MADRID / Teatralidad, fuerza, poder de Le Consort

Madrid. Auditorio Nacional. 19-II-2026. Música de Henry Purcell, Nicola Mattheis (padre e hijo), Mrs. Philarmonica y Antonio Vivaldi. Le Consort. Théotime Langlois de Swarte, violín y dir.
No habían terminado de apagarse los ecos de los murmullos de los espectadores cuando hicieron su aparición en el escenario Théotime Langlois de Swarte y Sophie de Bardonnèche desgranando con sus violines un arreglo de la melancólica The Queen’s Dolour, de Henry Purcell, mientras avanzaban lentamente hacia el proscenio. Les seguirían poco después, en silencio y moviéndose pausada y sigilosamente hasta sus puestos, Hanna Salzenstein (violonchelo) y Béatrice Martin (clave). De esta forma tan barroca y teatral comenzó el concierto ofrecido anoche en la sala de cámara del Auditorio Nacional de Música por el grupo francés Le Consort. La teatralidad, patente, como hemos visto, desde el primer momento, fue uno de los rasgos que caracterizó su actuación a lo largo de toda la velada, con algún momento particularmente efectista y brillante. El constante derroche de virtuosismo, energía y vitalidad -un auténtico portento para muchos; gratuita y excesiva en ocasiones, para algunos otros- fue el otro polo sobre el que gravitó su intervención. Espectacularidad y creatividad -podría ser ésta la tercera característica general-, estuvieron, en cualquier caso, siempre presentes en un concierto que no pocos calificaron de memorable.

Ofrecía el programa un recorrido por la floreciente música de la Restauración inglesa, esa etapa de renacimiento y replanteamiento de la vida cultural del país tras la asfixiante sacudida puritana de la revolución cromwelliana -la que, recordemos, estremeció a Europa con la primera ejecución pública de un monarca reinante-. Básicamente, recogía el contenido de un registro discográfico editado en 2023 con el título Philarmonica (Alpha Records), centrado, en primer lugar, en la titánica figura de Henry Purcell (1659-1695), de quien sonaron sonatas y algunas piezas de carácter y de su producción teatral. Se intercalaron fragmentos de las suites de Nicola Matteis (h.1650-1699), el violinista que al cambiar el sol napolitano por las brumas londinenses enriqueció notablemente la técnica instrumental autóctona y amplió los horizontes expresivos de su música, añadiendo acentos mediterráneos a la influencia francesa propiciada por el monarca Carlos II al retornar de su exilio parisino. De su homónimo hijo (N. Matteis, jr. h.1670-1737), ausente en el disco, se interpretó una sonata y algún otro movimiento suelto. La enigmática figura de Mrs. Philarmonica, de quien se ignora todo, incluyendo su sexo, dada a conocer realmente en aquel disco (con permiso del militante y menos difundido, pero anterior cronológicamente disco de Spirit of Musicke, 2020), aportó dos sonatas (3ª y 5ª) y, tras cambios de última hora, un par de movimientos de una tercera (la 6ª) de su colección de 1715. Y como fin de fiesta se programó La Follia de Antonio Vivaldi (1678-1741).

El occitano Théotime Langlois de Swarte lleva el sentido del espectáculo en las venas, posee una apabullante técnica -en sus manos el violín puede convertirse en un auténtico castillo de fuegos artificiales- y una enorme capacidad de comunicación, tanto musical como personal, que le hace conectar fácilmente con el público. Y logra amalgamar a los músicos que le rodean -tan jóvenes y capacitados técnicamente como él- de tal forma, que la música de Le Consort suena compacta, sin fisuras, perfectamente empastada. Puede que en el balance final del concierto la impresión general estuviera dominada por el impacto del virtuosismo y la teatralidad. Sobre todo, con ese espectacular momento, hacia el final de la primera parte, en que se sucedieron sin solución de continuidad la Fantasía de Nicola Mattheis, jr., con una fantástica intervención de Béatrice Martin en el clave, encadenada a un fascinante y arrebatador solo de Langlois encaramado en lo más alto de la sala, la encantadora Sarabanda amorosa del padre en que el protagonismo correspondió a Sophie de Bordonèche, concluyendo con la intensidad rítmica de la Diverse bizzarrie… (Chacona), también de Mattheis padre y ya con los dos violines bailando conjunta y alternativamente. Brillante fue también ese contraste casi violento entre Trumpet tune de Henry Purcell, teñido de recia marcialidad, y la tierna Borre de Mattheis, que permitió ofrecer a Langlois su otra cara, la del violinista lleno de sensibilidad y poesía, lo que, por otra parte, afloró igualmente, por ejemplo, en los movimientos lentos de las corellizantes sonatas de Mrs. Philarmonica (Largo de la sonata V, v.gr.) y, sutilmente entrelazado con el de su compañera Da Bardonnèche, jugaron elegantemente en algunos de los movimientos rápidos.
La violonchelista Hanna Salzenstein, con muy viva presencia siempre en el continuo, ofreció, como añadido de última hora al programa, el Capriccio IV para violonchelo solo de Jospeh Marie dall’Abaco (1710-1805), preñado de lirismo, para reaparecer con toda su fuerza y virtuosismo, de nuevo, en el continuo de la despiadadamente cercenada Follía vivaldiana que cerró el concierto. Langlois y Bardonnèche llevaron a cabo, ciertamente, otra exhibición de pericia técnica, pero, a nuestro parecer, tuvo mucho de mera exhibición sin hondura, impresionando más que emocionando. El primer movimiento del Concerto fatto per la notte di Natale, de Arcangelo Corelli, combinando lirismo y agilidad, despidió un concierto que, obviando ciertos detalles, fue altamente satisfactorio.
Manuel M. Martín Galán
Foto: © Elvira Megías


