MADRID / OCRTVE: Gala de ópera y cierre de temporada en lo alto

Madrid. Teatro Monumental. 16-V-2025. Orquesta Sinfónica RTVE; Ferrán Albrich bartítono; Christoph König director. Obras de Wagner, Borodin y Verdi.
Uno nunca sabe cuál será el último invierno de su vida. Y eso, tan obvio, dicho así, puede resultar hasta poético, porque nadie se muere pensando que tal o cual será el último verano de su vida. Y muchos mueren en la primavera de sus días y algunos apenas llegan a ver el amanecer de la infancia. La mayoría vivimos en el otoño, ese otoño que precede al invierno cuya ultimidad quizás intuimos pero que siempre ignoramos. Tampoco sabemos cuál será la última música que escuchemos o el último concierto que aplaudamos o cuándo caerá el telón por última vez. No lo sabemos, aunque sí que sabemos cuándo será el último concierto de la temporada, ese último concierto que año tras año cierra la programación y el trabajo de las orquestas que, en el caso de la Orquesta y Coro RTVE (OCRTVE), lleva sucediendo desde hace casi sesenta años.
La semana pasada, el jueves y el viernes fueron los dos últimos conciertos de la temporada de abono Sinfónico, y quien suscribe acudió a los dos por una razón de peso: en el segundo de ellos, el del viernes, se rindió homenaje a los maestros Miguel Ángel Gómez Martínez, fallecido en agosto de 2024, y a Enrique García Asensio nombrándoles directores honorarios. Así comenzó el recital del viernes, con unos breves vídeos que resumían el paso de ambos maestros por la OCRTVE: Gómez Martinez (titular en dos ocasiones, de 1984 a 1987 y entre 2016 y 2019) y García Asensio (titular entre 1966 y 1984, ¡dieciocho años nada más y nada menos!). La entrega de distinciones la hizo el gerente de la OCRTVE, Manuel Ventero. La viuda de Miguel Ángel Goméz Martínez, Alessandra Ruiz-Zúñiga Macías, recogió la estatuilla y pronunció unas palabras en recuerdo de su marido señalando al cielo del Teatro Monumental arropada por el aplauso del público. Seguidamente subió al escenario el maestro García Asensio, quien habló con el trago de la emoción entrecortándole las palabras en la garganta, ¡quién sabe si intuyendo el último invierno! El público le reconoció su labor de tantos años con un emocionado y caluroso aplauso. Tras ese sentido homenaje comenzó el recital que iba a ser una gala de coros de ópera en cuyo programa —muy bien ideado y equilibrado, por cierto— había obras de Richard Wagner, Alexander Borodin y Giuseppe Verdi.
En la primera parte, una combinación de ópera alemana e italiana, se interpretaron la Obertura de Los maestros cantores de Nuremberg, el famoso Coro nupcial Treulig geführt de Lohengrin, el Coro de invitados Freudig begrüssen wir die edle Halle de Tannhäuser —todas obras de Wagner—, la Obertura de La forza del destino, el Coro de gitanas Noi siamo zingarelle y matadores Di Madride noi siam mattadori y el archiconocido Va pensiero de Verdi; en la segunda, las impresionantes Danzas polovtsianas de El príncipe Igor de Borodin, la Obertura de El holandés errante y el Coro de las hilanderas Summ und brumm, el excelso Coro de los peregrinos Beglückt darf nun dich de Tannhäuser y el Final del Acto III Verachtet mir die Meister nicht… Ehrt eure deutschen Meister de Los maestros cantores de Núremberg.
Permítanle a un servidor hacer una aclaración. Ambas galas, tanto jueves como viernes, estuvieron magníficamente interpretadas y tuvieron el aforo completo del Teatro Monumental. Sí que hubo una diferencia substancial en el modo en que uno experimenta la música en vivo: el público del jueves —habitualmente ese es el día de menor afluencia— fue bastante más caluroso y entusiasta que el del viernes. Tanto es así, que la clamorosa ovación final al terminar la gala hizo que la orquesta prácticamente se viera «obligada» a ofrecer un bis —cosa que no sucedió el viernes—, el Va pensiero de Verdi, que en absoluto estaba preparado, porque la configuración de la orquesta había cambiado ligeramente respecto a la de la primera parte de la gala. Así que sí, el público también influye en la percepción de la música. El del jueves estuvo entregado a la orquesta; el del viernes, más frío, aunque también hubo ovación final.
Dijimos más arriba que el programa de la gala estaba muy bien ideado y equilibrado. Sí, el maestro Christoph König acertó al combinar música instrumental —las oberturas— con distintas combinaciones corales (coro mixto, coro femenino, y coro masculino) y al proponer obras muy conocidas con otras menos conocidas. Y el acierto no solo se circunscribe a las dos galas de marras, sino también a los conciertos de la semana anterior en los que la OCRTVE hizo unas espléndidas interpretaciones de la Sinfonía nº 45 «Adioses» de Joseph Haydn y de la Sinfonía nº 2 op. 52 «Himno de alabanza» de Felix Mendelssohn. Así que las dos últimas semanas de la temporada dirigidas por el titular de la OCRTVE han sido de factura impecable.
La orquesta estuvo conjuntadísima en la Obertura de Los maestros cantores de Núremberg. Equilibrio entre los metales y las cuerdas, sonido profundo y controlado. El Treulig geführt de Lohengrin abrió el camino para que el coro se convirtiera en el protagonista de la gala. De la interpretación del Coro de invitados de Tannhäuser cabe destacar la fanfarria de tres trompetas encabezada por el profesor Germán Asensi. Los trompetistas se colocaron arriba, en el anfiteatro, separados de la orquesta, lo cual dio un color especial a la obra, muy bien interpretada por el coro y la orquesta. Hubo tres momentos estelares de la gala —sin menoscabo de las estupendas interpretaciones del Coro de gitanas y matadores, con las intervenciones de la mezzosoprano Ekaterina Antipova y el barítono Esteban Serrano, y del Coro de las hilanderas con la intervención de la contralto Alla Zaikina—: el primero de ellos la soberbia interpretación de las Danzas polovtsianas de Borodin donde la orquesta y el coro mostraron toda su energía y pulmón; luego la preciosa, emocionante, delicada, sublime, casi sagrada —como unos versos del poeta arcense Pedro Sevilla— interpretación del Coro de los peregrinos por parte de la sección masculina —la noche del jueves fue de lo más aplaudido— y, por último, el acto final de Los maestros cantores de Núremberg donde el barítono Ferrán Albrich demostró su poderío vocal con una voz que corrió potente por el teatro, muy bien acompañado por una orquesta y coro amalgamados. En la gala no faltaron, por supuesto, las sobresalientes individualidades del clarinetista Javier Martínez —quien ha hecho una temporada sobresaliente—, de Carlos Alonso al corno inglés, de José Chanza, Vicent Puertos y Manuel Fernández a las trompas, de Ximo Vicedo al trombón, de Eva María Álvarez al flautín y la labor precisa de Rafael Más a los timbales y de Raúl Benavent a la percusión… Y todo eso con la carismática labor de Yulia Iglinova como concertino.
El público ovacionó a la OCRTVE —más fervorosamente el jueves que el viernes— con el titular Christoph König y el director del coro Mark Korovitz en el escenario dando protagonismo a los profesores de la orquesta y el coro que han cerrado la temporada en lo alto. Y aquí se queda uno en el otoño privilegiado de sus días, a la espera de la nueva temporada In crescendo, sin saber cuál será el último invierno, pero con el ánimo de vivir cada uno de los que vengan como si fuera el último y el primero.
Michael Thallium


