MADRID / ORTVE: un Strauss sobresaliente

Madrid. Teatro Monumental. 16-II-2023. Javier Perianes, piano. Orquesta Sinfónica RTVE. Director: Pablo González. Obras de Beethoven y Richard Strauss.
Esa iba a ser la última vez que el público vienés vería a Ludwig tocar como concertista. Pocos lo hubieran imaginado, aunque su sordera era ya acuciante. Fue en el Theather an der Wien y hacía un frío que pelaba. Aquel jueves 22 de diciembre de 1808, en un recital de dimensiones maratonianas —¡cuatro horas!— se estrenó el Concierto para piano nº 4 op. 58. En ese mismo recital también se estrenaron las Sinfonías nº 5 y 6, la Fantasía coral para orquesta, coro y piano op. 80, tres movimientos de la Misa en Do mayor, el aria “Ah! Perfido y una larga improvisación de Beethoven al piano. Después del estreno, el Concierto nº 4 no volvería a interpretarse hasta veinte años más tarde.
El musicólogo estadounidense Michael Steinberg —así lo relata el compositor Rorbert Greenberg en The Concerto— acuñó el término ‘Ley de Rosen’ para referirse al concepto de la doble exposición que el eminente pianista y crítico Charles Rosen describe en su indispensable libro El estilo clásico: “El hecho más importante de la doble exposición es que el público espera a que entre el solista y, cuando este deja de tocar, espera a que comience de nuevo”. Cuando Beethoven compuso el Concierto para piano nº 4 op. 58 se saltó esta convención clásica y decidió que fuera el piano solista el que comenzara el concierto. La música que expone el piano, sin embargo, es de todo menos solista: un tema al estilo coral, exquisito y suave, establece la tonalidad de Sol mayor de un modo lírico y encantador. La orquesta responde con una frase parecida en la distante tonalidad de Si mayor. Eso hace que el piano y la orquesta, aunque compartan material temático, armónicamente, pertenecen a dos mundos muy distintos. Beethoven trata el piano y la orquesta como iguales y crea una atmósfera poética y misteriosa que llega hasta el final del primer movimiento.
Este concierto, dividido en tres movimientos Allegro moderato, Andante con moto y Rondo vivace, fue el que anoche interpretaron el pianista onubense Javier Perianes y la Orquesta Sinfónica RTVE dirigida por su titular, Pablo González, en el primero de los dos conciertos semanales de la temporada Raíces. Poco público congregado, aunque entusiasta. La orquesta arropó a Perianes para que su musical modo de tocar luciese en una interpretación que honró tanto al Clasicismo como al Romanticismo que emana de esta partitura. Javier Perianes tuvo momentos muy expresivos y de notable ejecución como, por ejemplo, las cadencias del primer y tercer movimiento. El público lo reconoció con los aplausos a los que Perianes correspondió con una hermosa propina, La niña de los cabellos de lino de Claude Debussy, una obra con la que sin duda Perianes se sintió muy cómodo y con la que anoche pudo realzar ese toque suyo delicado y musical.
Tras el descanso llegó el poema sinfónico Así habló Zaratustra de Richard Strauss, una obra de grandes dimensiones, muy difícil y magníficamente interpretada por la ORTVE, que eclipsó el concierto para piano de la primera parte. También fuimos testigos de las dotes interpretativas del director Pablo González, quien declamó de memoria los primeros párrafos del comienzo del libro de Nietzsche, esos que comienzan con “cuando Zaratustra cumplió treinta años, abandonó su patria…” y que terminan con “así comenzó el ocaso de Zaratustra”. Ese fue el momento en que González agarró la batuta y comenzó la archiconocida fanfarria del Amanecer, ese emocionante principio que parece un final apoteósico y que pone la piel de gallina. Luego volveremos a Pablo González y a la ORTVE.
Richard Strauss compuso esta obra en 1896 —casi noventa años después del estreno del Concierto nº 4 de Beethoven— y, tras el ensayo general para su estreno en noviembre de aquel año, le escribió a su esposa Pauline: “De lejos, la más importante de todas mis obras, la más perfecta en forma, la más rica en contenido y la más individual en carácter”. Claro que, por aquel entonces, Strauss solo tenía 32 años y aún no había compuesto ni Salomé ni Elektra ni El caballero de la rosa entre otras muchas obras. Aún le quedaban 53 años de una larga, prolífica y exitosa vida como compositor.
“De lejos, la más importante de todas mis obras…”. Anoche la ORTVE y Pablo González hicieron una interpretación que hizo justicia a las palabras que Strauss le escribió a su mujer hace ya más de 125 años. Y fue un gran acierto —una sorpresa también— que Pablo González demostrara sus dotes de actor declamando el comienzo del libro Así habló Zaratustra. Con ello consiguió que el público tomara perspectiva de una música que en el imaginario de la mayoría de las personas del siglo XIX está asociada a la famosa película de Stanley Kubrick 2001: Una odisea del espacio. Porque seamos sinceros, ¿quién ha leído el libro de Nietzsche? Un libro del que muchas personas hablan y pocos han leído, como El Quijote. Pues bien, ese es el libro en el que Richard Strauss se basó para componer su poema sinfónico.
Así habló Zaratustra no es una obra que se toque con frecuencia, a pesar de su archiconocida fanfarria inicial. Requiere una gran orquesta y tiene pasajes de extrema dificultad, sobre todo en las cuerdas. Pablo González se mostró como pez en el agua con esta obra, un pez que se movió a su gusto en el mar de la partitura y que logró que la orquesta se sumergiera en una música para hacerla emerger, en toda su hondura y belleza, a los oídos del público. Uno ya ha escrito en otras reseñas que la ORTVE está pasando por un muy buen momento y ayer fue otro de esos recitales en los que un centenar de maestros de orquesta se ponen de acuerdo para sonar como un único instrumento. La interpretación de anoche estuvo llena de lirismo, dinamismo, de emoción, de tensión, de virtuosismo orquestal. No hubo una sola de las nueve secciones en las que se divide esta obra que no transmitiera un mensaje con una orquesta conjuntadísima. Las cuerdas, con esas partes tan difíciles, lograron sonoridades preciosas, fueron una delicia; las trompas estupendas, las tubas, las trompetas, los trombones, las flautas y flautines los oboes, los fagotes, los clarinetes, las arpas, el órgano, la percusión, todos absolutamente todos a una como en Fuenteovejuna. Por eso le sabe a uno mal mencionar nombres, porque habría que mencionar a todos los miembros de la orquesta. Estupendos todos, pero algunos con momentos de protagonismo especial como el percusionista Rafael Mas, el violonchelista Javier Albarés, el concertino Miguel Borrego, la violista María Cámara…
Es cierto que la primera parte del concierto quedó eclipsada con la magnífica y sobresaliente interpretación de la segunda, pero no es menos cierto que la ORTVE demostró en la primera algo que muchas veces no se cumple: saber acompañar y arropar al solista para que se luzca. Con respecto a Así habló Zaratustra, quienes deseen conocer esta obra en todas sus dimensiones para darse cuenta de por qué Strauss la consideraba su obra más importante, hoy tienen una segunda oportunidad para hacerlo en directo. Y, créanme, solo en directo toma uno verdadera consciencia de la dimensión musical de este poema sinfónico.
Michael Thallium


