MADRID, OCRTVE / La ‘Novena’ de Beethoven con un coro y una orquesta espectaculares

Madrid. Teatro Monumental. 26-IV-2024. Orquesta Sinfónica y Coro RTVE; Siobhan Stagg, soprano; Anke Vondung, contralto; Steve Davislim, tenor; Hanno Müller-Brachmann, barítono; Christoph König, director. Beethoven: Sinfonía n.9 en Re menor, op. 125
El final de temporada del Coro RTVE está siendo espectacular. Hace apenas dos semanas, con el director Marco Antonio García de Paz al frente, el Coro RTVE ofreció una extraordinaria e inefable interpretación de Un réquiem alemán de Johannes Brahms. Fue una versión en un arreglo de Heinrich Poos para dos pianos, timbales y coro. Ángel Huidobro Vega y Jesús Campo Ibáñez estuvieron al piano —¡qué musicalidad, por cierto, la de Jesús Campo!— y Carlos Jiménez a los timbales. Esa interpretación tal vez sea lo mejor que ha hecho el coro en toda la temporada, y se lo dice alguien que, precisamente, no siente una especial querencia por la música de Brahms. Anoche, ante un Teatro Monumental lleno hasta la bandera, el coro volvió a triunfar junto con la orquesta en la Sinfonía n.º 9 en Re menor, op. 125 de Beethoven. El artífice de esta fabulosa interpretación que conmemora el bicentenario del estreno de la Novena fue el director titular de la OCRTVE, Christoph König, que contó como solistas vocales con la soprano australiana Siobhan Stagg —la mejor de los cuatro solistas—, la contralto alemana Anke Vondung, el tenor australiano Steve Davislim y el barítono alemán Hanno Müller-Brachmann.
König realizó una lectura cautivadora y la orquesta respondió con una interpretación fascinante, llena de energía y lirismo. El sonido de las cuerdas fue sólido y conjuntado —excepcionales los violonchelos y contrabajos- y los diálogos entre violines primeros y segundos en sus distintas combinaciones con las violas fueron claros y vívidos. La sección de trompas, magnífica: Manuel Fernández y José Chanza tuvieron momentos inolvidables, de una factura musical exquisita. El timbalero Rafael Mas aportó esa base percusiva precisa e imprescindible que marcó la diferencia. Los fagotes, oboes, flautas y clarinetes, soberbios. No se cansará uno de alabar al clarinetista Javier Martínez, que da igual lo que toque, porque siempre descolla. A lo largo de los tres primeros movimientos, la orquesta brindó una interpretación sobresaliente, de conjunto cohesionado y que disfruta tocando. Tal vez en el tercero se echó en falta algo más de lirismo, pero la ejecución de ese Adagio molto e cantabile fue una impecable antesala para al esperado cuarto.

Si magnífica fue la interpretación instrumental, cuando en el Finale se unieron el coro y los solistas, llegó la apoteosis sonora. El barítono Hanno Müller-Brachmann abrió la parte vocal con una voz bien proyectada que corría bien por la sala, aunque dio la impresión de apagarse a lo largo del movimiento. A quien más se pudo escuchar, merced a la potencia de su voz, fue a la soprano Siobhan Stagg. Durante todo este cuarto movimiento, Christoph König mantuvo la tensión controlando los silencios y las entradas de los tutti y los tempi, con un coro muy potente. Cuando llegó el final, el público inmediatamente prorrumpió en un fuerte y entusiasta aplauso que terminó convirtiéndose en una ovación, sobre todo para el coro, preparado para la ocasión por Igor Ijurra, director del Orfeón Pamplonés.
Este concierto hubiera sido el perfecto cierre de temporada —aún queda uno en mayo, que dirigirá König—, por la calidad de la interpretación y también por el emotivo momento que se vivió cuando salieron a saludar al escenario todas esas personas cuya labor pasa inadvertida, pero que es imprescindible para que los conciertos se desarrollen bien: acomodadores, conserjes, seguridad, taquilleros… Fueron muy aplaudidos por el público. Allí estaba, por ejemplo, Antonio, una de las personas que siempre está a la puerta del teatro con una sonrisa y gran amabilidad, controlando las entradas e indicando al público hacia donde dirigirse. Así terminó la noche, con parte del público del anfiteatro en pie y una gran ovación cada vez que saludaba el coro.
Michael Thallium


