MADRID / Poco entusiasmo (Premio SGAE/CNDM para jóvenes compositores)

MADRID / Poco entusiasmo (Premio SGAE/CNDM para jóvenes compositores)

Madrid. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía., Auditorio 400. Lunes, 18 de noviembre de 2019. KOAN. Director: José Ramón Encinar. XXX Premio de jóvenes compositores Fundación SGAE-CNDM. Obras de Antón Alcalde, Bruno Angelo, María del Pilar Miralles y David Cantalejo.

 

Bajo la dirección de José Ramón Encinar, no solo director sino también compositor, colega de esos jóvenes cuyas obras se exponían, una plantilla de KOAN presentó las cuatro obras del concierto final para el XXX Premio de jóvenes compositores de la Fundación SGAE-CNDM: trío de cuerda, trío de maderas sin fagot, piano y muy variada percusión, incluida percusión afinada, más efectos electroacústicos. Aparte de estos efectos, un total de ocho músicos algunos de los cuales no intervenía en determinadas obras, y un director al servicio de desentrañar esas partituras. La iniciativa es importante. No sé, por mi experiencia de jurado en otros galardones, si lo mejor es dejar el criterio de selección y galardones a un sesgado criterio de expertos más preocupados por la gramática que por lo que pudiéramos llamar poética. Prefiero decirlo desde el principio en lugar de guardarme la carta en la manga para el final: son obras que parecen bien escritas, con mucho sabiduría gramatical, con algo de vuelo creativo en ocasiones, unas obras que pueden producir admiración (no estoy seguro) pero nunca entusiasmo. Algo que es propio de la composición contemporánea no solo aquí, en nuestro país, sino en todos los que, habiéndose librado de la vanguardia de posguerra, mantienen sin embargo maneras que un día sirvieron para luchar contra el exceso (Ortega, nada melómano, lo aclaraba en La deshumanización del arte para otras especialidades: tanta humanidad, aplastaba, por decirlo así) y que ahora son una carga. Aquel “librarse” afectó a los propios compositores de vanguardia, al menos a los longevos, que así consiguieron librarse de sí mismo.

Dio comienzo con Firely after, ‘Tokio blues’, de Antón Alcalde (1992), que contiene el conocido juego de renunciar a la frase para, a continuación, sugerir la frase; y la frases son cortas, acaso solo células, y en su tránsito se nos reserva la sorpresa, pero como contraste. Seguimos una secuencia que a veces parece línea de colores (lo que en Viena se llamó Klangarbernmelodie) y que en determinados se muestra como acumulación sonora semejante a la de los pájaros desencadenados, desbocados diríamos, de Messiaen (en la escena de la prédica). El discurso tiene a resolverse, a agotarse o a alejarse, pero regresa y se recupera, se expande: falsa alarma. Eso que llamamos pájaros y un fondo sonoro que es su paisaje culminan y creo que finalizan un discurso de considerable interés. Me pareció la obra más interesante, así no me sorprendió que no fuera mi mucho menos la ganadora final.

Res nata, Bruno Angelo (1985), sin oboe ni percusión, parece renunciar a la frase, o a matizarla mucho, como la anterior. Una marca de hoy es precisamente la de impedir que la frase se despliegue, a favor desde luego del color y la métrica, cuando no de otros efectos que se suponen que hoy nos siguen sorprendiendo (habría que advertir al gremio que no es así, que busquen otra manera de sorprendernos). Hay una especie de moto perpetuo en que es esencial el piano, y un ostinato con lo que parece una misma nota. De especial interés el episodio de la cadencia para la viola sola.

Overthinking, de María del Pilar Miralles (1997, la benjamín del grupo) es solo para piano, clarinete, viola, violonchelo y percusión. Una secuencia sonora en la que hay una especie de horro al vacío, temor al hueco, pero se matiza con tempi, métrica y creo que sobre todo con dinámicas. A veces da la impresión de que se estilizan danzas ligeras, exóticas, como las rumbas que quién si sabe si no bailaron los abuelos.

La noche de Walpurgis, de David Cantalejo (1985) comienza con murmullo (de algún modo hay que llamarlo, o callarse) que parece motivar lo que viene a continuación y que será el clima dominante: estallidos, estridencia. Para, claro está, permitirse un decrescendo cuando la crisis sonora es dolorosa. Lo que, a su vez, permite el regreso de las estridencias. Nada original, pero muy bien administrado. Renunciar a la originalidad en música de hoy es valentía. Conseguirla es una hazaña tan improbable como, de lograrse, estar destinada a que los expertos no la vean. Hay momentos en los que el discurso parece ubicarse bajo el signo”ad libitum”. Fue la obra que obtuvo el primer Premio.

Sea cual sea la calificación de las obras, estar entre esta selección final de cuatro es muy importante para los compositores jóvenes. Que se apoye a los compositores jóvenes no es tan habitual como se cree. Recuerdo un ciclo en el que  se nos quería imponer cierto repertorio, y uno de los nuestros dijo “entonces, jóvenes compositores”, y el efímero funcionario y artista protestó rápidamente: “¿cómo que jóvenes…?” Además, que lo haga SGAE, si bien con el concurso imprescindible del CNDM, tiene importancia adicional o esencial, porque SGAE se ha acostumbrado desde hace mucho tiempo a recaudar ingresos por repertorios muy distintos y programaciones de otra índole.