MADRID / Regreso a la Antiguedad

MADRID / Regreso a la Antiguedad

Madrid. Auditorio Nacional. 17-X-2019. Les Arts Florissants. Director: Paul Agnew. Obras de Vicentino (Passa la nave mia), Di Lasso (Prophetiae sibyllarum) y Gesualdo (Libro III de madrigales)

Cada vez resulta más complicado justificar el hilo conductor de algunos conciertos. En ocasiones, hay que tener no pocos conocimientos musicológicos o saber mucho de historia de la música para entender de qué va a la cosa. Sirva de ejemplo el programa presentado por Les Arst Florissants en la inauguración de la nueva temporada del ciclo Universo Barroco del Centro Nacional de Difusión Nacional. Como en las dos visitas anteriores Les Arts Florissants había hecho los dos primeros libros de madrigales de Gesualdo da Venosa (1566-1613), ahora procedía hacer el tercero. Pero, ¿qué pintaban en el programa Nicola Vicentino (1511-c. 1575) y Orlando di Lasso (1532-1594)?

Gesualdo publica sus dos primeros libros cuando llega a Ferrara para contraer matrimonio con Leonora d’Este, en 1593, apenas tres años después de haber acabado con la vida de su primera esposa Maria d’Avalos al sorprenderla cometiendo adulterio. En 1595, publica sus libros tercero y cuarto, en los cuales se percibe una gran influencia de la música que se está haciendo en Ferrara en ese periodo, no solo por parte de compositores académicos (principalmente, Luzzasco Luzzaschi), sino también de otros autores bastante más heterodoxos. Sobre todo, Vicentino. En Vicentino se constata un permanente intento —a veces obsesivo— por retornar al pasado clásico heleno. Trata de redescubrir el género cromático, para lo cual construye un instrumento, al que denomina archicémbalo, formado por seis teclados que dividen la octava en 31 grados y que, de acuerdo con la teoría musical griega, poseen los géneros diatónico, cromático y enarmónico. Vicentino ya influye en Gesualdo en sus libros segundo y tercero, aunque la influencia será aún mayor en los libros quinto y sexto.

¿Y Lasso? Pues Lasso concibe su colección de motetes Prophetiae sibyllarum (c. 1556-1560) en forma de escritura cromática, con afinaciones inusuales y disonancias inauditas tanto para lo que era su estilo composicional como para lo que se estilaba en la época. Lasso estaba al tanto de la polémica que mantenían el músico y teórico portugués Vicente Lusitano (?-d. 1561), que defendía el género diatónico como método compositivo, y Vicentino, partidario del género cromático. Y Lasso no dudó en posicionarse al lado de este último. Consecuencia de ello serían estos doce motetes, interpretados por primera vez en la corte del duque Alberto V de Baviera, gran mecenas de las artes y, en especial, de la música.

Se dice que Gesualdo es el primer compositor moderno de la historia. Pero en realidad sus cuatro últimos libros de madrigales son una vuelta al pasado clásico, siguiendo la senda de Vicentino. La modernidad de Gesualdo no radica tanto en su música como en que la hace solo por amor al arte. Como noble que es (sobrino del arzobispo de Nápoles Alfonso Gesualdo y de San Carlos Borromeo, además de sobrino nieto del papa Pío IV), no necesita componer por dinero (es, tal vez, el primer diletante de la historia de la música). Pero, asimismo, es moderno, porque, como Vicentino y Lasso, su música proviene de una idea antigua.

La modernidad de Gesualdo también tiene que ver con su forma de expresar el texto. En los diecisiete madrigales del Libro tercero, casi todos los textos son de autoría anónima, aunque haya dos de Gian Battista Guarini (Voi volete ch’io mora y Dolce Spirto d’amore) y otro de Annibale Pocaterra o, tal vez, de Ottavio Rinuccini (el bellísimo Dolcissimo sospiro). Seguramente nadie ha entendido mejor la modernidad de estos madrigales de Gesualdo que el tenor inglés Paul Agnew, codirector de Les Arts Florissants. Agnew lleva años sumergiéndose en esta música y viendo en ella lo que nadie hasta la fecha —ni siquiera los italianos— había sido capaz de ver. Su dominio de ella es radical, tanto en su faceta de cantante como en la todavía más compleja de director. Pero el engranaje de Les Arts Florissants como empresa permite a Agnew dedicarse largos periodos al año a este tipo de proyectos ‘transversales’ en exclusiva, sin que otros proyectos interfieran en ello. Lo demostró en sus dos visitas a Madrid (octubre de 2018 y junio de 2019) con los libros primero y segundo, y lo ha vuelto a demostrar ahora con el tercero.

Otra de las grandes ventajas con que cuenta Agnew para su proyecto Gesualdo es disponer siempre de la misma plantilla: las sopranos Miriam Allan y Hannah Morrison, la contralto Mélodie Ruvio, el tenor Sean Clayton y el bajo Edward Grint. La compenetración entre ellos es total. También lo es su concentración a lo largo de las horas del concierto (¿es capaz de imaginar alguien la brutal presión psicológica que produce esa concentración absoluta?). No hay nunca ni una pequeña desafinación. Solo los grandes ensembles corales británicos son capaces de hacer algo así. Sí, ya lo sé: Les Arts Florissants es una formación francesa… Pero, salvo Ruvio, el resto de sus miembros son británicos (Allan es australiana, pero a fin de cuentas los australianos son los británicos del hemisferio sur). Y los británicos han nacido para cantar en coros y para hacer mejor que nadie una música tan endiabladamente enrevesada como es la de Gesualdo. Quizá algún aderezo italiano serviría para enriquecerla aún más, pero no vamos a ponernos tan exquisitos ahora.

(Foto: Elvira Megías – CNDM)