MADRID / Xenakis agota el papel en CentroCentro

Madrid. CentroCentro. 22-VI-2024. Ciclo VANG. Sergio Luque, difusión del sonido. Iannis Xenakis: Persépolis.
Cuando en febrero de 2023 el CNDM programó un estreno electroacústico de Eduardo Polonio el Auditorio 400 rebosó como no siempre ocurre en el ciclo de música contemporánea que programa la institución. El pasado sábado, en el Auditorio de CentroCentro sucedió algo similar. El ciclo de referencia VANG apostaba por Iannis Xenakis (1922-2001), exactamente por su obra electrónica Persépolis, ofrecida sin ninguna distracción audiovisual ni performativa. Purísima música digital emergida de ocho totémicos altavoces cuyas sombras apenas se atisbaban en la oscuridad. La sala se llenó hasta el sold out.
Esto debería suscitar una pequeña reflexión en los programadores y responsables de espacios; la música electrónica interesa y es a menudo orillada, cuanto no contumazmente ignorada. Otro ejemplo; la serie de conciertos Présences électronique es una de las más protegidas y reivindicadas por el público que, en París, atiende la enjundiosa oferta cultural de Radio France.
Volviendo al Xenakis que concita estas líneas, la obra fue dirigida y espacializada por el compositor y comisario del ciclo (junto a Víctor Barceló), Sergio Luque, a quien ya en 2022 le había encomendado esta misma tarea el Festival Berlín Atonal. Lo hizo desde el pleno convencimiento de que es posible interpretar una partitura enteramente electrónica como Persépolis. Primero desde la serena y pausada observación acústica de la sala y de su comportamiento ante la embestida sonora; segundo desde el conocimiento técnico de las posibilidades y limitaciones de los altavoces desplegados en octofonía a disposición.
“Persépolis no es ni un espectáculo teatral, ni un ballet ni un happening. Es un simbolismo visual, paralelo al sonido que domina. El sonido –la música– debe prevalecer a toda costa”, dijo Xenakis a propósito de la creación de la obra en 1971 en el Festival de las Artes de Shiraz (Irán), donde nació como Polytope de Persépolis, añadiendo a la música electrónica luces y una impresión ritualística personificada en procesiones de niños con antorchas.
Creada como una larga secuencia de zonas texturales formada por conglomerados de sonidos captados por Xenakis de muy diversa procedencia, es posible entenderla en varias direcciones, y de ello dan cuenta algunas de las grabaciones existentes. Desde la percepción de la pieza como ruda pionera del noise, agigantando en esa opción sus cualidades más rugosas y encrespadas, al subrayado de sus cualidades más cavernosas, místicas, amortiguando entonces sus filos y mesurando el volumen. Sergio Luque, en esta ocasión, llevo la dirección del sonido hacia un punto interregnum, en el que ninguna de las dos trayectorias expresadas mandaba. Remarcó cada aparición de nuevo material, otorgando así un barniz polifónico que no se aprecia en otras aproximaciones más marmóreas. No azuzó su bestialismo sonoro pero tampoco dio aire a ninguna consideración ambiental. Como obra de concierto, esta Persépolis en la oscuridad fue recogida con un aplauso vehemente más propio de un concierto de rock.
Ismael G. Cabral
(foto: CentroCentro)


