MADRID / Un homenaje a Carlos Galán clausura el Coma 23

Madrid. Real Conservatorio Superior de Música. 30-XI-2023. Solistas y Grupo Cosmos. Obras de Carlos Galán.
Ha concluido la XXV edición del Festival Internacional de Música Contemporánea de Madrid, el COMA 23, una de las más potentes de su historia, con un homenaje a Carlos Galán en su 60 aniversario. Galán es uno de los más brillantes y versátiles músicos madrileños: notable pianista, director, organizador, creador de conjuntos, profesor, musicógrafo y dinamizador de la vida musical, es por encima de todo un compositor de demostrado talento y variados intereses. Conocida es la introducción en su obra de la llamada “música matérica” en la que se enfrenta directamente al sonido para modularlo y arrancarle su expresividad, que es lo que pone siempre en primera fila, aunque eso no signifique que no cuide los aspectos estructurales. Y aunque se puede decir que todas sus obras son matéricas, en esta ocasión se escucharon varias de las que obedecen específicamente a ese nombre, como Amanitas (la XXIX) para piano, Égloga (la XXII) con oboe, El peso de un ángel (la XLII) para clarinetes, Cancionero matérico IV (la XLV) para contrabajo y piano, Gotas de Rocío (la LIV) para dúo de guitarras y Duelo (la LXV) para flauta.
Algunas obras de Galán, las clasifique o no de matéricas, tienen que ver con su profunda prospección transformadora en el mundo del flamenco, sobre lo que ha escrito además importantes ensayos. Aquí estaban Ecos de taranta, para saxo tenor y clarinete bajo, y la interesante Burlería (con esa r añadida) única obra para grupo del concierto, interpretada por el Cosmos 21 dirigido en esta ocasión no por el autor sino por Jesús Campo. Sin esa adscripción matérica o flamenca expresa, escuchamos Ote für Therese, para piano, Oda a una voz amordazada, para trombón, B para piano y Estudios trascendentales para los (nuevos) pianistas.
Se trataba en general de piezas muy breves y diversas, un caleidoscopio no solo de colores sino también de impresiones, expresiones y transmisión de una esencia artística. La música de Galán, siempre inscrita en la vanguardia, se parece a muy pocas cosas porque es absolutamente suya. Para tocarla se reunieron una serie de solistas que han colaborado mucho con él. Los pianistas Carlos de la Blanca, María Escudero y Jesús Campo, el flautista Vicente Martínez, el trombón Elies Hernandis, el clarinetista David Arenas, el saxo Joaquín Franco, el oboísta Rubén Alonso, los guitarristas Shota Nakabayashi y Alberto Serradilla y la contrabajista Lucía Elías, todos ellos músicos excelentes que aseguraban la calidad de las interpretaciones. Aunque Galán tiene obras de vastas proporciones, entre ellas una potente ópera, Babel, no está nada mal navegar por este archipiélago de micro piezas, que son también de gran categoría.
Además de sus cualidades de compositor, Carlos Galán es también un intérprete y un organizador que ha estado muchas veces al servicio de prácticamente todos sus colegas compositores, a quienes ha programado sin prejuicios de estética, tendencia o gusto. Ha sido importante en el panorama de la música actual, en la que casi todos le deben algo. Ya sabemos que eso es peligroso porque los favores los suele tener que pagar el que los hace más que el que los recibe. Pero su generosidad y su categoría humana están por encima de todo, además de ser un compositor de primera línea. Si no hubiera felizmente un Carlos Galán, habría que inventarlo.
Con este amplio y poliédrico concierto concluía el COMA 23, que nos ha deparado novedades y amplia información. Prácticamente nunca ha defraudado. Así que el listón queda muy alto para la próxima edición.
Tomás Marco
(foto: Juan Vicente Chuliá)


