MADRID (ORTVE) / La nueva irrealidad

MADRID (ORTVE) / La nueva irrealidad

Madrid. Teatro Monumental. 12-XI-2020. Steven Isserlis, violonchelo. Susana Cordón, soprano. Antonio Lozano, tenor. José Coca, bajo. Orquesta Sinfónica RTVE. Directora: Anu Tali. Obras de Haydn y Stravinsky.

El Concierto para violonchelo nº 2 de Franz Joseph Haydn suscitó dudas sobre su autoría, por atribuirse también a Anton Kraft, músico bajo la tutela del príncipe Esterházy, coexistiendo ambas hipótesis durante mucho tiempo. Se atribuía al segundo con toda cautela, quizá porque era demasiado hermoso para un gran violonchelista sin obra comparable a la del músico de Rohrau. Ello no obsta para que hoy se grabe mucho más el juvenil, hallado en Praga. La sonoridad de Steven Isserlis [en la foto], que siempre fue algo escasa, no anula su expresión musical apacible, madurada en la barrica de las suites de Bach, que ha tocado en una sola velada. Al inicio tuvo un problema de afinación, resuelto al punto, y conquistado un mayor equilibrio. Pero en el tiempo lento a veces se mostró algo alicaído; la estonia Tali quería darle vuelo a ese momento destacado, pero pareció como si sus reclamos no fueran siempre atendidos. Isserlis, eso sí, conserva la belleza del medium, cada vez que el arco recorre imperativamente esas notas. Después, ocurrió algo insólito. Cada vez más por encima del Cant dels ocells que ofreció como propina, empezó a oírse el vozarrón del bajo ensayando la segunda parte del concierto.

En ella, el aria famosa Se tu m´ ami, sigue a una tarantela y es pergolesiana coma por coma, pero el ballet con canciones Pulcinella no es ningún calco del autor italiano, sino más bien un puzle de sketches orquestado según un método peculiar. De métrica cambiante y huidiza, y líneas y timbres claros, su presunta objetividad no impide la proliferación de acentos repentinos salidos del cráneo feote y especulativo de Stravinsky, que inspiró a tutti quanti. A sus anchas, Tali mostró buen pulso, fluidez y vitalidad. Sin problemas de concertación, fue la imagen misma de alguien competente. Susana Cordón tuvo atractivos matices dieciochescos; el tenor Lozano es algo nasal, pero mima con cierto esmero la línea de canto. De pronto, se levantó Coca Loza, el bajo que casi sometió a unos pájaros, y que mostró buen material y saludables ganas de echar a cantar.