MADRID / The Ministers of Pastime sitúan las ‘Estaciones’ de Guido a la altura de Vivaldi

Madrid. Ateneo. 25-X-2026. Festival Encuentro Silva de Sirenas (FESS). The Ministers of Pastime; Ignacio Ramal (violín y dirección). Intemperie: obras de Vivaldi, Guido, Marini, Oswald y Uccellini.
Giovanni Antonio Guido es uno de esos misteriosos compositores de la era barroca que han quedado asociados —en el mejor de los casos— a una sola obra. Nacido en Génova hacia 1675, estudió violín en Nápoles y entró en la Capilla Real de la ciudad partenopea en 1698. Lo encontramos desde 1702 o 1703 en París, donde entra al servicio del duque Felipe de Orleans, futuro Regente, gran amante de las artes y notable compositor. Tras su muerte en 1723, Guido sirvió a su hijo Luis de Orleans y en 1729 perdemos su rastro, quizás debido a su fallecimiento.
Convertirse en el Maître de musique de Felipe de Orleans, sobrino de Luis XIV, permitió a nuestro Guido entrar en contacto con personajes tan importantes como el banquero Pierre Crozat, Tesorero del rey. Desde 1714 Guido tocó regularmente en las veladas mensuales que tenían lugar en la mansión de Crozat en la rue de Richelieu. Uno de los pintores al servicio de Crozat fue Antoine Watteau, encargado de decorar el comedor de dicho palacio con cuatro paneles ovales relativos a las estaciones del año. Guido compuso en torno a 1716-17 una colección titulada Scherzi armonici sopra le Quattro stagioni dell’anno, quizás para inaugurar dicha decoración. Y es esta obra la que hace que recordemos hoy en día —no mucho, tampoco nos engañemos— a Giovanni Antonio Guido. No tanto por su calidad, sino porque es casi imposible no relacionar estas composiciones con las merecidamente famosas Cuatro estaciones de Vivaldi.
La historia de este posible vínculo es un tanto rocambolesca. Ya hemos visto que las piezas de Guido fueron compuestas a mediados de la década de 1710 pero no fueron publicadas en Versalles hasta 1726. Il Cimento dell’armonia e dell’invenzione, la colección de doce conciertos op. 8 de Vivaldi de la que proceden las Cuatro Estaciones —son los cuatro primeros— vio la luz en Ámsterdam en 1725, aunque es posible que su composición fuera anterior, en torno a 1718-19, durante su estancia en Mantua; en cualquier caso un poco posterior a la de las obras de Guido. ¿Quiere esto decir que Vivaldi se inspiró en Guido para su colección? Resulta atractivo pensar que Vivaldi tomó como modelo los Scherzi y la tentación de creerlo es tan grande que ha dado lugar a elucubraciones de todo tipo, pero es una idea que podemos descartar. El origen de los conciertos vivaldianos hay que buscarlos en su dedicatario, el Conde Morzin, cuyo palacio estaba decorado con estatuas de los cuatro continentes, de los cuatro elementos y de las cuatro estaciones. En cualquier caso, se trata de obras muy dispares, tanto en la forma como en la calidad. Los Scherzi de Guido, a pesar de un inconfundible aroma italiano y de que él mismo los subtitula concerti, siguen el modelo de las suites francesas con múltiples movimientos —entre seis y trece— mientras que Vivaldi continuó con la op. 8 el esquema de los conciertos para violín en tres movimientos (allegro-adagio-allegro) que él mismo había establecido con la op. 3.
Tomando como base las obras de Guido, Alberto Jara, contrabajista de The Ministers of Pastime, ha confeccionado un programa que, bajo el título Intemperie, gira en torno a las estaciones y los fenómenos atmosféricos con ejemplos de los dos compositores citados y otras obras de Biagio Marini, James Oswald y Marco Uccellini. Si no me equivoco, este es el cuarto concierto que tenemos la oportunidad de presenciar a este formidable y joven grupo y no podemos dejar de asombrarnos del nivel que acreditan, y parecen no tener techo. Es un conjunto que no cesa de crecer, pero no porque aborde repertorios más complejos —ya los interpreta desde hace tiempo— o porque toque cada vez mejor —que lo hace— sino sobre todo por su creciente capacidad para lograr que cada concierto sea una experiencia única y singular. Desde el primer golpe de arco de su concertino Ignacio Ramal, el espectador se ve sumergido en una experiencia de una intensidad poco habitual. La energía y la tensión que consiguen estos músicos me recuerda a la de algunos grandes cuartetos de cuerda. En las palabras que dirigió al público al final del concierto, Ramal lo dejó claro, no hay secretos: todo se basa en el trabajo, la reflexión, la curiosidad y la diversión. Y la humildad, añadiría yo.
Las obras de Guido, L’Eté y L’Automne, vinieron precedidas de los movimientos lentos de sus homónimos vivaldianos, como una especie de guiño que nos dejó con ganas de más Vivaldi. Porque se aprecia que estos intérpretes tienen algo que decir respecto a estas obras tan trilladas y no estaría de más que las transitaran en su integridad. En cuanto a las suites de Guido, es imposible sacar más partido a esa música. Comparando con la versión discográfica que conocíamos, la de Andrés Gabetta con la Orquesta de L’Opéra Royal, The Ministers se sitúan muy por encima, dando tal vuelo a estas obras que hacen que parezcan otras. Desde la tormenta inicial nos sorprendió el empaque y el sonido que son capaces de sacar tan sólo seis músicos, que suenan bien empastados, con unos violines muy expresivos y un bajo continuo creativo y potente. Cada breve movimiento sonó con un carácter especial gracias a los matices buscados y logrados.
Entre los dos scherzi de Guido se incluyeron tres piezas heterogéneas: la famosa passacaglia de Biagio Marini, The Belvedere de la colección Airs for the seasons del escocés James Oswald y La Granciflora de las Sinfonie Boscarecie op. 8 de Uccellini. Ya hemos comprobado en otras ocasiones la afinidad que tiene este conjunto con la música instrumental italiana del XVII. El Marini fue sencillamente hipnótico y la música de Uccellini contó con una bella introducción al violonchelo de Guillermo Turina, que evocó perfectamente cierto aire arcaizante de esta pieza. El sabio uso de las disonancias como parte de la retórica barroca, las dinámicas contrastadas, los silencios expresivos son elementos que The Ministers domina como pocos conjuntos de la actualidad. Y no podemos dejar de destacar, una vez más, a Ignacio Ramal, un violinista que atesora una rara mezcla de vigor y elegancia. Su frenética actividad parece no pasarle factura y sigue tocando con el nivel técnico, la frescura y la intensidad a la que nos tiene acostumbrados, consolidándose como uno de los mejores violinistas que se pueden escuchar hoy en el ámbito de la música antigua.
The Ministers of Pastime nos ha regalado otro concierto para el recuerdo. Permaneceremos a la espera de una segunda parte de este programa con las otras dos estaciones de Guido. Mientras tanto, nos quedamos con el delicioso sabor del allegro del Concierto para tres violines RV 551 de Vivaldi, que ofrecieron fuera de programa. Para los amantes del barroco, el FESS todavía tiene una cita por delante en Tres cantos el próximo 7 de noviembre con el concierto de Delirivm Musica.
Imanol Temprano Lecuona
(Fotografías: Samuel Pereira)


