MADRID / Orquesta Sinfónica Freixenet: autenticidad, sentimiento y entusiasmo

MADRID / Orquesta Sinfónica Freixenet: autenticidad, sentimiento y entusiasmo

Madrid. Auditorio Nacional. 21-VI-2021. Patricia Cordero, violín. Alejandro Gómez Pareja, violonchelo. Orquesta Sinfónica Freixenet de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Director: David Afkham. Obras de Brahms y Schumann.

En uno de sus muchos y substanciosos escolios, el escritor y filósofo colombiano Nicolás Gómez Dávila decía que “la autenticidad del sentimiento depende de la claridad de la idea”. Si hay algo que pudimos vivir el pasado lunes en el Auditorio Nacional fue precisamente eso: claridad de ideas y, por ende, autenticidad de sentimientos. Dentro del ciclo de conciertos La Generación Ascendente de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, la Orquesta Sinfónica Freixenet, espléndidamente dirigida por el alemán David Afkham, puso el broche de oro al año académico desplegando una auténtica panoplia de ideas y sentimientos musicales que, aderezados con arrolladora energía y entusiasmo, hicieron las delicias del público madrileño. Y si clara y auténticamente sentimental fue la interpretación de la orquesta, no menos lo fue la magnífica ejecución de los dos jovencísimos solistas que intervinieron en la primera parte del recital: la violinista Patricia Cordero y el violonchelista Alejandro Gómez Pareja.

En el programa se confrontaron dos obras de dos compositores alemanes muy relacionados personalmente: el Concierto para violín, violonchelo y orquesta en La menor op. 102 de Johannes Brahms (1833-1897) y la Sinfonía nº 4 en Re menor op. 120 de Robert Schumann (1810-1856). Conocido es el vínculo que hubo entre el matrimonio Schumann, Robert y Clara, y el compositor de Hamburgo. De hecho, fue una frase que Schumann publicó el 28 de octubre de 1853 en la Neue Zeitschrift für Musik de Leipzig la que marcó y, en gran medida, cambió el destino del por aquel entonces veinteañero Johannes Brahms: “Destinado a dar expresión a los tiempos de la manera más alta e ideal”. Después de la muerte de Schumann en 1856, Brahms se convirtió en uno de los promotores de la música de quien había sido su ‘descubridor’ y mentor.

El doble concierto de Brahms se divide en tres movimientos: Allegro, Andante y Vivace non troppo. Como dijimos anteriormente la ejecución de Patricia Cordero y Alejandro Gómez Pareja fue magnífica. Amalgamados musicalmente con la orquesta, los diálogos entre el violín y el violonchelo fueron claros, sentimentales y estuvieron llenos de energía y pasión. El público lo agradeció con un gran aplauso, al que Patricia y Alejandro correspondieron con una inesperada y estupenda propina: el segundo movimiento del Duo para violín y violonchelo de Erwin Schulhoff (1894-1942). Si ya lo habían bordado con la interpretación del concierto de Brahms, con Schulhoff urdieron una filigrana juguetona con la que, por si había quedado alguna duda, demostraron su joven madurez musical y excepcional virtuosismo pletórico de entusiasmo.

Recogiendo el testigo de la tradición de beethoveniana, la sinfonía de Schumann consta de cuatro movimientos (Ziemlich langsam – Lebhaft, Romanze: Ziemlich langsam, Scherzo: Lebhaft y Langsam – Lebhaft) que se interpretan sin solución de continuidad, lo cual le da un carácter innovador que sirve de puente hacia una tradición sinfónica más moderna. David Afkham estuvo muy acertado con los tiempos y la transición entre los movimientos, haciendo un todo único muy conjuntado, que mantuvo un discurso musical coherente hasta el mismísimo acorde final. La orquesta respondió con virtuosismo, con mucha energía y un entusiasmo arrollador. El músico no traduce una visión en sonidos. Su visión se elabora en ellos. El músico descubre lo que quiere interpretar interpretándolo y la música es su victoriosa retórica. De la mano de David Afkham, la Orquesta Sinfónica Freixenet terminó la temporada victoriosa.