023, con el desembarco de Nikolaus Bachler como intendente del festival salzburgués). Los CDs que aquí se comentan fueron grabados durante esas representaciones. La edición en audio nos ahorra el sufrimiento de contemplar la cretina ocurrencia escénica (lo habitual), en este caso firmada por Jens-Daniel Herzog. Sachs es un director teatral, no les cuento más. El sonido en el Preludio es malo. Opaco, comprimido, sin aire alrededor de los instrumentos, con las voces medias y graves de la orquesta apenas audibles. En los actos segundo y tercero mejora bastante.

La grabación tiene interés, mucho interés, principalmente por orquesta y coro, por la magistral dirección de Thielemann y por el extraordinario Sachs de Georg Zeppenfeld, que debutaba el papel y que esperemos lo cante muchos años. El resto del reparto vocal se mueve entre lo correcto y lo mediocre.

Que Klaus-Florian Vogt cante Walther (¡también ha cantado Siegmund!) es algo que escapa a toda lógica. Vamos, un despropósito. Vogt canta con gusto e inteligencia, proyecta bien la voz, no hay duda, pero esa voz meliflua, blanquecina, aniñada, desimpostada, sin squillo, sin pegada en el agudo, sin acentos, una voz que puede resultar plausible para un Lohengrin muy lírico y virginal, es totalmente inadecuada para Walther. Es este un Walther beatífico llamando constantemente al cisne (¡qué idea para una puesta en escena!). En su racconto de lo sucedido en el primer acto, de su fracaso ante los Maestros (bien suspendido en este caso), es Thielemann quien pone el vinagre y la sal, aderezando el relato con un crescendo fabuloso. Pese a todo, sonidos delicuescentes y agudos desvaídos incluidos, me cautivó la enorme belleza de su Canción del Premio (con el inestimable concurso de Thielemann), donde prodiga estupendas medias voces y canta con auténtico abandono.

La Eva prevista, Genia Kühmeier, canceló meses antes por “motivos personales”, siendo sustituida por la estadounidense Jacquelyn Wagner, cantante sobrevalorada, de instrumento pequeño, pobre, mate, de soubrette, con notas altas afeadas por un ostensible vibrato. El papel le viene grande. Quizá por tratarse de una toma de otro día, en el tercer acto tiene momentos estimables (“O Sachs, mein Freund!”) en los que parece otra soprano.

Adrian Eröd no posee una voz especialmente distinguida o grata, pero es un buen actor-cantante y un competente Beckmesser. Eröd canta el papel, no se refugia en el Sprechgesang, y es gracioso sin caer en lo grotesco o en lo patético.

El bajo-barítono ucraniano Vitalij Kowaljow me causó buena impresión como interesante Wotan en ciernes en La Walkyria de Barenboim en La Scala (2010; en DVD Arthaus Music), donde exhibía una voz clara y buenas maneras. Aquí es un solvente Pogner, papel que pide un bajo auténtico. Pasa algún apuro en las notas altas, pero la voz es noble y bella, canta con buena línea, la dicción es espléndida y transmite autoridad natural.

David es un papel agradecido, que Vogt podría bordar. En cambio, Sebastian Kohlhepp, con una voz fea y mal emitida, sin brillo, fiato muy justo y agudo endeble y temblón, es un David mediocre. Como lo es también el Kothner de Levente Páll, de voz vulgar y destartalada y horrible vibrato caprino. De Christa Mayer (Magdalene), excelente Brangäne en el último Tristán e Isolda de Bayreuth, esperaba algo más. La voz se ha vuelto un punto áspera.

He dejado lo mejor, lo que justifica esta grabación, para el final. Da gusto oír un Sachs tan bien cantado. El bajo Georg Zeppenfeld es un excelente cantante, sólido, con una voz no muy bella pero personal. Una voz firme, sin fisuras, resistente, siempre en su sitio, de enorme extensión, con agudos bien puestos, percutientes. Un cantante de excelente línea, matizado, con una forma de transmitir el texto de liederista consumado. No será un Sachs entrañable, como Michael Völle (tengamos en cuenta que este era su debut), pero sí vocalmente de categoría superior. Zeppenfeld dicta una lección de canto. Su Sachs es homologable a los más grandes.

¿Y qué decir de la dirección de Christian Thielemann? Al mando de una gloriosa Staatskapelle Dresden (¡me vienen recuerdos de los fabulosos Maestros cantores de Karajan de 1970!), demuestra que domina “los tonos y modos” de los Maestros. Emplea tiempos vivos y huye de toda pomposidad. Esto, junto a la transparencia del tejido orquestal, la articulación ágil y precisa en la cuerda, dotan a la lectura de una gran ligereza. Thielemann es un gran colorista. Hay que destacar particularmente el tratamiento de las violas (un amor de juventud), aterciopeladas, a menudo destacadas (introducción al Monólogo de las lilas, Preludio III). Aquí y allá hay detalles personalísimos, marca de la casa, como el silencio, alargado interminablemente, antes del verso “Dem Vogel, der heut sang” en el mencionado Monólogo de las lilas; o la explosión de profundo afecto y devoción en el “auf!” del coral del tercer acto, ya sin la pausa mencionada al principio de esta reseña. Una dirección deslumbrante y jubilosa, para disfrutar una y otra vez.

El extenso libreto, profusamente ilustrado, contiene notas de Christian Thielemann extraídas de Mi vida con Wagner (edición en español en Akal), un libro mucho más interesante de lo que hubiera cabido esperar.