MADRID / ORTVE: sensaciones encontradas

MADRID / ORTVE: sensaciones encontradas

Madrid. Teatro Monumental. 2-VII-2021. Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española. Director: Javier Ulises Illán. Obras de C.P.E. Bach, J.C. Bach, García y Haydn.

Hacer música del siglo XVIII con instrumentos modernos es como jugar al fútbol con un balón de rugby. Y cuanto más temprano sea el repertorio, más ovalado nos parecerá el balón. Resulta muy difícil controlar los botes, y mucho más si no se entrena con frecuencia. Una orquesta sinfónica de esas que tocan todas las semanas diferentes repertorios no dispone de demasiado tiempo para adentrarse en territorios que no son su hábitat natural.

Desde luego, el Clasicismo no es el hábitat natural de la ORTVE. Se puede enfrentar, por supuesto, a una sinfonía de Haydn o de Mozart, pero dudo mucho que los oídos más exigentes puedan quedar plenamente satisfechos con el resultado. Me ocurrió (y, por favor, no consideren un ejercicio de petulancia por mi parte incluirme entre los ‘oídos más exigentes’) hace solo un par de meses, cuando la ORTVE, dirigida por Maurice Steger, interpretó la Misa en Do mayor K. 167. Y me ha vuelto a pasar ahora, con un programa que en lo cronológico iba desde Carl Philipp Emanuel Bach hasta Manuel del Pópulo Vicente García (o sea, el padre de María Malibrán y de Pauline Viardot), pasando por Johann Christian Bach (el ‘Bach de Londres’) y por Joseph Haydn, y que suponía el debut de Javier Ulises Illán en el podio de la ORTVE.

Illán es un joven director que atesora conocimientos y que derrocha entusiasmo. Su estreno con la orquesta del ente público tuvo cosas buenas, aunque otras me convencieron menos. Imagino que Illán no ha debido de disponer de todo el tiempo que le habría gustado para preparar a conciencia este debut y para haber podido extraer de la ORTVE un sonido más próximo a los planteamientos historicistas que demanda esta música y que van más en consonancia con la propia formación musical de Illán. Tampoco sé cuál ha sido la actitud de los integrantes de la orquesta en los ensayos, aunque sabido es que estas formaciones estables no es precisamente pasión lo que rebosan cuando se las saca de su zona de confort.

Me dejaron un tanto frío la preciosa Sinfonía en Mi menor Wq 178 de Carl Philipp (lo siento, con ella tengo siempre presente en mi cabeza la sutilísima versión que grabó el tristemente desaparecido Ludger Rémy al frente de Les Amis de Philippe a mediados de los años 90) y la Sinfonía concertante en La mayor para violín y violonchelo (con Miguel Borrego y Javier Albarés como solistas) de Johann Christian, con presencia en ambas del clave y dirigidas por Illán sin batuta.

Sin embargo, fue mucho más positiva la impresión (con Illán usando ahora la batuta) en la Sinfonía nº 3 en Sol menor de García (recuperación llevada a cabo por el Instituto Complutense de Ciencias Musicales que dirige el musicólogo Álvaro Torrente) y, sobre todo, en la monumental Sinfonía nº 92 en Sol mayor, “Oxford”, de Haydn, con un buen desempeño por parte de los instrumentistas de viento y del percusionista.

Teniendo en cuenta los antecedentes aquí expuestos, la valoración global tiene que ser positiva. Otra cosa es la cualificación, es decir, si una orquesta sinfónica convencional está realmente preparada para afrontar todo tipo de repertorios (y empleando siempre los mismos instrumentos). Pero eso es ya harina de otro costal que requeriría de un largo (y, me temo, que infructuoso) debate.