MADRID / Violetta entre dos virus (segundo reparto de ‘La traviata’)

MADRID / Violetta entre dos virus (segundo reparto de ‘La traviata’)

Madrid. Teatro Real. 12-VII-2020. Verdi, La traviata. Ruth Iniesta, Ivan Magri, Nicola Alaimo. Director: Luis Méndez Chaves.  Concepto escénico: Leo Castaldi.

Habría que acumular elogios para alabar el esfuerzo del coliseo madrileño al retomar su actividad, máxime cuando comparativamente dos teatros tan referentes como el Met neoyorkino y la Opéra de París han cerrado sus puertas hasta finales de año. Se trataba de un esfuerzo para ofrecer las funciones con la mayor seguridad para la salud de público, orquesta y cantantes, reuniendo varios repartos de un nivel medio notable y en algún caso, sobresaliente. En este sentido, hay que señalar que está prevista la Violetta de Lisette Oropesa y los Alfredos de Ismael Jordi y Matthew Polenzani.

La traviata es una obra muy bien elegida como reinicio de la temporada tras la nueva normalidad. En efecto, esta ópera, dada su enorme difusión durante siglos, puede reunir tanto al público entendido y experto como al novato y curioso. En este sentido, el programa del Real, que cubre prácticamente todo el mes de julio, ofrece la incomparable oportunidad de los repartos paralelos, de modo que podamos escuchar y ver la obra maestra verdiana en todas sus actuales lecturas y elencos posibles.

Con el coro al fondo del escenario y los solistas en el proscenio, Castaldi narró con claridad la historia verdiana, manteniendo entre los protagonistas las distancias higiénicas y superando con inteligencia los momentos puntuales en los que, por exigencias del texto, los personajes han de inevitablemente aproximarse. Ejemplo: cuando Violetta le pide a Germont que la abrace para fortalecerse en su difícil decisión, el aún implacable progenitor de Alfredo la rechaza con inequívoco gesto. La Dama de las Camelias no muere de modo realista cayendo de bruces, sino que permanece de pie, iluminada por un fuerte foco y elevando su mirada a una altura ideal, como si la muerte fuera una elevación y no una derrota. El regista encontró en el vestuario y en la diferente iluminación (Carlos Torrijos) la colaboración necesaria. En este sentido, cabe otro apunte. Las sucesivas sopranos protagonistas son vestidas con variados atuendos según sus características personales y sin alterar la gama de colores del conjunto.  Algunas escenas además se complementaron con los imprescindibles objetos para identificarlas.

Sin repetirse las estrofas en las dos arias de la soprano, se cantó al completo la partitura, incluyendo esos compases que a menudo suelen olvidarse en el segundo dúo  de la pareja amorosa. Méndez Chaves, turnándose con el gran Luisotti, hizo una lectura ejemplar, por la elección de tempi, la comunicación entre foso y escena, destacando la labor orquestal como era predecible en los dos preludios. El coro, quizás acuciado por el regreso a la actividad, estuvo particularmente motivado y entusiasta. Iniesta superó, aunque algo exigida, al límite de sus posibilidades, el escollo del Sempre libera, para entrar de lleno en su parte durante el dúo con el barítono donde trasmitió al completo todos sus estados de ánimo, con un logradísimo Dite alla giovane (muy bien sostenido en la reprise por el barítono), rematando con una escena final convenientemente matizada. Una Violetta importante  no tuvo a su lado a un Alfredo a su altura. Magri tiene medios hermosamente dotados. Es un tenor típicamente italiano en su mejor significado, pero cantó siempre en forte, a trompicones, atento a dar cuenta de sus generosas cualidades vocales. Únicamente se acercó a la exigencia necesaria en el Parigi, o cara.

Con su personal voz, de centro baritonal y octava aguda hasta más allá, Alaimo definió, en frases sueltas y cantables (variadísimo de acentos el Di Provenza) un Germont de suprema calidad. El equipo de apoyo, como es ya propio del escenario madrileño, mantuvo su habitual y alto nivel. En el ruedo podrían destacarse, sin desdoro del resto, a Sandra Fernández (Flora), Marifé Nogales (Annina), Isaac Galán (Douphol) y el eterno, pero aún en forma, Stefano Palatchi (Grenville).