Scherzo | CRÍTICAS / MADRID / Un gran Dezsö Ránki con la Orquesta Da Camera, por Rafael Ortega Basagoiti

MADRID / Un gran Dezsö Ránki con la Orquesta Da Camera

MADRID / Un gran Dezsö Ránki con la Orquesta Da Camera

Madrid. Auditorio Nacional (Sala sinfónica). 25-X-2022. Ciclo “La Filarmónica”. Dezsö Ránki, piano. Orquesta Da Camera. Obras de Mendelssohn, Bach y Schönberg.

Se iniciaba la temporada de “La Filarmónica”, ciclo de creciente popularidad en la capital, con un bonito concierto de la Orquesta Da Camera, presentado (creo que es algo que cada vez va a ser más habitual) por una charla instructiva y bien construida por Eva Sandoval, cuyo interesante parlamento se entendió bien a despecho de que el micro lo tenía, creo, demasiado lejos de su muy bien timbrada voz.

El programa se iniciaba con la Sinfonía para cuerdas nº 13 en Do menor MWV N 14 de Mendelssohn, obra de un chaval de 11 años que se atiene con talento asombroso a moldes anteriores clásicos, con un comienzo Grave muy haendeliano, como bien apunta Juan Manuel Viana en sus oportunas notas, y un Allegro molto de impecable construcción fugada. La obra, naturalmente, no tiene la dimensión ni la genialidad de obras de madurez, pero ya es asombroso que un muchacho de esta edad componga una obra de este nivel de perfección, como lo es más aún que apenas cinco años después produjera una obra maestra como la obertura de El sueño de una noche de verano. No me cansaré de insistir en que creo que el genio mendelssohniano no está suficientemente apreciado.

El más conocido de los conciertos para tecla de Bach, en la tonalidad de Re menor BWV 1052, centraba el resto de la primera parte. Todo apunta, como señala Viana, a que el concierto procede en realidad de uno para violín hoy perdido, pero el genio inacabable del Cantor hace que nada en lo que uno escucha haga pensar que la música no está perfectamente diseñada para el teclado, siguiendo, eso sí, el modelo italianizante de buena parte de su música concertante.

Dezsö Ránki (Budapest, 1951), compañero de clase en su país natal de András Schiff (1953) y del prematuramente desaparecido Zoltán Kocsis (1952-2016), es quizá el menos popular de los tres, pero a quien esto firma le ha parecido siempre un magnífico pianista, de técnica depuradísima e irreprochable criterio musical. Raramente decepciona el húngaro, y no lo hizo en esta nueva comparecencia. Construyó desde el piano (situado de frente a la orquesta y sin tapa) un Bach que, sin rehuir su carácter pianístico, resultó perfectamente equilibrado en concepto y tempi, y evitó apabullar con sonoridades excesivas. Articuló Ránki con precisión y claridad, empleando con mesura el pedal y delineando con sutileza el juego de inflexiones dinámicas. El segundo tiempo, tan emparentado con el correspondiente del Concierto italiano, con un bajo de diseño ostinato sobre el que la mano derecha elabora un bello canto ornamentado, tuvo la flexibilidad (y adornos añadidos a los prescritos, con buen gusto) deseable, y el Allegro final destiló generosamente esa singular y cálida vitalidad bachiana. El éxito de orquesta y solista fue grande, y ambos regalaron otra deliciosa propina bachiana, el Larghetto del Concierto BWV 1055.

La segunda parte estaba centrada en la versión (del propio compositor) para orquesta de cámara de la Noche transfigurada de Arnold Schoenberg, música post-straussiana y post-wagneriana, con evidentes resonancias de la intencionada ambigüedad tonal del Tristán. Un hermosísimo traslado del espíritu del poema sinfónico llevado primero al sexteto de cuerda y después, como anoche, a la orquesta de cámara. Uno no puede evitar recordar la espeluznante sensación experimentada al escuchar en vivo, a finales de los 70, a la maravillosa cuerda de la Berliner, presidida por Karajan, en una traducción que, casi medio siglo después, aún guardamos en la memoria.

La Orquesta Da Camera es una formación constituida en el año 2013, con miembros de varios cuartetos (Casals, Elías, Gerhard, Cosmos), Tríos (VibrArt, Pedrell) y jóvenes músicos que colaboran en orquestas españolas o internacionales de primera fila. Se alternaron ayer en el liderazgo Sara Bitlloch (en la primera parte) y Vera Martínez Mehner (en la segunda). Hubiera sido de agradecer que sus nombres hubieran aparecido adecuadamente destacados en el programa para la adecuada identificación y reconocimiento de dicha labor de liderazgo.

Bitlloch la ejerció con tino, al frente de interpretaciones bien cohesionadas y construidas de la sinfonía de Mendelssohn, dicha con adecuada y juvenil frescura, y coordinando también un preciso y atento acompañamiento del concierto bachiano. Vera Martínez tenía una tarea más ardua, porque la obra de Schoenberg demanda múltiples inflexiones de matiz y tempo, distintos registros de sonoridad y color y la construcción, no fácil, de una atmósfera que nos lleve a través de los cinco episodios del poema de Richard Dehmel sobre el que está basada.

Atenta y precisa en el mando, siempre musical, Martínez elaboró una notable lectura de la compleja partitura, con claridad de planos y convincente recreación de climas. Los veintidós instrumentistas de la Orquesta Da Camera (distribución 6/5/5/5/1) evidenciaron un plausible empaste, buena sonoridad y envidiable capacidad de matiz. El éxito fue grande en una obra que gana por la emoción y se aleja del efectismo.

Rafael Ortega Basagoiti