MADRID / Vespres D’Arnadí y Dani Espasa brindan unos extraordinarios ´Concerti Grossi’

Madrid. Auditorio Nacional. Ciclo Universo Barroco, CNDM. 03-VI-2026. Farran Sylvan James y Ricard Renart, violines, Oriol Aymat, violonchelo. Vespres d’Arnadí, Dani Espasa, clave y dirección. ‘Corelliana’ : Concerti Grossi de Corelli, Haendel, Alessandro Scarlatti y Geminiani.
El delicioso género musical de los Concerti Grossi no se frecuenta en nuestras salas como se debería y no desde luego con la brillantez, imaginación y precisión con que los abordó el fantástico grupo Vespres d’Arnadí, que cierra así su excelente residencia este año en el CNDM.
El concerto grosso fue una de las brillantes formas musicales ideadas en la Italia de la segunda mitad del siglo XVII y, si bien fue el gran Stradella quien ideó esa alternancia contrastante entre un reducido grupo de solistas y un conjunto mas amplio, llamado tutti, ripieno o simplemente grosso, que hereda en parte la estructura de la sonata y en parte la práctica policoral, quien llevo el género a la madurez fue Arcangelo Corelli, que dotó a esta forma musical de una imaginación y variedad que convirtió cada uno de sus conciertos es una joya deslumbrante con la edición, ya póstuma, de su Opus 6 de 1714.
Corelli ideó una orquesta con tres solistas, dos violines y un violonchelo y la orquesta de concerto grosso de refuerzo y contraste. Las movimientos de sus partes responden tanto a su experiencia de la sonatas, con movimientos de danza binarias, partes lentas y secciones fugadas, como a soluciones muy imaginativas y libres en forma de brillantes allegros y unos lentos de especial y armoniosa belleza. Con ese sustrato y la riqueza y elegancia armónica omnipresente en Corelli, su idea se extendió por toda Europa con rapidez, con bellos ejemplos de Alessandro Scarlatti, Geminiani o la plenitud absoluta, inundada de deslumbrante belleza, con la que Haendel compuso su colección Opus 6, cuando ya decaía el género.

Vespres d’Arnadí se presentó en una formación de un tamaño ideal para esa sala tan especial que es la de cámara del Auditorio, apreciada tanto por el público por su magnífica acústica y cercanía como por los artistas, quienes aprecian también sobremanera su sonido y calidez. Junto al trío solista, con dos violines y el violonchelo, se dispuso en total de tres violines primeros, tres segundos, dos violas, dos violonchelos, un contrabajo, archilaúd y un clave. Durante toda la velada nos transmitieron con gran intensidad y enorme riqueza todos los detalles de estas músicas con expresividad sobresaliente, brillantes contrastes dinámicos y sentido de los tiempos, excelentes articulaciones y fraseos marcados con la precisión en las entradas con las que Dani Espasa ha sabido dotar a su excelente grupo, sin duda una de las mejores formaciones barrocas, que aúna disciplina y conjunción excelentes junto a una sobresaliente expresividad .
El concierto comenzó con el Concerto grosso en Si bemol, Op. 6 nº 11 de Corelli, uno de los más prototípicos, y ya desde el Preludio inicial pudimos percibir que sería una velada memorable. Esta obra sirvió también para que pudiéramos fijarnos especialmente en el violonchelista Oriol Aymat, que destacó con virtuosismo y precisión técnica en la velocidad vertiginosa que imprimió Espasa en los pasajes más veloces, con una fuerza deslumbrante. No hace mucho destacaba yo en una reseña de un concierto con música de Facco la suerte de contar con violonchelistas barrocos tan excelentes en España, de los que Aymat es otro brillante ejemplo.
De especial belleza fue también la interpretación del Op. 6 nº 8 Fatto per la notte di Natale, donde apreciamos la solidez, empaste, amor al detalle y todos los recursos sonoros del conjunto. Mención especial merecen las intervenciones de la brillante violinista Farran Sylvan James y el sonido de un espléndido bajo continuo, con toda la rica sonoridad de sus cuerdas, del clave y, muy especialmente, de la magia del archilaúd de Miguel Rincón, que inundó de belleza con sus arpegios y sus realizaciones del continuo todo el concierto.

Espasa hizo una selección muy interesante de las composiciones y dotó de gran expresividad las diferencias de estilo de cada compositor además del carácter de cada movimiento. De gran interés fueron los dos conciertos de Alessandro Scarlatti que, aunque publicados tardíamente, se escribieron en época muy próxima a Corelli, si bien están dotados del carácter e impronta de Scarlatti, especialmente el n. 5 en Re menor, que destaca por la polifonía de sus texturas instrumentales. El segundo que interpretaron está atribuido a su hermano Francesco.
Pero sin ninguna duda, la apoteosis llegó con los dos conciertos de la colección de doce del Opus 6 de Haendel, los conciertos n. 1 en Sol mayor y nº 4 en La menor, de una variedad, riqueza y vitalidad deslumbrantes en cada movimiento que nublan a los sentidos por su belleza. Aunque están construidos a partir de no pocos préstamos ajenos, especialmente en las secciones fugadas, y muchas parodias propias, el resultado es coherente y de una brillantez inusitada, con unos lentos de poesía subyugadora y unos deslumbrantes movimientos rápidos que llevan el género a su esplendor orquestal.

La interpretación de Vespres fue inconmensurable, una maravilla absoluta, volviendo a demostrar todas las virtudes que ha sabido atesorar Espasa en su formación: elegancia y compenetración en los entramados musicales, expresividad en cada matiz, vitalidad enérgica pero llena de rigor, con gran sabiduría en cada una de las entradas y un cuidado impresionante por los contrastes y las dinámicas. La concertino Sylvan James estuvo estelar como en toda la velada y el segundo violín de Ricard Renard trazó con maestría todos los diálogos e imitaciones de esta música; excelente nuevamente el violonchelo de Aymat y brillante todo el resto de las cuerdas del ripieno. La sección del continuo estuvo espléndida, con los dos violonchelos, el contrabajo, la magia absoluta de Rincón y la sabiduría, siempre atenta a la elaboración imaginativa de Espasa al clave.
Para cerrar con la misma brillantez nos ofrecieron el hermoso Concerto grosso nº 12 en Re menor La folia de Francesco Geminiani, construido sobre la sonata Op. 5 nº 12 de Corelli, que lleva las conocidas variaciones a un apogeo desbordante y en las que Farran Sylvan James estuvo sencillamente prodigiosa, tanto en sus recursos técnicos como en una expresividad impresionante.
Ante la respuesta emocionada del público, aún llegó una hermosa sorpresa en forma de propina, ya que Vespres d’Arnadí interpretó la inspiradora Pastorale navideña del Concerto grosso Op. 6 nº 8 de Corelli, un movimiento que antes no había interpretado al no tener el contexto, que dio así un espléndido remate a este concierto excepcional.
Manuel de Lara
(fotos: Elvira Megías)

