MADRID / Prégardien ofrece una ‘Pasión según San Mateo’ con luces y sombras

Madrid. Auditorio Nacional. 24-III-2024. Ciclo Universo Barroco. David Fischer, tenor; Pau Armengol, barítono. Coro de Cámara del Palau de la Música Catalana. Coro Infantil de l’Orfeó Català. Vespres d’Arnadí. Christoph Prégardien, dirección. Bach: Pasión según San Mateo.
Hay que decir que esta interpretación de la Pasión según San Mateo fue en líneas generales muy disfrutable y con algunos elementos destacables, como el excelente Evangelista del tenor David Fischer y el espléndido Coro de Cámara del Palau de la Música Catalana, muy nutrido, que sobresalió en muchos momentos, y que fue lo mejor junto a la orquesta, con una sección de oboes especialmente brillante, unos estupendos traversos, unas cuerdas excelentes y un buen bajo continuo, en ambos coros, con un imaginativo Pablo FitzGerald al archilaúd y una intensa María Elena Medina en las partes para viola da gamba.
Es bien conocida la dilatada y brillantísima carrera como cantante de Prégardien, donde ha realizado algunos de los papeles de evangelistas bachianos más memorables que se recuerden, y también lo es su labor como director invitado en varias ocasiones, desde 2012, en este tipo de repertorio. Pero, aunque este concierto sea probablemente fruto de un proyecto concebido en torno a ese nombre de reconocido prestigio, y con toda una serie de condicionantes, para quien esto escribe es posiblemente prescindible que un director como Prégardien asuma la dirección de una orquesta tan excepcional y bien trabajada por su director habitual Dani Espasa como es Vespres d’Arnadí, y que quizá pudiera aportar un proyecto más personal.
El caso es que la dirección de Prégardien empezó algo tibia ya con el coro de apertura Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen, sin señalar claramente los contrastes, las microdinámicas y sin marcar los énfasis que un director debería aportar en una pieza con dos coros, más el abundante coro de niños de soprano in ripieno, y dos orquestas con la excelencia que la música de Bach requiere. Hubo falta de carisma en la dirección, una tónica que se repitió en muchos momentos, especialmente de la primera parte, con algunos desajustes en la coordinación precisa de las entradas de ambas orquesta y coros, sutiles pero perceptibles, con indecisiones en varios finales, con notas que terminaban con cierta indefinición. Bien es cierto que en la segunda parte la dirección ganó muchos enteros y fue mucho más viva y comprometida, todo funcionó mucho mejor Valga de ejemplo de ello, por cerrar el círculo, el coro final Wir setzen uns mit Tränen nieder, muy bien trabajado e interpretado con esplendor.

Gran parte de lo mejor de la noche correspondió al coro, muy nutrido, con hasta cinco voces por parte en cada uno de los dos coros, y con el añadido de nada menos que treinta niños para el tercer coro de soprano in ripieno, que fue quizá algo excesivo para lo que Bach requería para esa parte. El Coro de Cámara del Palau respondió con ese color y empaque que aportan los coros numerosos. Al comienzo del concierto parecieron faltar ciertos matices en las dinámicas y en las entradas, o en la personalidad de las diferentes voces, pero sus prestaciones fueron mejorando y mucho a lo largo del concierto, dejándonos algunos coros y corales espléndidos, como en la preciosa interpretación del coral O Haupt voll Blut und Wunden, o el bello coral, tras expirar Jesús, Wenn ich einmal soll scheiden, con una interpretación realmente espléndida y emocionante; o en los magníficos coros, junto a una brillante orquesta, Der du den Tempel Gottes, Wahrlich, dieser ist Gottes Sohn gewesen o Herr, wir haben gedacht, todos de la segunda parte. Toda la representación de las turbas fueron ejecutadas con mucha fuerza y expresividad, con gran atención y énfasis a los textos.
El tenor David Fischer hizo un Evangelista espléndido durante toda la velada y fue, sin duda, el mejor solista. Posee un bello timbre, con una voz clara y ligeramente metálica, con muy buena proyección, buenas articulaciones y un excelente fiato. Hizo un evangelista realmente muy convincente. El barítono Pau Armengol hizo también un buen trabajo con su canto en el papel de Jesús, tiene una técnica trabajada y una voz de timbre cálido con una dinámica amplia y unos graves sugerentes. También fue destacable la labor del bajo-barítono Guillem Batllori, que cantó con buena técnica los papeles de Judas, Pilatos y tuvo alguna otra buena intervención, como en el aria Gerne will ich mich bequemen, en diálogo con los violines del segundo coro y el continuo. Del resto de solistas, algunos de ellos provenientes del coro, hay que decir que tuvieron una labor aceptable, pero irregular, lejos de la excelencia que requieren muchas de las bellas arias que Bach escribió para esta Pasión, en esas interpolaciones al texto evangélico.
Mucho mejor fue la labor instrumental, donde hay que destacar la sección de oboes. Con mucho protagonismo durante toda la noche, ya fuera con oboes, oboes da caccia u oboes d’amore. Especialmente brillante estuvo Pere Saragossa con el expresivo sonido que sabe imprimir a sus instrumentos. Por ejemplo, en la expresividad dolorosa de los dos oboes da caccia en el recitativo con coral O Schmerz!, donde, por cierto, los oboes del coro 2 tuvieron que hacer la parte de las flautas dulces al no disponer de ellas, y el aria para tenor con coro que le sigue, Ich will bei meinem Jesu wachen, con un gran Saragossa como oboe solista con la excelencia que siempre le caracteriza. O también en el aria para soprano Aus Liebe will mein Heiland sterben, con los dos oboes da caccia junto al traverso de una espléndida Marina Durany; o esos oboes da caccia inquietantes con disonancias en el recitativo Ach, Golgatha, unsel’ges Golgatha!, que comienza con las cuerdas del brillante continuo en pizzicato, y en el aria Sehet, Jesus hat die Hand.
Farran Sylvan James hizo una espléndida intervención con su violín en Erbarme dich, desafortunadamente con un canto solo correcto, y Alba Roca, como concertino del otro coro, no le fue a la zaga en Gebt mir meinem Jesum wieder! La sección de cuerdas estuvo brillante durante todo el concierto, con una disposición de doble orquesta 6/2/2, lo mismo que los dos contrabajos y los dos órganos y clave, Dani Espasa alternó entre ambos instrumentos en el primer coro, para completar la rica sección del continuo, donde también destacó el color imaginativo del archilaúd de Pablo FitzGerald. La violagambista María Elena Medina estuvo espléndida en su intervención en el aria Komm, süßes Kreuz, aunque nuevamente el canto dejó que desear.
Manuel de Lara Ruiz
(fotos: Elvira Megías)


