MADRID / Pergamo Ensemble revive con brillantez música inédita de Facco en el Palacio Real

Madrid. Capilla del Palacio Real. 21-V-2026. Eugenia Boix, soprano. Pergamo Ensemble. Eva del Campo, clave; Guillermo Turina, violonchelo. ‘Dulce Libertad’: cantatas y obras instrumentales de Giacomo Facco.
Pergamo Ensemble y la soprano Eugenia Boix ofrecieron un homenaje a la música del excelente compositor Giacomo Facco con motivo de la efeméride del 350º aniversario de su nacimiento en el magnífico marco de la Capilla Real de Palacio.
El paduano Giacomo Facco gozaba ya de prestigio cuando entró en 1705 al servicio del Virrey de Sicilia, Carlo Antonio Spinola, marqués de Los Balbases, como maestro de coro y virtuoso del violín y violonchelo. En Sicilia compuso serenatas, óperas, cantatas y obras instrumentales de notable valor. Hacia 1719, Facco abandona Italia y se traslada a la España de Felipe V donde en 1720 fue nombrado maestro de la Capilla Real y profesor de música de los tres hijos del Rey. En la Capilla Real, al estar ocupados los puestos para violonchelo, le fue asignado el violín. La labor de Facco fue encomiable durante años, con obras tan relevantes como la composición de las primeras óperas en lengua española, la magnífica Las Amazonas de España, de la que hace dos años disfrutamos en Madrid de manera íntegra por primera vez en tiempos modernos, y la excelente Amor es todo invención, Jupiter y Amphitrion, ambas con libreto de Cañizares. Junto a ellas, toda una serie de excelentes obras vocales e instrumentales hasta que finalmente fue apartado como compositor de la Corte con la llegada de Farinelli, momento en que desaparece de los archivos y es de prever que siguiera solo ya en su puesto de violinista.
Con su simpatía habitual, Guillermo Turina presentó el programa que, además de con una sinfonía para violonchelo y bajo continuo, comenzaba con dos cantatas de la época italiana inéditas hasta ahora y que sonaban por primera vez en nuestra época. A la brillantez del programa se sumaba que Turina iba a interpretar con el violonchelo Stradivarius 1700 de las Colecciones Reales, lo que es una maravilla por la belleza de su profundo sonido y además en ese escenario.
Con su maestría habitual, no en vano Guillermo Turina es uno de los mejores violonchelistas barrocos —y en España tenemos la fortuna de tener varios de ellos— abordaron él y la clavecinista Eva del Campo al continuo una Sinfonia di violoncello à solo que mostró la escritura altamente virtuosa de Facco para este instrumento. La interpretación fue espléndida desde su virtuosísimo Grave inicial, donde la destreza y la fuerza de Turina nos trasladó la vitalidad de la música de Facco, a pasar por momentos muy cantábiles y dulces como en la Ciaconna y el Adagio, donde el intérprete lució su gran expresividad, y a otras fases llenas de un brío contagioso como fue el caso en la Gavotta y Gigha finales. Excelente la atención a toda la expresividad de esta música brillante por parte de Turina y el bien elaborado continuo del clave.
A continuación llegaron las dos cantatas italianas y pudimos disfrutar de la estupenda soprano Eugenia Boix, a la que en los últimos años hemos podido escuchar poco en Madrid, por lo que era un motivo de doble alegría volver a escucharla en un repertorio que domina con brillantez. Comenzó por Bella leggiadra Armida, una cantata cuya escritura demuestra una alta complejidad armónica y elementos cambiantes de contraste muy exigentes con los intérpretes. La soprano nos mostró la calidad de su voz, llena de expresividad y su dominio técnico con excelente proyección. Estas cantatas tienen en lo instrumental gran protagonismo del violonchelo, con partes muy virtuosas.
Más bella aún fue la cantata Vidi su molli erbette, de mayores afectos que Boix cantó con exquisita sensibilidad en sus momentos más dulces y lucimiento en las coloraturas. Otra de las excelentes sinfonías para violonchelo vino a continuación, aún de mayor riqueza que la primera, con su precioso Grave de apertura, su interesante Adagio Assai y el vértigo del Presto final que tanto Turina como Del Campo bordaron.
Y a partir de ahí, el programa se adentró en la parte española propiamente, en primer lugar con el Balletto a violoncello solo, una preciosa obra de gran belleza en sus partes —Preludio, Allemanda, Sarabanda y Gavotta—, especialmente las lentas, que antecedió a la brillante y alegre cantata Amada libertad enhorabuena, cuya única copia se encuentra en la Biblioteca de Cataluña. La interpretación fue muy expresiva y Boix volvió a mostrar la proyección poderosa de su expresivo canto junto a la estupenda compenetración con los músicos. Otra excelente cantata española, ¡Oh, qué brillar de aurora tan luciente!, esta vez de un manuscrito mexicano, cerraba este brillante programa dedicado a Facco, lleno de piezas inéditas e interpretado con la maestría a la que nos acostumbra el Pergamo Ensemble y la propia Eugenia Boix, que han dedicado mucho tiempo a revivir con gran brillantez la obra de ese excelente compositor.
De propina, nos ofrecieron una joya, el aria más bonita de la cantata Clori pur Troppo bella, una auténtica delicia que interpretaron con una delicadeza extrema, con el pizzicato de Turina desde el violonchelo y la sensibilidad preciosista del canto de Eugenia Boix. Y no pude olvidar lo mucho que la apreciaba nuestro añorado Eduardo Torrico y, como coincidimos juntos la última vez que estuvimos los dos con ella, hubo un momento mutuo de gran emoción en su recuerdo.
Manuel de Lara
(fotos: Patrimonio Nacional)


