MADRID / OCRTVE: Una suite de ‘La Atlántida’ accidentada y una espléndida suite de ‘Elektra’

Madrid. Teatro Monumental. 14-V-2026. Orquesta Sinfónica y Coro RTVE; Coro de niños de la Comunidad de Madrid; Sonia de Munck, soprano; Maite Beaumont, mezzosoprano; Adam Kutny, barítono; Christoph König, director. Obras de Falla-Halffter y Strauss.
Ayer jueves, la OCRTVE y su titular Christoph König ofrecieron el penúltimo concierto de la temporada In crescendo. Hoy será el último, y también la última oportunidad de escuchar dos obras impresionantes: La Atlántida de Manuel de Falla y Ernesto Halffter —obra rara vez interpretada— y la Suite Elektra de Richard Strauss en el arreglo de Manfred Honeck y Tomáš Ille. Fue un excelente recital con incidente incluido —ajeno a los músicos— que desvirtuó un tanto la interpretación de la Suite de La Atlántida’. Vayamos por partes.
La composición de la cantata La Atlántida estuvo llena de incidentes desde el momento en que se concibió. Falla no logró llevarla a buen puerto. A su muerte en Alta Gracia (Argentina) en 1946, la obra quedó inconclusa: había pasajes completos, con la parte vocal y orquestal, pero de otros solo quedaba la parte vocal con acompañamiento de piano y el resto solo eran bosquejos e ideas musicales apenas apuntadas y sin desarrollar. Falla había empezado a componerla veinte años antes, en 1927, y tuvo en algún momento la intención de terminarla para la Exposición Internacional de Barcelona o la Exposición Iberoamericana de Sevilla que se celebrarían en 1929. No pudo ser. Falla pasó las dos últimas décadas de su vida intentando escribirla, pero no lo logró.
La obsesión de Falla por La Atlántida comenzó en la infancia. Leyó el poema épico que mosén Jacinto Verdaguer (1845-1902) había publicado en catalán, en 1877. En 1874 —aún no había nacido Falla—, a los 28 años de edad, Verdaguer entró como sacerdote en la Compañía Trasatlántica de Antonio López y López, a quien Alfonso XII le concedería el título nobiliario de marqués de Comillas cuatro años más tarde, en 1878. Jacinto Verdaguer se pasó dos años cruzando el Atlántico, de España a Cuba y de Cuba a España. En el buque Ciudad Condal, de regreso a España en 1876 —casi a la par que nacía Falla—, termina de escribir el poema La Atlàntida. Cincuentiún años más tarde, basándose en el poema de Verdaguer, Falla emprendió la composición de la cantata que apenas se interpreta actualmente y quizás con razón: no es fácil ni de escuchar ni de interpretar.
No nos engañemos, sin la figura del compositor madrileño Ernesto Halffter, muy probablemente, La Atlántida de Falla jamás hubiera visto la luz. Halffter, discípulo dilecto de Falla, pasó buena parte de su vida terminando de componer la cantata. Desde que Falla muere en 1946 hasta el año 1976 en que Ernesto Halffter presentó la versión definitiva de La Atlántida, pasaron treinta años —más de los que el propio Falla dedicó a componer la cantata—. Fueron los herederos de Falla quienes encargaron al compositor madrileño la conclusión de esta cantata catedralicia. Y para él fue un esfuerzo sobrehumano que llegó a privarle de la realización de otros proyectos personales. Así que, en buena ley, La Atlántida es tanto de Falla como de Ernesto Halffter, y así hay que reconocerlo y proclamarlo.
Fue Halffter quien preparó una versión de concierto que se estrenó en el Teatro del Liceo de Barcelona el 24 de noviembre de 1961 con la soprano Victoria de los Ángeles y que fue dirigida por otro gran compositor español del siglo XX: Eduardo Toldrá. Al año siguiente, concretamente el 18 de junio de 1962, se estrenó la versión escénica en el Teatro alla Scala de Milán, bajo la dirección del estadounidense Thomas Schippers. Sin embargo, la versión «definitiva» no llegó hasta 1976, estrenándose en el Festival de Lucerna el 9 de septiembre de 1976 bajo la batuta del toresano Jesús López Cobos.
