MADRID / ORTVE: Modernidad y repertorio, una síntesis

MADRID / ORTVE: Modernidad y repertorio, una síntesis

Madrid. Teatro Monumental. 13-I-2022. Asier Polo, violonchelo. Iñaki Alberdi, acordeón. Orquesta Sinfónica de RTVE. Director: Pablo González. Obras de Jesús Torres y Brahms.

La música reciente y la de repertorio pueden convivir perfectamente realzando los conciertos y demostrando que la música, como la Naturaleza o el mismo Universo, es única y a la vez multiforme. Para que ello resulte, solo hacen falta dos cosas: que las obras sean de gran categoría (también hay mucho repertorio mediocre, como lo hay moderno flojo) y que la interpretación sea de primera clase. Y eso es lo que ha ocurrido en el primer concierto de abono del año de la Orquesta Sinfónica de RTVE que, con obras de Torres y Brahms ha resultado magnífico.

El zaragozano Jesús Torres (1965) es una figura puntera entre los creadores de su generación, que los tiene excelentes. Y entre sus obras una destacada es la que se interpretaba en esta ocasión. Transfiguración, doble concierto para violonchelo, acordeón y cuerda, escrito en 2016, estrenado en 2019 y se basa en la figura, ideas y música de Hildegard von Bingen. Obra incisiva, extática y ardiente, según los momentos, que trata secuencialmente un material en torno a una expansiva célula melódica donde los solistas tienen relieve, pero se integran plenamente con un entorno de cuerda sutil y complejo, de una gran emotividad.

Obra grande que tuvo intérpretes también grandes, el acordeonista Iñaki Alberdi, absolutamente impecable, y un violonchelista tan completo como es Asier Polo, sin duda el mejor violonchelista español de la era actual. Ambos destacaron en sus cometidos y también el actual titular de la orquesta, Pablo González, que montó la obra con mimo y efectividad logrando una versión ideal. Hay que destacar especialmente la gran interpretación, técnica y artística, de la cuerda de la orquesta que sonó maravillosamente bien. Todos contribuyeron al abierto éxito de una obra que, desde luego, lo merece.

La Sinfonía nº 1 en Do menor op. 68 de Brahms se inserta en el más estricto repertorio. Eso implica que el aficionado menos avezado tiene en su cabeza docenas de versiones modélicas. Y esta ‘disquitis’ de oyente actual le impide a veces disfrutar de algo bueno solo porque no coincida con un canon ideal que tiene impostado. Consciente de ello, Pablo González intentó exponer su visión de buen músico sobre la obra. Logró casi siempre un flujo sonoro interesantísimo que discurriera con los cauces formales de la pieza que tantas veces son una barrera y no una mediación.

Hubo momentos muy logrados como el final del primer movimiento con esa especie de éxtasis temporal como la misma Hildegard von Bingen, a quien no creo que Brahms conociera, que consiguen el encaminamiento de pedales hacia la tónica con el solo de violín suspendido, que en este caso subrayó etéreamente el concertino Miguel Borrego.  Hubo otras cosas de interés y en general se asistió a una versión muy notable con una orquesta en forma y entregada. Y la apuesta Torres-Brahms no solo funcionó, sino que consiguió un gran concierto.