Ayer, los profesores de la OCRTVE, acompañados de un elenco nada desdeñable —el Coro de Niños de la Comunidad de Madrid, la soprano madrileña Sonia Munck, la mezzosoprano pamplonesa Maite Beaumont y el barítono posniano Adam Kutny— y dirigidos por el maestro König, interpretaron una suite reducida de esta cantata catedralicia. Hay que mencionar aquí también al director de orquesta burgalés Rafael Frühbeck de Burgos, quien en 1977 elaboró la suite bajo la supervisión de Ernesto Halffter.
Ya dijimos al comienzo que hubo un incidente —y no nos referimos a los fallos que hubo en la proyección de los subtítulos sobre el foro del escenario—. Ya bien mediada la interpretación de la obra comenzó a sonar la alarma contraincendios del Teatro Monumental. El maestro König tuvo que parar la interpretación y parte de los músicos —y del público— comenzaron la evacuación, aunque inmediatamente la subdelegada artística de la OCRTVE Estefanía García desde el anfiteatro y la coordinadora Ana Borrego desde el patio de butacas conminaron a todo el mundo a permanecer sentados porque había sido una falsa alarma. Así también se anunció por megafonía. Tras unos minutos de «desconcierto» se reanudó la interpretación que hasta el momento había sido excelente, sobre todo las intervenciones de la mezzo Maite Beaumont —un timbre bellísimo muy bien proyectado— quien cantó desde el centro del escenario y en uno de los laterales. El maestro König resolvió muy eficazmente la complejidad de esta obra. El coro infantil, cuyas intervenciones en la obra entrañan bastante dificultad— comenzó cantando desde el fondo del patio de butacas, alejado del escenario. Posteriormente se incorporaría en uno de los laterales del escenario. También muy lírica y aterciopelada fue la interpretación de Sonia de Munck en el papel de Isabel La Católica. Por supuesto, los profesores del coro RTVE estuvieron a la altura: muy buena interpretación. Al final, el público lo agradeció con un largo aplauso. Cabe, sin embargo, hacer un comentario: falla algo en la suite de Falla. Y quizás lo que falle es que no es una obra propiamente de Falla por mucho que su filosofía y profunda religiosidad estén presentes. No obstante, es de agradecer que el maestro König y la OCRTVE quisieran difundir esta música tan poco interpretada justo en el año en que se cumplen 150 y 80 años del nacimiento y muerte de Falla, respectivamente. Hoy viernes habrá ocasión de escucharla una última vez y quizás sin interrupciones.
Tras el descanso llegó otra obra fabulosa que, sin duda, eclipsó a La Atlántida de Halffter-Falla: la Suite ‘Elektra’. Richard Strauss compuso la música de la ópera Elektra entre 1906 y 1908 —casi dos décadas antes de que Falla abordara La Atlántida— basándose en la versión que el poeta y dramaturgo Hugo von Hofmannsthal hizo de la tragedia griega homónima de Sófocles. Fue la primera colaboración entre Strauss y Hofmannsthal. Entre ambos escribirían cinco óperas más: El caballero de la rosa (1909-1910), Ariadna en Naxos (1911), La leyenda de José (1912), La mujer sin sombra (1913-1915), La Helena egipcia (1923-1926) y Arabella (1927-1929).
El arreglo de esta suite sinfónica hecho en 2016 por el director de orquesta austriaco Manfred Honeck —director musical de la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh— y el compositor checo Tomáš Ille es muy lucido, está muy bien hecho. Está construida en un único movimiento de unos 35 minutos de duración. La partitura recoge momentos musicales, no siempre cronológicamente, de la ópera de Strauss. La lectura del maestro König ensalzó la abrumadora riqueza sonora del lenguaje de Strauss. Los profesores de la orquesta mostraron un gran virtuosismo, logrando una interpretación incisiva, tremendamente romántica, poniendo de relieve la abrasadora emoción visceral y arrolladora pasión de uno de los grandes personajes de la ópera: Elektra. El maestro König dirigió sin batuta todo el concierto, pero su gesto destacó en la obra de Strauss. Cabe mencionar el magnífico solo de violín de la concertino Yulia Iglinova. La orquesta estuvo muy bien equilibrada —cuerdas precisas y afinadas, metales potentes y sin estridencias, percusión estupenda— y la interpretación fue un espléndido, magnífico cierre de temporada para Christoph König, cuya titularidad termina esta semana. Es una lástima que Elektra eclipsara a La Atlántida, pero así fue. König y los músicos se fundieron en una memorable e inspiradora interpretación de Strauss.
Michael Thallium


